El gato, yoga y sus beneficios

El yoga es una antigua disciplina, tanto física como mental, originada en la India y que tiene como objetivos la unión con la divinidad, el autorreconocimiento espiritual y el completo bienestar. Hoy en día su práctica no sólo se limita al subcontinente indio, sino que se ha difundido a todo el mundo, adquiriendo un gran número de adeptos en Occidente en las últimas décadas, pues a pesar de que tradicionalmente se le asocia con el hinduismo, el jainismo y el budismo, puede ser experimentada por personas adeptas a cualquier otra doctrina, religión o bien, que sean laicas. Todo ser humano que se ejercite en el yoga se verá beneficiado sin importar sus creencias.

Desde que se cuenta con los primeros referentes escritos sobre el yoga (siglo III a.C.) y a lo largo de más de veinte siglos, han surgido varios tipos de esta ancestral disciplina. Algunos de ellos son reconocidos como ramas fundamentales del yoga, mientras que otros, sólo son identificados como derivaciones secundarias de las principales. Este es el caso del hatha yoga, una variante de una rama fundamental llamada raja yoga (astanga yoga) y que es, en definitiva, la más conocida y extendida en todo el orbe.

Hatha yoga 

El hatha yoga se caracteriza, entre otras cosas, por la práctica continua de posturas corporales que favorecen la meditación al otorgar, tanto al cuerpo como a la mente, la serenidad, el equilibrio y la paz necesarias para dicho propósito, pudiendo llegar al grado de que, en un estado de meditación profunda, algunos yoguis y yoguinis pueden permanecer inmóviles a lo largo de varias horas o incluso días. Dichas posiciones o secuencias de posturas, son llamadas asanas.

Una antigua leyenda cuenta que hace muchos siglos, un joven príncipe de la India, fue quien desarrolló y transmitió a sus discípulos la forma correcta de practicar los asanas. Sin embargo, este legendario maestro tuvo a su vez a un insospechado preceptor, quien le enseñó todos los secretos del hatha yoga. Increíblemente, se trató de una gata.

Se dice que aquel príncipe no era capaz de lograr el sosiego necesario para practicar la meditación trascendental. Inquieto y frustrado, salió de su palacio y se adentró en la selva, tratando de alejarse del ajetreo cotidiano y buscando la quietud mental que tanto anhelaba y que se le antojaba inalcanzable.

En su deambular sin rumbo fijo, fue a dar al pie de un árbol enorme y majestuoso. Al detenerse a admirar su gran tamaño y belleza, el príncipe descubrió que estaba siendo observado por un par de maravillosos ojos que refulgían como piedras preciosas. En una rama de aquel hermoso árbol se encontraba una gata, totalmente inmóvil, imperturbable, en la más absoluta calma y ronroneando agradablemente. Se dice que aquella perfecta criatura bostezó, se estiró y compadecida de aquel ser humano que no encontraba tranquilidad a pesar de sus esfuerzos, bajó del árbol y empezó a instruir al príncipe en todos los ejercicios de tensión y relajación que propiciarían el estado físico y mental necesario para la meditación profunda al que aspiraba aquel noble.

Una vez que el joven pudo dominar dichas técnicas, la gata procedió a enseñarle varios asanas. Con todo lo aprendido de aquel gentil animalillo, muy pronto, el príncipe logró alcanzar su objetivo y, a su tiempo, transmitió a otros seres humanos aquel importante y precioso aprendizaje.

En esta magnífica leyenda, aquella gatita fungió como un verdadero gurú, es decir, un ser que ha alcanzado la autorrealización e instruye a su discípulo para alcanzar la plena conciencia divina. El gurú es un alma iluminada que saca de la obscuridad a sus seguidores y de acuerdo a esta historia, el invaluable tesoro del hatha yoga fue transmitido a la humanidad por una gata.

Es curioso que uno de los asanas más conocidos por los practicantes de hatha yoga es el llamado marjaryasana o bidalasana (la postura del gato), el cual brinda múltiples beneficios, ya que reduce el estrés, favorece la meditación, flexibiliza y fortalece el cuello, los hombros, la espalda, el tórax el abdomen y los brazos, favoreciendo también la circulación y la digestión. Por supuesto que esta serie de posiciones y sus variantes emulan a los mininos cuando se estiran, arqueando el lomo y extendiendo las patas.

En Oriente, los gatos, gracias a su enigmático comportamiento, han sido admirados e imitados por hinduistas, jainistas y budistas desde tiempos inmemoriales. Hoy día, alrededor de todo el mundo, mucha gente que practica hatha yoga prefiere hacerlo en compañía de gatos (a pesar de ignorar la leyenda del origen gatuno de esta disciplina), ya que estos felinos brindan un mejor ambiente y sin duda son una inspiración para yoguis y yoguinis de todos los niveles, favoreciendo la relajación, la quietud, el bienestar, además de tener un gran poder energizante, eliminando al mismo tiempo la ansiedad y el estrés.

MVZ Luis Fernando De Juan Guzmán
Departamento de Medicina, Cirugía y Zootecnia para Pequeñas Especies
Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia
Universidad Nacional Autónoma de México