¿Cómo funcionan los sentidos?

Los sentidos son medios de comunicación del cuerpo con el entorno e incluyen la visión, el olfato, el oído, el tacto y el gusto. Sus órganos correspondientes son el ojo, la nariz, el oído, la piel y las papilas gustativas. Gracias a ellos podemos percibir cambios de temperatura (calor/frío), dolor, colores, olores, sabores, sonidos y sobre todo, son una fuente especial de sobrevivencia, ya que mediante ellos somos capaces de generar mecanismos de adaptación o bien de defensa para la vida diaria.

Ahora describiremos brevemente cada uno de ellos y cómo funcionan.

Sentido de la vista

Aunque no es el más importante, es uno de los que mayor limitación puede generar cuando está afectado. Las imágenes deben ser recibidas por el ojo, para que después y mediante el nervio óptico, lleven esa información hasta la corteza cerebral, en donde se integrará y cuyo resultado será la percepción de imágenes.

Existen especies completamente dependientes de la visión, sobre todo las que la requieren para la búsqueda de alimento, por lo que aquellas en vida libre suelen tener serios problemas si hay alteraciones visuales o ceguera. Esto no sucede así en los animales domésticos o en cautiverio, en donde el alimento y el refugio les son proporcionados.

Sorprendentemente las mascotas de casa logran una muy buena adaptación a su entorno al desarrollar, a falta de poder ver, el oído, el tacto y sobre todo el olfato, su principal sentido.

Se sabe que los perros y los gatos no son capaces de percibir todo el espectro de colores como nosotros, siendo el rojo, el amarillo y el azul los colores que logran ver los gatos, en tanto que para los primeros el amarillo y el azul son las tonalidades que perciben (las demás las aprecian en escala de grises). Además ambos poseen una estructura brillante en la parte posterior del ojo (tapetum lucidum) que les permite tener una visión nocturna perfecta, pues se optimizan los rayos de luz entrante al ojo en situaciones de oscuridad.

En cuanto a su campo visual es de aproximadamente 250°, dado que no tienen ojos tan frontales como el humano (nuestro campo es de 180°). También es conocido que estas especies no ven bien de cerca, son miopes, y por eso la importancia del desarrollo de sus pelos táctiles o vibrisas faciales, compensando la mala visión cercana.

Cabe señalar que existen numerosas causas que pueden comprometer la visión en los animales, por ello será sustancial ante cualquier cambio estructural en los ojos o sospecha de pérdida visual, la intervención inmediata de un especialista (oftalmólogo veterinario).

Sentido del olfato

Este es por excelencia el sentido de los perros y gatos. Se sabe que una persona tiene alrededor de 5 millones de receptores para el olfato, mientras que un perro posee cerca de 200 millones e incluso en razas como el Bloodhound o el Beagle este número podría estar por arriba de los 300 millones, por ello se dice que el olfato es su sentido más desarrollado.

Gracias a él no sólo localizan su alimento, sino establecen comunicación, socializan y jerarquizan con los ejemplares de su entorno, sean o no de su propia especie. También les permite el reconocimiento de lugares, personas, compañeros, crías, sustancias tóxicas, alimentos de mejor calidad nutritiva, estados de ánimo (en humanos se habla de la relación de olores con recuerdos), por mencionar algunos ejemplos.

De ahí la gran valía, en el caso de los canes, de su utilización como detectores de drogas, explosivos, materiales peligrosos o localización de personas en sitios de desastre. Recientemente se ha implementado el acompañamiento de esta especie a niños con diabetes donde por medio del olfato detectan hipoglucemias riesgosas de las que dan aviso mediante ladridos para su atención.

Para que el olfato esté intacto requiere también de la integridad del nervio olfatorio, el cual viaja hacia el bulbo olfatorio en la base del cerebro y se distribuye la información hacia la corteza cerebral. La pérdida de este sentido (llamada anosmia), es una afección neurológica que debe examinarse en conjunto con todo el sistema nervioso para identificar su origen.

Sentido del oído

Gracias a él los animales logran escuchar sonidos que les permiten estar alerta y en comunicación con su entorno. Es de conocimiento que varias especies desarrollan y abren el oído después del nacimiento (perros y gatos hacia las 6 a 8 semanas de edad), tiempo en el cual el olfato y el tacto son sustanciales, pues es el mismo lapso de tiempo en que les toma abrir los ojos.

Los perros tienen un oído mucho más desarrollado que el de los humanos. El sonido se transmite por ondas, y la frecuencia de estas vibraciones se mide en hercios (Hz). Una persona puede escuchar un espectro de 20 a 20.000 Hz, mientras que aquellos detectan entre 20 a 65.000 Hz, siendo más sensibles entre 500 a 16.000 Hz. Por ello muchos suelen ser sensibles al ruido de aspiradoras, licuadoras, o en casos más comunes, cohetes y relámpagos.

El sonido se capta a través del oído externo, pasa por el oído medio y llega al oído interno para después distribuirse hacia la cóclea y al cerebro. Cabe señalar que también hay una estrecha relación con el sistema del equilibrio, por ello afecciones que tienen que ver con daño al oído, pueden verse reflejadas en el sistema nervioso, en particular con el sistema vestibular.

Un detalle de los felinos es que esta conexión con dicho sistema está aún más desarrollada, por ello su equilibrio es mejor y pueden caer siempre de pie. Por otra parte, algunas razas de perros y gatos con alteraciones genéticas asociadas a ojos blancos o azules suelen presentar sordera.

Sentido del gusto

Está menos desarrollado (en comparación con el humano), ya que la cantidad y diversidad de papilas gustativas no es tan abundante como las de una persona, quien posee cerca de 9000 papilas gustativas, en tanto que el perro 1700 y el gato sólo 500.

Por ello los canes tiene la superficie de la lengua más lisa que la nuestra, y aunque el gato tiene papilas muy prominentes, su distribución es mayor sólo hacia la punta, base y lado de la lengua (es la razón por la que se cree que más que disfrutar los alimentos por el sabor, lo hacen por el placer de olerlos). Las papilas gustativas también tienen una interconexión desde la cavidad oral y lengua hasta el cerebro, en donde se lleva a cabo el procesamiento de la información, como en el resto de los sentidos.

Como dato interesante el perro tiene una particular preferencia por el sabor a carne, pero puede percibir sabores dulces o amargos; el gato percibe éstos últimos, así como el ácido (que parece gustarle), y el salado, pero no el dulce.
Un detalle a considerar es la atracción hacia sabores que pueden contener sustancias tóxicas, como es el caso del etilenglicol (anticongelante automotor), en donde les atrae su sabor dulce, pero al ingerirlo genera nefropatía que en muchos casos es mortal.

Sentido del tacto

Este podría no ser el más importante para estas especies, sin embargo, sí es el que primero se desarrolla, pues al carecer de vista y oído hasta cerca de las 6 a 8 semanas de edad, es el contacto con la madre y hermanos como aprenden esta comunicación inicial.

Los receptores del tacto se encuentran esparcidos por toda la superficie de la piel, pero es en los cojinetes y a lo largo de la columna y la cola donde se encuentran en mayor proporción. Y son los siguientes: receptores de dolor (nociceptores), de temperatura (termoreceptores), de presión (baroreceptores).

Se considera además la presencia de vibrisas o pelos sensoriales, que están localizados alrededor de ojos, mejillas, labios y bajo la mandíbula, que son como pequeños radares que les orientan en el ambiente en cuanto a posición y distancia de objetos, animales y personas. Un buen ejemplo de ellas son los enormes bigotes de los felinos.

Este sentido es muy importante en el proceso de socialización. En el caso particular de los gatos, el tacto se centra en los cojinetes plantares, lo que les permite, a través de sus patas, analizar la textura y la forma de cualquier objeto que esté próximo a ellos, obteniendo así información sobre él, y determinando si es comestible o no, o si supone una amenaza.

Los receptores táctiles llevan la información desde el sitio de estimulación hasta la columna (reflejo), puesto que no requieren de la integración en corteza cerebral, a diferencia de los otros sentidos, debido a que son mecanismos de supervivencia que no pueden esperar a procesarse, como lo sería el caso de tocar el fuego con la mano, que de manera refleja e inmediata la retiramos.

Es importante remarcar que cada sentido tiene su importancia per se, y de acuerdo con la especie y sus hábitos de vida y alimentación habrá mayor o menor desarrollo de cada uno de ellos (las aves de caza desarrollan en gran medida su sentido de la vista, mientras que los caninos son particularmente buenos con el olfato). Finalmente hay que recordar que cada sentido comprende un mecanismo complejo que requiere de integridad anatómica y funcional de cada estructura que lo compone, así como su integración neurológica a nivel cerebral.