Rehabilitan perros de Chernóbil para adopción

Fuego, lluvia, cenizas, desesperación, truenos que no venían del cielo pero sí de las armas de ‘los liquidadores’; el llanto de cientos de animales impregnó los días y las noches siguientes al accidente nuclear en Chernóbil, la madrugada del 23 de abril de 1986, sólo para después callar irremediablemente. Todos los animales y mascotas de la región de Prypiat fueron sacrificados para evitar la diseminación de la radiación y enterrados bajo hormigón para evitar su esparcimiento.

Ahora, 32 años después de la tragedia, aullidos y ladridos rompen el ambiente silencioso de Chernóbil, y regresan con una bocanada de esperanza a quienes creyeron que esto jamás sucedería nuevamente. Un grupo de perros callejeros se prepara para una nueva vida en Estados Unidos, tras su rehabilitación y posterior adopción.

¿De dónde salieron estos perros?

Si hubo una aniquilación masiva de animales domésticos, ¿cómo es posible que ahora, en una zona inhabitable durante los próximos 200,000 años, existan ejemplares de esta especie?

Para contestar a la pregunta, debemos remontarnos a la funesta primavera del ochenta y seis. De acuerdo con la opinión de los expertos, algunos animales pudieron escapar de los liquidadores (hombres que tenían la misión de exterminar a cualquier animal con que se cruzaran), y sus descendientes acampan en la actualidad en las cercanías de la antigua central nuclear.

También hay quienes afirman que, a diferencia de sus predecesores, estos perros sirven para cartografiar niveles de radiación. Gracias a un collar con un sensor en el cuello de los caninos, los científicos pueden medir los niveles de radiación sin necesidad de acercarse a la zona de afectación.

La fundación estadounidense Clean Futures Fund (CFF) cuenta con un polémico proyecto que busca, a toda costa, salvar y buscar un hogar a los perros de Chernóbil.

Su cofundador, Lucas Hixson, quien visitó Chernóbil por primera vez en 2013, como especialista en radiación, quedó impactado por la cantidad de estos animales que descubrió ahí, en las inmediaciones; tanto que terminó adoptando uno en 2018.

Su nombre es Dva, que quiere decir “dos” en ucraniano, esto debido a que se trata del segundo perro de Chernóbil en ser adoptado.

 

 

Los voluntarios del CFF creen que otros 200 perros tendrán un destino similar durante los próximos dos años. Aunque, claro, hay quien cree que Lucas y su equipo se están saltando una prohibición mortal.

¿Tú qué opinas? ¿Le darías la oportunidad a uno de estos canes?