La historia de Chila 

Ella es Chila, una perrita prognata (chata). La conocí a finales del 2016, cuando entré a trabajar a una abarrotería en donde la tenían como vigilante nocturno. No tenía cuidados veterinarios y estaba sin esterilizar, así que cuando le comenté al dueño, no hizo caso. Yo seguí intentando, ofreciéndome para llevarla; incluso pedí una cooperación para hacerlo y también me lo negaron. 

Al poco tiempo llegó su celo y quedó preñada; sus entonces dueños decidieron no hacerse responsables, así que la regalaron a un señor que recogía cartón. Nadie le comentó nada de esto al hombre y al darse cuenta, la regresó. Llamaron al antirrábico para que fueran por ella, donde moriría con sus cachorros sin nacer. No pude más, así que tomé la firme decisión de traerla a casa. 

Llegó el día del parto, el 15 de enero del 2018 y fueron seis perritos. Aunque lamentablemente perdimos a uno por complicaciones médicas, los otros cinco están bien, recibiendo amor y cuidados en diversos hogares. A Chila la esterilizamos en abril.

Rescatista nata

Todos los perros son especiales, pero algunos como Chila, destacan por su carácter, empatía y nobleza. Ella es muy receptiva al dolor y sensibilidad ajenos. Al poco tiempo de estar con nosotros encontró a una gata con sus crías en una jardinera, fue muy insistente en que los rescatara y así evitó que murieran, ya que cayó un fuerte aguacero con granizo.

Se ha encargado de que cada animalito que llega a casa se sienta cómodo. Son siete gatos, además de Majo (de seis meses), una Chihuahueña mix y otro cachorro recién rescatado. Chila es empática con todos: un día que se despedía un papá de su hijita que lloraba, se interpuso entre ambos. Otra ocasión una pareja llevaba a un gatito rescatado en una caja y gemía, así que dio un salto para saber qué pasaba. En ambos casos tuvieron que demostrarle que no los maltrataban para que se tranquilizara

Una vida feliz y tranquila

No tiene grandes lujos, pero es muy dichosa. Los perros no necesitan mucho cuando se les brinda un hogar, atenciones, seguridad y amor. Su día inicia roncando y al despertar pide salir a jugar y visitar las casas de los vecinos. Vivimos en un departamento pequeño y ella ama correr, así que es una de las pequeñas libertades que tiene. 

Los domingos vamos al tianguis y pide su nieve de tres leches o un taquito de sesos o de chicharrón. Me acompaña a todos lados y es una excelente compañera. Adora ser el centro de atención: algunos vecinos la llaman “su amiga” y se deja acariciar. Hay niños que le llaman “monstruo” o “la bestia” por su hocico chato, pero no le afecta por su alta autoestima y gran seguridad.

Odia el baño, pero adora que la cepille. Ama la pizza, las alitas BBQ, el pastel, el pan con mantequilla, el huevo frito, ¡hasta elige sus croquetas y premios! Y es muy inteligente: sin entrenarla aprendió a caminar con mi esposo, quien usa muletas, y la puede llevar sin jalar o atravesarse. 

Aunque a Chila no la quisieron adoptar, fue lo mejor, porque así llegó a nosotros y la amamos profundamente.