Dálmata, amigo bicolor

Originario de Croacia (donde la raza ya es poco común), el Dálmata es uno de los perros más singulares y apreciados por el hombre. Gracias a sus cualidades físicas e instintos protectores, se ha desempeñado como un gran ayudante en labores de vigilancia y escolta, además de ser enormemente apreciado como animal de compañía. Por ello su presencia se ha expandido por el mundo a través del tiempo. 

El salto a la fama

Ciertamente, la raza debe su actual popularidad a la película animada 101 Dálmatas (1961), basada en la novela homónima de la escritora inglesa Dodie Smith. La historia sigue a una pareja de Dálmatas, Pongo y Perdita, en su búsqueda por salvar a sus cachorros de Cruella de Vil, una vanidosa mujer que ha capturado una gran cantidad de perros para fabricarse un abrigo. A pesar del corte fantástico del relato, dos acontecimientos clave en él le ocurrieron a la autora y se convertirían en la fuente de inspiración para su libro: el nacimiento de los quince cachorros (en el cual también murió uno que, posteriormente, consiguió revivir su marido), y la visita de una amiga suya, quien al ver a sus perros juntos le comentó que: “Harían un maravilloso abrigo de piel”.

Sin embargo, en un estudio publicado en la revista PLOS ONE sobre el impacto de las películas en la adquisición y crianza de ciertas razas, la cinta ocupa los lugares 7 y 9 (por su reestreno en 1985) entre las más influyentes. El artículo advierte de las consecuencias negativas de este fenómeno, pues una mayor demanda obliga a una crianza con pocos individuos, lo que deriva en una acumulación de defectos genéticos para la raza. 

Raíces inciertas

La atribución a Croacia como lugar de origen de los Dálmatas fue concedida por la Federación Cinológica Internacional por su presencia en diversas pinturas de inicios del siglo XVII: específicamente, en una pintura en un altar de Veli Lošinj, en la isla de Lošinj, y en un fresco en Zaostrog, un puerto al sur de Dalmacia, región que se cree dio nombre a la raza. Un siglo después aparecería el primer registro escrito del Canis dalmaticus en los archivos de la Arquidiócesis de Dakovo, en las crónicas de la iglesia de 1719 por el obispo Petar Bakic.

No obstante, hay quien sostiene que provienen del antiguo Egipto, pues en diversas cuevas y tumbas se han encontrado dibujos de perros con manchas corriendo junto a los caballos de los carruajes. Otra tesis afirma que fue Yuri Dalmatin, un habitante de la región que fue Yugoslavia, quien creó la raza en el siglo XVI a partir de perros que hizo traer de Turquía.

La sordera, un mal común

¿Tu Dálmata no te hace caso ni te obedece? Tal vez no sea su culpa, pues la raza está asociada con problemas de audición: entre un 8 y un 10 % de estos perros nacen completamente sordos, mientras que entre el 20 y el 24 % sólo pueden escuchar con un solo oído. Dado que es un mal congénito, no hay una manera real de curarlo o prevenirlo, salvo adquirir el perro con un criador que pueda ofrecer documentación que avale que el cachorro y sus padres han obtenido una respuesta normal en la prueba de respuesta auditiva provocada del tronco encefálico (RAETE).

Es importante se le realice esta prueba a tu Dálmata cuanto antes para descartar cualquier problema auditivo. Ahora bien, en el caso de que se le diagnostique sordera no significa que no pueda llevar una vida normal. Eso sí, requerirá de una mayor atención a su entrenamiento (en el que se recomiendan estímulos visuales y por vibraciones), así como cuidados especiales para garantizarle un entorno seguro.

Intolerante a la soledad

Aunque es bien conocida su afinidad con los caballos, lo cierto es que los Dálmatas son perros muy sociables que generan un profundo apego hacia sus dueños y sus familias (son excelentes compañeros de juegos para los niños), que además disfrutan mucho el sentirse parte de un grupo, al grado de ser muy demandantes y requerir de atención constante. De hecho, no pueden quedarse solos por mucho tiempo, pues comienzan a mostrar comportamientos destructivos, ya sea con su entorno (como excavar o ladrar compulsivamente) o consigo mismos, mordiéndose las patas o causándose todo tipo de lesiones. 

Si ocurre por periodos prolongados, esto puede derivar en una depresión aguda, ansiedad por separación e incluso demencia. Para evitarlo, es recomendable ejercitarlos diariamente, lo que también ayudará a controlar su naturaleza enérgica, darles juguetes que les permitan entretenerse solos, así como enseñarles a socializar desde pequeños con otros perros y más personas.

A prueba de fuego

La tradición del Dálmata como “perro bombero” data del siglo XVIII en Londres, donde se le empleó para el control de plagas. Sin embargo, su instinto protector y su resistencia física pronto le ganó un lugar como escolta de los carros antiincendios, junto a los que recorría grandes distancias mientras ahuyentaba a otros animales de los caballos que tiraban de aquellos y les abría paso con sus ladridos rumbo a su destino. Con el tiempo, esta práctica también sería adoptada por Estados Unidos y Australia; aunque los camiones terminarían por remplazar a los caballos, los bomberos conservarían a la raza como acompañante en sus trayectos, y más tarde, como mascota en sus cuarteles, lugar que ocupa hasta el día de hoy. 

La Dálmata de Washington

Aunque no fueron registrados por el American Kennel Club sino hasta 1887, la presencia de los “perros de carruaje” en Estados Unidos ya sumaba más de un siglo. De hecho, se tienen registros de que el mismo padre de la patria norteamericana, George Washington, adquirió una hembra de esta raza en 1786 por el precio de 12 chelines, a la que nombró Madame Moose. Aunque el interés del futuro presidente en los canes venía de su afición a la cacería, disfrutaba enormemente de su compañía, llegando a tener a lo largo de su vida cerca de 50 perros distintos. En cuanto a la Dálmata, por consejo de su esposa, Washington adquiriría un año después un macho para aparearlos, convirtiéndose en uno de los primeros criadores de la raza. 

El Dálmata del millón de euros

La relación del pintor español Pablo Picasso con las personas siempre fue, cuando menos, complicada, muy distinta de su relación con sus perros, a quienes profesaba gran amor. Si bien Lump, el Dachshund, es de sobra reconocido como su favorito (al grado de figurar en su reinterpretación de Las Meninas, de Velázquez), el artista aparece en numerosas fotografías junto a distintos animales de compañía, entre los cuales destaca un Dálmata llamado simplemente Perro. Éste quedaría retratado en El perro dálmata, un cuadro que forma parte de una serie de obras dedicadas a este can realizadas entre febrero y marzo de 1959. Dicha obra fue subastada el 7 de febrero de 2006 en Londres, alcanzando un valor de 1.6 millones de euros. 

¿Sabías qué…?

Nacen completamente blancos; las manchas comienzan a aparecerles hasta la segunda semana de vida.

Raúl Alberto Romero Torres