La maravillosa visión felina

MVZ Luis Fernando De Juan Guzmán, Departamento de Medicina, Cirugía y Zootecnia para Pequeñas Especies, UNAM

Sin lugar a dudas, los rasgos de un gato que de inmediato llaman la atención, son sus bellísimos ojos y su penetrante y misteriosa mirada. Para muchos de sus admiradores son el reflejo de un universo entero, hermosos y profundos océanos de sabiduría, e testigos de antiquísimos rituales y de olvidadas alabanzas a los dioses.

Anatomía de unos ojos subyugantes

El gato es uno de los más perfectos depredadores del planeta y su magnífica visión contribuye en mucho a que se le ubique en esa envidiable posición. Sus ojos se sitúan adelante en la cabeza y esto permite que exista una superposición del campo visual de cada uno de ellos, brindándole una visión binocular y, por tanto, una perfecta percepción tridimensional.

Esto le permite tener un cálculo preciso de la profundidad de todo lo que le rodea, de la justa distancia que lo separa del objeto de su interés, del exacto tamaño del mismo, así como del correcto emplazamiento de los obstáculos que tiene que superar para llegar a él.

Este interesante y simpático animalillo, por el tamaño y posición de sus globos oculares, tiene un campo visual de 98º al ver de frente; si se suma lo que cada ojo puede ver por su lado, se tiene una visión periférica de 186º, y gracias a la extraordinaria flexibilidad de su cuello, sólo basta que gire un poco la cabeza para que no se escape nada a su visión (en realidad en todo sentido) de lo que sucede a su alrededor.

Merodeador por excelencia

La asombrosa y bien conocida visión nocturna del gato, se debe a varias características peculiares de sus fascinantes ojos. El gran tamaño y curvatura tanto de su córnea (la parte clara y más externa del globo ocular), como del cristalino (el lente ubicado detrás del colorido iris), permiten la entrada de mucha luz al fondo del ojo. Y la pupila, al dilatarse al máximo en las noches o en lugares en penumbra, también deja pasar la mayor cantidad de luz posible.

En la retina (tejido del fondo del ojo en donde se proyectan las imágenes), cuenta con una gran cantidad de bastones, células muy sensibles a la luz y especializadas en la visión nocturna.

Y por si todo esto fuera poco, en el fondo del ojo se encuentra un conjunto de células llamado tapetum lucidum, que se encarga de captar pequeñas cantidades de luz y reflejarla para el mejor aprovechamiento de la misma. Y es precisamente el tapetum lucidum el responsable del fantasmagórico e inquietante brillo que suele verse en los ojos de los gatos en la oscuridad. Como resultado, este pequeño felino puede ver, al menos, seis veces mejor que el ser humano en las noches o en lugares con muy poca luz.

Por último, aunque se ha comprobado que no es tan sensible a los colores (aunque distingue bien el verde y el azul, no ocurre así con el rojo), es excepcionalmente apto para responder al movimiento, una habilidad muy útil para localizar a sus incautas y desprevenidas presas, las cuales no están dotadas con la sorprendente y maravillosa vista del inigualable gato.

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