Top 5: Los máximos tesoros mexicanos

Manatí

Este simpático Sirenio, vive en aguas costeras poco profundas, y ha sido el probable responsable de mitos y leyendas sobre hombres acuáticos desde los relatos mayas, por la calidez de su gesto, la forma en que frecuentemente flotan en vertical o cómo abrazan a sus crías.

Son conocidos ampliamente por su docilidad y falta de alarma ante los posibles depredadores. De esa característica también brotó el nombre “Vaca Marina”, por la cantidad de hierba que ingería, el tiempo que pasa comiendo y la poca disposición a huir. Hay quienes lo ven como un pariente lejano de las focas o las morsas, por sus grandes aletas o sus cuerpo rechoncho terminado en un cola delgada, pero en realidad no tiene nada que ver con los pinnípedos, y asombrosamente, su familiar más cercano sobre la tierra, son los elefantes.

Tapir

Es un Perisodáctilo de la familia Tapiridae, en donde todos los primos son sumamente parecidos. Se halla con facilidad en las selvas del sureste mexicano, cuna de algunas de las grandes joyas de la corona biológica mexicana.

Si se observa por pequeños tramos, pareciera un armado de otros animales, con una trompa corta, al estilo de los osos hormigueros, cuerpo redondo como cerdo, pero de cadera elevada como si fuera un poni. Si buscas sus pies esperando una pezuña de bovino, encontrarás cuatro dedos, parecidos a los de un rinoceronte, con quien también comparte las orejas y el que de hecho, es su pariente más cercano.

Quetzal

Musa del los poetas prehispánicos, canto inspirador y testigo de la creación del mundo, a decir de los antiguos habitantes de nuestro país, esta ave pertenece a la familia de los Trogones y sin duda posee un plumaje digno de reyes, admirado en todo el mundo. Para uno de nuestros vecinos del sur, Guatemala -algún día parte de México-, el Quetzal es su ave insignia, presente en su escudo e inmortalizado como su moneda nacional.

A excepción de la época de apareamiento, el Quetzal es solitario, y como tal, luce como una joya engarzada en las ramas de los árboles del sureste mexicano.

Falso vampiro

Debido a su tamaño y aspecto, el Falso Vampiro pareciera ser una de las especies depredadoras más temibles de los aires, pero como muchas leyendas, sólo hace uso de esa imagen, pues en realidad no es un animal al que se le deba temer… a menos, claro, que tú seas un roedor o un ave pequeña.

El juego de nombres ha llevado siempre a la confusión. El verdadero Murciélago Vampiro, pertenece al género Desmodus, y se caracteriza por alimentarse parasitariamente de la sangre de otros mamíferos mayores, abriendo su piel casi sin que estos se enteren (y causando muy pocos daños); mientras este Falso Vampiro, sólo caza mamíferos medianos o menores (incluyendo otros murciélagos), aves pequeñas, anfibios o reptiles.

Mayate

Uno de sus nombres más antiguos y conocidos es el que proviene del náhuatl Máyatl, pero es un escarabajo de la subfamilia Cetoniinae, comúnmente llamado Escarabajos de las Flores, ya que muchos de ellos alimentan de polen, néctar o pétalos. Los adultos pueden alcanzar entre 3 y 4 centímetros de longitud, lo que es mucho en la familia Scarabaeidae.

Su color verde brillante en la parte superior y verde iridiscente en los costados, hacen que no pase desapercibido durante los días soleados. En el aire se convierten en joyas titilantes, acompasadas por uno de los zumbidos más fuertes entre los coleópteros.

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