Cómo premiar (y corregir) a tu can

Dra. Claudia Edwards Patiño, Humane Society International México FMVZ – UNAM

Tu perro posee un instinto natural de pertenecer a un grupo, el cual tiene un líder. Como tutor debes ser ese líder y tener el control bajo cualquier situación. Pero debes ver también las cosas desde su perspectiva. Al introducirlo a la sociedad humana, establece límites y normas de convivencia que lo ayuden a que se adapte. Es decir, primero le enseñarás lo que esperas de él.

La perspectiva de tu perro

Él no sabe lo que está bien o mal según las normas humanas, por eso simples acciones naturales, como buscar algo con qué entretenerse, hacer sus necesidades o buscar un refugio para el calor, no las hace a propósito, sino son conductas de su especie normales que quizá no entiendas o interpretes de mala manera.

¿Cómo aprende tu perro?

Mediante asociaciones repetitivas, relacionando una consecuencia con su acción. Es un animal de hábitos y ser consistente es la clave. La conducta puede cambiarse mediante la obtención de premios y correcciones. Tu can va a responder ante algo de forma predecible si asocia una acción con una recompensa y lo evitará si siente aversión o incomodidad.

¿Cómo debes premiarlo?

Desde caricias, palabras cariñosas, juego, premios de comida, hasta tu lenguaje corporal asociado con algo agradable.

Son varias áreas de su cuerpo donde puedes acariciar con tu mano: barbilla, cuello, pecho, atrás de las orejas y abdomen, principalmente. Si lo haces sobre su cara o cabeza, puedes mostrarle una dominancia muy marcada… y no le es grato.

¿Cómo debes corregirlo?

Desde una mirada de desaprobación, un NO, o aislamiento. Lo más importante al hacerlo es tu actitud, ya que muestras un lenguaje corporal que es entendido por él. Pero ¡jamás lo hagas lastimándolo, ni física ni emocionalmente! El objetivo es interrumpir una acción indeseable y redirigirla a una deseable donde habrá recompensa. Recuerda que no entiende las palabras, sino responde a tus acciones (actitud) y tono de voz. Usa un tono de voz firme y una actitud de enseñanza.

Aprende a ser justo, consistente, firme, pero NUNCA violento. Sé amable, no permisivo. La corrección servirá para deshacerte de un mal hábito, pero el objetivo es enseñarle la alternativa correcta. Paciencia, perseverancia, ensayo y error (repeticiones), más la recompensa adecuada, en el momento preciso, son la base del aprendizaje.

Cada perro es un individuo y hay una amplia variedad de “personalidades caninas” que deben manejarse individualmente. La intensidad, forma, duración de los premios y correcciones deben ser según la raza, edad, tamaño y características propias de cada can.

¿Tu perro sabe que hizo algo mal?

La mayoría de los tutores creen que su perro sabe lo que hizo y siente culpa, y lo castigan según la acción… incluso a destiempo (cuando ya han pasado minutos u horas de la acción). ¡Esto es un error! Un perro con una actitud de culpa, simplemente reacciona a tu ira (tu tono de voz, gestos faciales y movimientos corporales). Todo este despliegue de tu parte hace que tu can asuma una actitud de culpa, aun cuando no puede asociar qué hizo o no hizo nada.

Cuándo debes premiarlo o corregirlo

Debe entender por qué está siendo premiado o corregido. Recuerda: el aprendizaje se basa en asociaciones repetitivas, por lo tanto, una acción correcta será de inmediato seguida por una recompensa, mientras una incorrecta por una corrección. ¡Refuerza la acción mediante repeticiones!

Ya que establezcas una conducta deseable, continúa reforzándola mediante premios; a largo plazo, si estos premios o recompensas son intermitentes, se reforzará su deseo por complacerte. Y, al contrario, no le permitas repetir acciones indeseables sin consecuencia, ya que cada vez que se salga con la suya, aprende a repetirla y establecerá un patrón negativo. Un buen NO a tiempo siempre será lo más correcto

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