Estomatitis felina, ¡cuida su sonrisa!

MVZ Cristina Oralia Carranza Turcio

La estomatitis se refiere a que ataca el estoma, es decir, todos los tejidos blandos de la boca y más que un signo clínico, es una enfermedad inmunomediada.

En estos casos, el cuerpo rechaza a los dientes como si se tratase de un objeto extraño produciendo una reacción inflamatoria periférica a los mismos, atacando el tejido de soporte del diente, lo que puede provocar la pérdida de piezas dentales.

Hay muchos tratamientos que se sugieren para esta enfermedad, y uno de los más comunes, aunque equivocados, es la extracción de las piezas dentales. Aquí, como cualquier enfermedad inmunomediada se debe atacar a la enfermedad de raíz, de otra manera, estaríamos quitándole todos los linfonodos o todos los órganos linfoides a cualquier paciente con lupus, pénfigo o cualquier otra enfermedad de este tipo.

El diagnóstico

Lo principal para un diagnóstico acertado es descartar, de inicio, alguna enfermedad infecciosa asociada, como el calicivirus o la leucemia viral felina. Una vez seguros, y apoyados de un perfil bioquímico completo, hemograma y urianálisis, podemos llegar a la conclusión de una enfermedad inmunomediada.

En algunas ocasiones va a ser necesaria la inmunohistoquímica o histopatología, aunque hablando de felinos, es una de las situaciones que más se complica por el tamaño de la cavidad, pero si es posible, se sugiere que se haga a manera de confirmación. Una vez que se tiene el diagnóstico, se trata como cualquier enfermedad. El fármaco de arranque van a ser esteroides.

En gatos, la literatura menciona que se sugiere más la prednisona como medicamento de elección, sin embargo, la medicación en ellos es un poco difícil por manejo, estrés que representa y porque es un tratamiento que será durante mucho tiempo. Ante esto, mi elección es la dosis mínima efectiva de un esteriode de depósito, o sea, una pequeña inyección que libera el medicamento a lo largo de un periodo de tiempo, en este caso, más o menos serán 40 mg cada 14 días.

Al ser una enfermedad inmunomediada no tiene prevención, lo importante es la detección temprana.

Medicamentos y control

Ya controlada la parte inflamatoria, podemos comenzar a espaciar el tiempo de aplicación del medicamento a 21 días y continuar a dosis respuesta, es decir, si el gato está estable por 4 o 5 aplicaciones, podemos espaciar a 28 días, y de esta manera encontrar un equilibrio entre la frecuencia y la dosis mínima efectiva para cada caso.

Esta enfermedad tiene un buen pronóstico una vez que es detectada a tiempo y con un manejo adecuado. Dependerá en gran medida de la puntualidad tanto del médico como del propietario, asistir a revisiones e informar todos los cambios favorables y desfavorables, para que el tratamiento tenga éxito.

La pérdida de los incisivos es casi segura, pues el tejido atacado es el más pequeño durante las primeras etapas de la enfermedad, y difícilmente los propietarios se van a dar cuenta ante los primeros signos. Afortunadamente y con la alimentación que llevan los gatos domésticos, estos dientes son los que menos usan, los importantes para conservar su calidad de vida y a manera de defensa, son los molares y caninos.

A la par del tratamiento médico, la higiene bucal en casa es de suma importancia. En estos casos, hay que evitar a toda costa el cepillado de dientes, dado que es una agresión para los tejidos que aún están sensibles e inflamados. Lo ideal son limpiezas con gel de clorhexidina o soluciones de bicarbonato de sodio para hacerlas a presión, con una jeringa sin la punta de la aguja.

Por último, las revisiones periódicas con hemograma son vitales para el monitoreo, por el uso de medicamentos que puedan causar disminución del sistema inmunológico.

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