¡Pepito y su historia con final feliz!

Encontrado bajo la lluvia empapado y cojeando, estaba un perro. La chica que lo reportó fue quien pagó su protocolo de salud (esterilización, vacunas y desparasitación), pero se le complicaba tenerlo consigo, así que pidió ayuda para que ingresara al santuario de Defensoría Animal. 

Pepito, a quien así llamamos, estuvo ahí por algunos meses y en ese tiempo se le llevó al veterinario para revisar su pata delantera derecha, ya que era más larga que la otra, motivo por la cual la arrastraba e incluso sangraba. Algunos veterinarios dijeron que era por algo neurológico y que con rehabilitación bastaría para recuperar su extremidad; por ello lo llevamos a algunos eventos de adopción, pero al verlo así sólo causaba lástima y nadie se animaba. Decidimos entonces que tendríamos que buscar otra opción para Pepito y volver a hacerle estudios, así que tuvo que salir del santuario para tener otro tipo de atención más personalizada.

Su recuperación

Lo llevamos nuevamente con uno de nuestros veterinarios de cabecera, el MVZ Óscar Alonso Lucero, quien después de algunas pruebas de sensibilidad y placas llegó a la conclusión que lo mejor para Pepito era amputar esa pata.

La siguiente semana se preparó todo para la cirugía, de la cual salió de maravilla recuperándose satisfactoriamente: en sólo 15 días ya corría, brincaba y hacía su vida normal; y durante todo ese proceso habíamos subido actualizaciones en las redes y fue así como varios seguidores empezaron a amar a Pepito, preguntando por él y siguiendo su evolución día con día.

Un nuevo comienzo

Fue entonces que el 9 de mayo apareció un comentario en Faceboock de alguien que quería adoptarlo. Confieso que al principio no estaba muy convencida de que fuera cierto, ya que para mucha gente es muy fácil opinar, pero no es congruente con lo que escriben; sin embargo, con Martha, quien había publicado el comentario, fue distinto: ella no sólo dio seguimiento a su evolución, sino cumplió con los requisitos para adoptarlo.

Y llegó el día más feliz y esperado para Pepito, él estaba muy contento con la manada del santuario, pero le esperaba algo mejor: ¡una persona a la que por siempre podría cuidar, amar y acompañar en sus juegos e incluso dormir con ella! 

Pepito es un ejemplo de cómo la vida de un perrito con discapacidad puede ser transformada gracias al amor y cariño de personas comprometidas en rescatar, rehabilitar y adoptar, sin hacer distinciones. Y es gracias a este tipo de adoptantes que nosotros podemos seguir ayudando a través de esta cadena de amor.

Melissa Trouyet
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