¿Por qué le gusta comer popó?

Una situación típica donde el cachorro se dispone a comer su excremento, incluso el de otros perros u otras especies. Se llama coprofagia a la acción de ingerir materia fecal, lo cual suele ser una de las situaciones más molestas y conflictivas porque se trata de una conducta no deseada en nuestros perros, en especial si se trata de mascotas muy hogareñas o que conviven con niños pequeños.

Pero, ¿es realmente una actitud “mala” o antinatural? Depende de la situación, por ejemplo, es un comportamiento normal en la perra que amamanta: alguna vez habremos visto cómo la madre voltea a sus cachorros sobre el lomo, les lame el vientre así como la región situada entre el ano y los genitales para estimular la micción y defecación, y a continuación traga sus excrementos. 

Se trata de una conducta natural y necesaria para mantener la limpieza del nido y además para no atraer moscas ni otros animales. En el caso de los cachorros, no es raro notar que llegan a tener el hábito de comer su excremento (aunque nos parezca algo desagradable y poco apetitoso), pero entra en la normalidad y se debe a su curiosidad innata. Hay que saber además, que esta conducta suele cesar hacia los cuatro meses de edad.

En el caso de perros adultos, puede deberse a una digestión incompleta de los alimentos, de modo que quedan restos “apetitosos” entre las heces. Pero si se les ofrece un alimento de mejor calidad que digieran por completo, podría resolverse el problema.

 

 

¿A qué se debe la coprofagia?

Siempre que exista este tipo de comportamiento lo más importante es conocer la causa para resolverlo. Entre lo ya mencionado también existen otros motivos, del tipo médico y conductual.

Causas médicas: parasitosis (presencia de parásitos internos en el tracto digestivo), diabetes, insuficiencia pancreática exocrina o déficit de nutrientes; todo esto se puede saber a través de un análisis clínico realizado por el Médico Veterinario de cabecera.

Causas conductuales: además de hacerlo por exploración (como se mencionó), puede ser para evitar el castigo; por ejemplo, aquellas personas que hacen que su cachorro, de forma obligada, innecesaria y brusca, introduzca su nariz en sus heces para luego castigarlo, con la idea por demás equivocada de que de esa manera “comprenderá” que no debe hacer sus necesidades dentro de casa o en cierto lugar, sin saber que lo único van a generar es que asocie el castigo con la presencia de sus heces, de manera que la siguiente vez las ingerirá antes de que los dueños se den cuenta.

 

 

Otras razones tienen que ver porque lo aprendieron de su madre, porque se vieron obligados a vivir en espacios hacinados o sucios (tiendas de animales), incluso por demanda de atención o hasta por aburrimiento (falta de estimulación ambiental).

 

Entonces, antes de castigar a nuestros perros ante esta actitud, hay que averiguar las razones, y una vez que sepamos la causa a través de un especialista será más fácil dar el tratamiento adecuado. Es fundamental que sin importar a qué se deba, seamos pacientes y siempre usemos refuerzo positivo: lo más importante es la relación que tenemos con nuestros amigos peludos.