Lecciones para tu perro petit (y para ti)

Shaytán Pajiv Villaprez Cannegro, Entrenador y educador canino. Proyecto Symbiosis 39.23

Los perros de talla pequeña son muy populares, ya sea porque son más económicos de mantener, pueden vivir cómodamente en un departamento, o su apariencia es muy simpática. Incluso despiertan un fuerte instinto de protección, o se cree que son “aptos para niños” (por su tamaño). Son una de las opciones más socorridas por quien busca un compañero canino.

Perros al tamaño de nuestro capricho

Ciertas razas mini tuvieron su origen en el desempeño de una función específica. En el Yorkshire, era la caza de ratas y ratones (provocaban desastres en las reservas de granos o en las plantaciones). Se fomentó en ellos un temperamento voluntarioso que encontraba su válvula de escape en la cacería y permitía que mantuvieran un equilibrio emocional.

Pero con los años fueron retirados de sus tareas en el campo y los llevaron a las ciudades como una especie de accesorio que brindaba estatus; ya no tuvieron acceso al desahogo de sus impulsos e instintos y empezaron a ser sobreprotegidos.

Pequeños (y sobreprotegidos)

Son chicos sólo en tamaño. Pero su esencia, impulsos, instintos, forma de comunicarse, capacidad cognitiva, ADN, son iguales que cualquier otro can. Todos son perros, y tienen derecho a las mismas libertades y a aprender las pautas de convivencia tanto con su familia humana como con sus pares.

Erróneamente se cree que deben ser protegidos de todo y de todos, pero el aislamiento sólo crea perritos con profundas deficiencias en sus habilidades sociales, las cuales encuentran su raíz en el miedo, ya que ante todo estímulo que no fue experimentado de cachorros, su psique responderá con temor, y esto provocará que prefieran huir en vez de curiosear. Y si no pueden huir, entonces sólo les resta agredir para defenderse de lo que considera una amenaza.

¿Y por qué tiene miedo?

Aquí te va un ejercicio: acuéstate boca abajo sobre el suelo, y a ese nivel muévete por tu casa; verás que luce muy distinta Pide a alguien que se ponga frente a ti y se agache a acariciar tu cabeza; háganlo de nuevo, pero ahora deberá acercarse corriendo y gritando. Pídele que pase caminando justo frente a ti, y si hay algún perro mediano o grande al alcance, convive unos minutos con él desde esa posición.

El mundo a esa altura impone, ¿cierto? Esta experiencia te tomará sólo unos minutos, pero para tu pequeño eso es todos los días. Después de este ejercicio debería ser menos difícil comprender por qué es tan fácil volverse temeroso y por qué incluso siente la necesidad de recurrir a la agresión.

¿Qué puedes hacer?

Socialízalo. Con las mismas medidas de seguridad que con cualquier perro, haz que conozca cosas, ruidos, gente (adultos y niños), canes de todos tamaños (supervisa sin sobreproteger). En casa, que su cama o transportadora esté cubierta: son como madrigueras y naturalmente se sentirá seguro y cómodo.

Al encontrarte con un peludo sociable en los paseos, permítele al tuyo convivir con él. Mucho del miedo que desarrolla se debe al que tú mismo expresas y transmites, y a todas las barbaridades que –inconscientemente- haces en ese momento: jalarlo, levantarlo rápido con la correa (lo ahorcas), cargarlo bruscamente. ¡Controla tus emociones! Es muy importante que pase la mayor parte del tiempo en el suelo, no en tus brazos: deja que explore, que camine; un exceso de brazos le crea inseguridad. Siéntate en el piso y juega con él.

Los niños, ¿amigos o enemigos?

Desgraciadamente suelen recibir perros en calidad de juguetes vivos, y la manipulación descuidada podría culminar en que los canitos no quieran tener nada que ver con ellos. Insistir en lo contrario termina en un perro asustado y un niño mordido. Es tu obligación como adulto educar en respetar y tratar con gentileza a cualquier especie, más aún si es especialmente frágil.

Buscan ir tras el animalito, pero debes enseñarles (por ejemplo, con el ejercicio anterior) a ser agradables en su trato y a respetar pacientemente a que sea él quien inicie el contacto. Siéntate con el niño en el piso y compartan con él ricos premios, esto ayudará a que tome la iniciativa de acercarse. Una vez que establezca contacto físico, enséñale a cargarlo con cuidado y acariciarlo suavemente, evitando cabeza y patas. Importante: no lo cansen para que no pierda el deseo de contacto.

Tu perrito mini no tiene por qué encajar en el estereotipo de ser un manojo de nervios mordedor. Ayúdale a ser confiado y no lo sobreprotejas. El amor también es respetar su libertad y su naturaleza. Y no hay necesidad de vivir con miedo cuando se puede ser feliz.

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