Defensa y rescate animal: una percepción social errada

Hoy, en vez de platicarles sobre un caso de éxito, compartiré algunas reflexiones sobre la defensa y rescate animal, así como la vocación de ser rescatista, ya que noto una generalizada percepción social muy errada.

¿Quiénes se dedican al rescate animal? 

Somos personas normales, como tú o como yo, con vidas, familias y obligaciones de tiempo completo, pero poseemos gran sensibilidad hacia el dolor de otros y en especial al sufrimiento animal, razón por la cual empezamos de manera esporádica y luego rutinaria a recogerlos y rescatarlos, eligiendo actuar en vez de mirar para otro lado.

Algunos hemos formalizado y formamos una asociación legal, pero la mayoría lo hace de manera independiente y en su tiempo “libre”. Insisto: todos tenemos trabajo que atender, renta que pagar, comida que llevar a la mesa y todas las obligaciones que cualquiera tiene. No solemos venir de familias acomodadas, por lo que con gran sacrificio y del propio bolsillo solemos costear cada caso y emergencia. Y todo esto por amor, para aliviar un poco ese enorme sufrimiento cotidiano.

¿Todos los rescatistas son íntegros?

Como en cualquier causa o actividad, hay personas honestas y otras que no lo son. Siempre recomendamos a quienes desean apoyar que se cercioren del trabajo y la honestidad, fijándose muy bien en el manejo preventivo y protocolos de salud que siga ese rescatista o asociación. Nunca estará bien lucrar con el sufrimiento animal y aunque haya quienes lo hagan, no hay que generalizar. Hacerlo denotaría un criterio muy cerrado que sirve sólo para crear rencores y desconfianza, por ende una ruptura social.

También está la contraparte. Muchas veces alguien nos llama no para contribuir, sino que nos encarguemos de seguir su “buena obra de haber rescatado un animalito” pagando sus vacunas, alimento, cuentas veterinarias, pensión y que además le busquemos hogar. De nueva cuenta, no percibimos un salario ni mucho menos nos pagan por ayudar a animales desamparados, casi siempre es con recursos propios, así que cuando decimos que estamos saturados o pedimos una contribución para solventar los gastos, esa persona incluso se enoja.

Y si bien es cierto que esta labor la hacemos con mucho amor, no es suficiente, siempre hacen falta más recursos y son escasos los donativos, además de que tenemos las mismas necesidades de costearnos la vida como aquel que nos solicita ayuda. Si pudiéramos ayudaríamos a todos, pero sólo basta hacer un pequeño cálculo para saber que no hay fortuna que alcance. Lamentablemente, es por ese “buen corazón” que hay rescatistas que no marcan límites en el número de casos que toman, aceptándolos todos aunque los rebasen, al grado de caer en negligencia, hacinamiento y hasta maltrato.

Qué ocurre con los donativos 

En México se tiene la percepción de que son sinónimo de lucro. No existen fondos que asignen recursos para esta causa, e incluso constituirse legalmente implica muchos costos y la ley tributaria no permite esta deducibilidad; es contrario a otros países, en donde sí se recibe un sueldo como cualquier otro trabajador. 

No está bien pensar que por tener vocación de ayuda tenemos la obligación de hacerlo o no tenemos necesidades básicas. Hay que considerar que atendemos un problema creado por todos, por falta de educación y compasión, donde el gobierno tampoco tiene los recursos ni prioridades para atenderlo. Así que por lo menos hay que informarse y respetar y dignificar el trabajo.

En nuestra asociación cobramos una cuota de adopción (que también lo hacen en albergues de EU  Europa), que es para costear una pequeña parte de los gastos de rescate, el sueldo de los cuidadores (que también tienen familia) y los gastos veterinarios (sí, tienen que cobrar por sus servicios). Pero nadie del equipo directivo cobra ningún sueldo, y nos ocupamos de entregar a los animales con un protocolo de salud preventivo completo que cuesta mucho más de lo que pedimos como cuota (¡hagamos cuentas!). 

Distamos de una cultura de filantropía o de vocación de voluntariado, pero en contraparte, la preocupación por el bienestar animal es cada vez mayor. Sólo falta que se traduzca en acción, como apoyo, voluntariado o promover la cultura de respeto. 

Hay divisiones entre protectoras, rescatistas y personas con un genuino deseo de ayudar, pero busquemos puntos de encuentro. Ya basta de criticarnos unos a otros, porque al hacerlo los que más pierden son los animales. Hagamos entonces de esta causa una sinergia que nos una y fortalezca, a favor de los que no tienen voz. 

Melissa Trouyet
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