Mi querido viejo; cómo ajustarnos a una etapa distinta, sin perder la sonrisa

Paco Colmenares Prado, Jefe de comunicación, Koncientizando, A. C

Que nuestros amigos envejezcan no es un tema del que nos encante hablar, pero es el único de probada utilidad para absolutamente todo tutor, responsable, dueño o papá de un animalito.

No, no queremos hablar de la vejez, porque creemos que es el preámbulo obligado de las despedidas, y hablar de eso cuando se trata de un amor tan claro, tan puro, tan sencillo… mejor ni lo imaginamos. Pero no. No es tal preámbulo ni amenaza de nada: como veremos, esa tercera etapa, tercera edad, madurez o vejez, puede ser un proceso de muchos años felices y aún bastantes historias que contar.

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He pasado por varias de ellas en nuestra familia interespecie, y de todas he aprendido lecciones valiosas que me han hecho mejorar en la siguiente, por lo que espero te aporten una perspectiva nueva en este ciclo.

Aprendiendo a vivir el momento

Primero que nada, la vejez rara vez llega de golpe. Puede que lo sientas así, pero no es frecuente. La mayor parte de las veces sólo verás las señales, por ser cambios paulatinos y a cuentagotas, o esperas que sean otra cosa, signos de algo pasajero o bajones anímicos por el entorno.

Por eso parece un tanto innecesario tratar de hallar el punto en que comienza su vejez. Es mejor comprendas que, después de cierta edad, aproveches lo bien que lo conoces para ir ajustando tu vida a su ritmo, a sus fuerzas, a sus cambios.

Muchos ven a sus perros viejitos desde el ángulo de que ya no juegan. Yo los veo como los hermanos sabios o los abuelos inteligentes de la familia que ya jugaron su papel, nos cuidaron y protegieron a su manera, ya fueron las risas que necesitábamos con sus brincos, carreras y caídas, y ahora merecen hacer lo que quieran, que además nos provocará más sonrisas.

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La edad en los gatos

En lo gatos, es más común saber que la vejez golpea de manera intempestiva. Con ellos, suele haber una mayor “tardanza” al identificar todas estas etapas, porque algunos desarrollan más temple ante el dolor, y su evolución más apegada a un exitoso cazador solitario les obliga a esconder de manera natural los dolores y el deterioro orgánico.

Es decir, si les duele, no es tan evidente. Se mueven menos, claro, y eso podría ser señal suficiente para un bicho activo y divertido, pero cuando se trata de un geronte, quizá la diferencia entre sus 14 horas que duerme y reposa al día, contra 16 o 17, es más difícil de notar.

La preocupación más clara y seria que debes tener en mente es la salud. Pero como un buen amigo médico me dijo: “La vejez no es una enfermedad”. Con revisiones constantes, cada tres o seis meses después de alcanzar la madurez, seguro lo tendrás bien monitoreado y nada te sorprenderá; cada modificación implicará sólo un ajuste menor en la vida de todos.

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Ajustando a una vejez feliz

¿Insiste en hacer cosas que ya no logra con la misma facilidad?

Él no sabe lo que está pasando, por lo que su rol y ganas de aportarle a tu vida, siempre serán más grandes que lo que su cuerpo puede dar. Es como un guardia, un soldado o un policía completamente entregado a su deber, y aunque haya otros que puedan hacer su trabajo, lo seguirá intentando hasta su último día.

¡Y está bien! Negárselo no es bueno. Si aún le gusta pasear, háganlo. Que tome la actitud que siempre ha tomado en el paseo, pero considera que no tendrá la misma capacidad de reacción si sube a una barda, camina por el borde de una banqueta alta, o tiene que sortear un obstáculo. Que ladre ante ruidos inesperados (si le has permitido ser tu alarma), pero no dejes que se altere demasiado si el motivo del ladrido se mantiene mucho tiempo.

¿Le gustaba subir a la cama o al sillón?

Muy bien, ahora haz que le sea más fácil, poniendo un pequeño sillón a un lado, más bajo que la cama, a manera de escalón, o quita las patas de la base, para restarle un poco de esfuerzo.

Te confieso algo: para las dos etapas de vejez más claras, nosotros incluso decidimos dormir con el colchón en el piso, para que no hicieran demasiado esfuerzo sus últimos años.

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¿La vista le está fallando un tanto?

Recuerda que tiene mucho más que un sentido y extrañará menos cuando alguno le falle, porque los demás son excelentes. Un perro con menor visión, o incluso ciego, es igual de feliz que uno con visión completa, sólo es un poco menos hábil ante las cosas nuevas.

Si es tu caso, piensa en un acomodo de muebles que no debas mover mucho o nada durante un cierto tiempo, y elimina o protege las esquinas puntiagudas de los que estén a la altura de sus ojos.

Así, notarás que casi sin vista, perros y gatos se mueven por su hogar como si nada, gracias a la fuerza de su memoria, olfato y percepción táctil de la proximidad de las cosas.

¿Comparte paseos con hermanos más jóvenes?

No pasa nada, sólo considera como un regalo especial, cada que te sea posible, hacer paseos sólo con él o los viejitos por separado. Que los jóvenes corran más, jueguen y aceleren, pero que el paseo de los mayores sea calmado y reflexivo, ¡te servirá a ti también para filosofar y relajarte después de un día de estrés!

Acompáñate con él para tareas tranquilas, como esperarte mientras compras algo, o ir por un helado y sentarte en su compañía, más relajada y con menos preocupaciones.

¿Tiene signos y problemitas de salud que antes no tenía?

Es normal, como nos pasa a todos. Piensa en cómo ha ido cambiando tu propio organismo: a cierta edad ya no quieres ni procesas igual la misma cantidad de picante, hielo, bebidas con gas, azúcar o café. Lo mismo le pasa a él.

Ajusta su dieta, incluso considera comprarle alimento especial. Hay dos etapas en donde vale mucho la pena invertir en la calidad del alimento: en cachorros (para su crecimiento), y cuando son mayores, para reducirles problemas digestivos.

Así será esta etapa, más sencilla en tanto hagas ajustes más pequeños, más frecuentes, en lugar de cerrar los ojos al paso del tiempo, y de repente descubrir que hay muchas cosas nuevas y consecuencias de esa negación.

Por todos los años que cumplió su cometido, que se levantó en cuanto llegabas, que movió la cola o ronroneó al verte estresado, que te hizo reír con sus locuras de jovencito… por todo lo que te ha aportado de felicidad, ahora le toca a él que pongas un extra para que el resto se trate de ser feliz y sin preocupaciones.

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