El gato y su gusto por las cajas

Las personas que tienen el privilegio de convivir con uno o varios gatos domésticos, se han dado cuenta de que uno de los más grandes placeres de estos felinos es encontrar, explorar y meterse a una caja de cartón.

Esta curiosa conducta, es un inveterado comportamiento que la especie heredó de sus ancestros silvestres, los cuales encontraban un refugio perfecto en las oquedades y huecos de su entorno, los cuales les servían de guarida para no ser agredidos por otros animales; para protegerse del calor, del frío y de la humedad; así como para esconder a sus crías. Además, adentro de estas madrigueras, los felinos eran prácticamente invisibles y acechaban a sus presas sin ser vistos ni oídos, favoreciendo la sorpresa, el éxito de la cacería y, por tanto, su sobrevivencia.

Ante cualquier cambio incontrolable en el medio ambiente, aquellos felinos buscaban sosiego en sus escondrijos y lo mismo hacen sus descendientes, los gatos domésticos, que tienden a retraerse ante situaciones difíciles o comprometidas.

UN REFUGIO SEGURO Y CONFORTABLE

Las cajas sustituyen a dichas guaridas y brindan un placentero abrigo a los gatos. Para ellos, son verdaderas fortalezas inexpugnables, en donde se sienten completamente seguros, y a pesar de que sus paredes son débiles, los mininos las perciben como si fueran sólidas murallas. Con su excepcional oído y su extraordinaria vista, desde el interior de una caja el gato está atento a todo lo que pasa enfrente de su singular refugio, despreocupándose por todo aquello que no alcanza a percibir pues, según él, no lo puede afectar al estar a salvo dentro de su endeble madriguera y sólo tiene que vigilar la entrada de su pequeña cueva.

Si algo llama su atención, con gran rapidez puede salir, apoderase de lo que le interese y regresar a la seguridad y tranquilidad del escondrijo.

Además de que encuentra protección en una caja de cartón, un beneficio adicional es que el animalillo conserva sin cambios su temperatura corporal, lo que se logra gracias al material de la supuesta guarida ya que se acurruca e inmoviliza dentro de ella. Todo ello hace a las cajas tentadoramente cálidas y confortables. Lo extraño es que a veces el tamaño no importa tanto, y hay felinos que se sienten igualmente a gusto en cajas pequeñísimas que no pueden contener todo su cuerpo. No obstante, gracias a su admirable flexibilidad, en muchas ocasiones un minino puede acomodarse en los espacios más inverosímiles.

Dado que los gatos descansan o duermen una muy buena parte de su vida (entre el 47 y el 65 % del tiempo), necesitan un espacio seco y en penumbra, en donde se sientan seguros e inatacables durante ese tiempo en el que son más vulnerables. Para ellos una acogedora caja es el sitio ideal, pues están aislados, protegidos, cómodos, a la temperatura adecuada, despreocupados y en absoluto control de su reducido entorno.

FAVORECEDORAS DE LA ADAPTACIÓN Y SALUD MENTAL

Así pues, no es raro que varios estudios hayan demostrado que los gatos que cuentan con una caja para guarecerse, sufren menos ansiedad y en general son más sanos que sus congéneres que carecen de este sencillo aditamento en sus ambientes.

Puede ser una herramienta indispensable para que un gato se adapte lo más rápidamente posible a un nuevo entorno, como algunas otras investigaciones lo han demostrado. Asimismo, son de gran utilidad en refugios, pensiones y hospitales veterinarios.

Es digno de tomarse en cuenta que el simple hecho de incluir una caja en el hogar de un minino, disminuirá su estrés, pues encontrará en ella un remanso de paz y bienestar, favoreciendo, en todo momento, dos factores invaluables: la tranquilidad y la salud del animal.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta ciertas precauciones, como, por ejemplo, que alguien no elimine la caja creyéndola basura o la posibilidad de que se maneje bruscamente sin saber que el felino está adentro. De la misma forma hay que asegurarse que el gato no quede encerrado en la caja (incluyendo también maletas, bolsas, cajones, cómodas, alacenas, armarios o refrigeradores), pues a veces son tan silenciosos y veloces que pueden introducirse a todos esos lugares en un abrir y cerrar de ojos, y quedar atrapados durante un tiempo prolongado (con resultados desagradables).

MVZ Luis Fernando De Juan Guzmán
Departamento de Medicina, Cirugía y Zootecnia para Pequeñas Especies
Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia
Universidad Nacional Autónoma de México