Opciones eco friendly con tu peludo

Por fortuna el futuro del planeta aún está en nuestras manos. Es importante recapitular sobre lo que hacemos cotidianamente, y para ello hablaremos sobre esta área que nos encanta: la convivencia con nuestros animales de compañía. Cada día que pasamos con ellos impactamos en la comunidad y el medio ambiente, tanto, que las pequeñas acciones pueden pasar desapercibidas, pero son imprescindibles para lograr un cambio notable.

 

Consumo eléctrico

¿Nos hemos detenido a pensar en cuánta energía eléctrica usan las mascotas? Claro, ningún animal usa por sí mismo energía de este tipo, pero nosotros sí usamos mucha en ellos sin que lo pidan. Imaginemos que hay un corte de energía eléctrica por la noche, sin posibilidad de tener luz artificial alguna. Al estar a oscuras, al punto de no ver por dónde vamos, será imposible andar sin tropezarnos y mucho menos podremos servirnos un vaso de agua o un alimento sin derramarlo o incluso caernos. 

Esto mismo lo proyectamos sobre nuestros animales, por ejemplo, si salimos de noche de casa y ellos se quedan solos, quizá dejemos al menos un par de luces prendidas (que aumentará la factura eléctrica) para estén tranquilos mientras no estamos. Bueno, pues realmente esto no funciona así (y de hecho funciona al contrario). 

Hay quienes dejan la TV o la radio encendidas a su mascota para que no se sienta “sola” mientras no están. Esto es francamente inútil. El ruido inusual e inesperado (ningún animal sabe qué sonido esperar después en una pieza musical) le distrae o perturba de los ruidos naturales de su hogar, y claro, lo mantiene alerta, despierto y más inquieto. Veremos qué ocurre en realidad.

 

 

Visión nocturna y ritmo circadiano

Los animales se alteran radicalmente en términos de horas luz, es decir, sus ciclos y actividades suelen estar perfectamente ajustados a la luz natural, y cuando el sol cae, sus actividades se adaptan a ello (ritmo circadiano). 

¿Qué pasa con los perros? La ausencia de luz reduce el estado de alerta y les motiva a irse a acostar, así que dejar incluso un foco prendido dentro de casa les promueve a mantenerse despiertos, en busca de actividad, atentos a cualquier sonido tras la puerta y hasta a ladrar. 

No significa que en la oscuridad automáticamente se van a dormir, pero sí reducirán su atención a cosas verdaderamente inusuales o atípicas de su entorno, por lo que el estrés siempre será menor y el cerebro se motiva solito a descansar.

No hay que preocuparnos de que no sabrán orientarse ni verán. Tienen mejor vista en la oscuridad que nosotros, incluso si no ocurriera así, su orientación no depende sólo de este sentido (por ejemplo, tienen sus vibrisas -bigotes- y su olfato), por lo que si no solemos mover los muebles de lugar, y su plato de agua está en el mismo sitio, casi ni necesitan ver para moverse con fluidez por su ambiente.

Si además deseamos ayudarlos a proteger mejor el hogar, la oscuridad es su aliada, pues el ojo humano tarda más en ajustarse al entorno ante los cambios de luz, por lo que si alguien indeseado quisiera entrar mientras no estamos, la falta de claridad haría que se asome más cerca por una puerta o ventana, dándoles así segundos de ventaja a los perros para reaccionar.

¿Qué pasa con los gatos y la oscuridad? Con ellos ni se diga. Si somos tutores de alguno, habremos notado que su actividad no depende de la luz, pues harán lo que quieran a la hora que se les antoje: por eso se ponen a jugar a las 3:00 am o a las 4:00 pm, así que dejar una luz prendida no impacta en ellos para bien.

Más bien el tener varias luces les demandan mayor esfuerzo visual, y dado que los focos atraen insectos, es más probable que esto atraiga la atención indirecta del minino, en vez de ayudarlo a “ver” dentro de casa. Su visión es muy buena en la oscuridad, y no necesitan ayuda en lo absoluto. Más aún, si tenemos ambas especies y nos preocupa que ocasionalmente se molesten entre ellas, la penumbra le da ventajas al gato para escapar, ocultarse o escabullirse en caso de un encuentro no tan amigable.

Así que en términos de consumo eléctrico, apaguemos todas las luces si no vamos a estar, reduzcamos el consumo, ahorremos dinero y ayudemos al planeta.

 

 

Desechos y basura

Hay muchas cosas que podemos hacer para reducir en el consumo de productos relacionados con nuestros animales, empezando por la basura orgánica y sus envolturas (claro, me refiero a sus heces).

Es importantísimo recoger los desechos de los perros al pasearlos, por salud, por civilidad, y por el impacto ambiental. Las heces en exteriores son un mal social que cuesta muchísimo y no debe pasarse por alto. Si se quedan en la calle, se resecan rápidamente y empiezan a pulverizarse, por lo que lo que el aire respirado mañana en la misma zona en la que paseamos incluirá esos mismos desechos que no recogimos, en partículas microscópicas imperceptibles.

Su colecta también tiene un costo para los gobiernos y los servicios de limpia, usando bolsas, guantes y gasolina, que si se multiplica por el número de heces no recogidas por dueños irresponsables, impacta en todos. Pero esto no termina en recogerlos, debemos pensar en cómo disponer de ellos.

La peor forma: levantarlos con una bolsa… y tirarla cerrada a la coladera. ¡Es terrible! ¡Estamos lanzando plástico al drenaje, que es de lo más difícil de reciclar, degradarse y desatorar! Estas bolsas con heces forman tapones infames en cañerías e incluso drenajes profundos, causando inundaciones, retorno de aguas negras y muchos problemas. No debemos hacerlo así jamás.

La mejor idea: recoger las heces con una bolsa biodegradable o de papel estraza (si no son muy grandes), llevarlas a casa, depositarlas en un bote con tapa y tirar ese contenido cuando sea el turno de la basura orgánica. Las bolsas biodegradables no son una cosa del otro mundo, se consiguen fácilmente en cualquier tienda, en rollitos que parecen plástico común, pero que están tratadas para degradarse en poco tiempo en el ambiente.

 

 

Vehículos y traslados

Esto es algo en lo que debemos pensar para todas nuestras actividades: la distancia que recorremos. Cada vez que usamos un vehículo (incluyendo el transporte público), hay un uso importante del suelo, recursos, tiempo de traslado y producción de contaminantes. Cada persona extra que va en uno, contribuye a sumar segundos, que se convierten en minutos y hasta horas para todos los demás que también lo hacen. Así que la meta debe ser “pensar local”.

Reducir los traslados usando la mayor cantidad de servicios cercanos a casa es una excelente forma de disminuir el impacto en el medio ambiente, así que busquemos la mejor opción cercana de veterinario, estética, tienda de alimentos y parque para nuestro amigo animal.

Es cierto que a veces estos servicios no nos satisfacen o hasta nos fallan, lo cual nos empuja a alejarnos un poco, pero hay que tratar que las primeras opciones estén a un alcance peatonal. Esto impacta en nuestra salud, genera paseos extra con la mascota, y reduce el uso de recursos en la ciudad. Conocer la colonia a detalle paseando con los canes tiene otra enorme ventaja: les ayuda a identificar bien las calles, olores, sonidos y distancias, por lo que si llegaran a extraviarse es un perímetro conocido que les permitirá calmarse y sabrán regresar.

 

Caminar, conocer a nuestros vecinos, convivir con el entorno, es una forma de convertir a nuestra mascota en un ejemplo de ciudadano sustentable.

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