Readaptación felina, ¿es posible?

Cuando hay un desastre natural pensamos en las vidas perdidas y en aquellos que han quedado desamparados. Todos recordamos el temblor del 19 de septiembre. Pese a lo terrible del evento, fue maravilloso ver las muestras de solidaridad entre personas, y fue grandioso observar que muchas organizaciones y activistas se unieron para solidarizarse con los animales.

Por ejemplo, algo que me alegró mucho fueron las decenas de conejos rescatados de un laboratorio de experimentación que quedó en ruinas tras el sismo, pero que actualmente se recuperan con rapidez para no vivir el horror sufrido y ahora estarán en un santuario, en una bella zona con pastos.

Los animales, después de un suceso catastrófico, necesitan ser rehabilitados. Y es que no todos pueden convivir con los humanos (de hecho no todos los gatos gustan de ser acariciados).

Siempre he pensado que cuando tenemos la intención de ayudar a un animal, debe ser porque le vamos a ofrecer un mundo mejor que el que vive. ¿Para qué pasarlo a una situación igual de incierta si la que posee es tormentosa? Y por eso hablaremos de la readaptación en gatitos, estos animales tan curiosos y elegantes que, lamentablemente, también son víctimas del maltrato, abandono o accidentes.

 

¿Por qué rehabilitar a un minino?

Es una pregunta de gran importancia porque en la medida que tengamos la respuesta, será más sencillo encontrar la solución, ya que se trata de ser honestos con nosotros mismos. Hay muchas razones por las que las personas rescatan un animal: porque desean quedárselo, sólo por ayudar, quizá enmendar algún error que tuvieron con un felino anterior, para quedar bien con alguien o incluso como un pasatiempo.

Sin embargo, el querer ayudar implica hacer el proceso completo, pues estamos responsabilizándolos de una vida, la cual es única e irrepetible.

 

 

Consultar a los expertos

Si un gatito es rescatado de una situación delicada y presentan comportamientos anormales, como agresividad, miedo intenso a las personas o movimientos bruscos, maúlla sin detenimiento, se lame las patas continuamente o se lastima a sí mismo, sin duda debe llevarse a consulta con expertos: veterinario y etólogo.

Recibo montones de correos electrónicos en los que la gente me consulta sobre qué hacer si su gato se rompió una pata al saltar de la azotea, o el perro comió algo que no debía y está vomitando y aullando de dolor. Pero debo añadir que, en ocasiones, he revisado estos correos y llevan en mi bandeja dos días y cuando respondo, me agradecen la respuesta… ¡todavía no han consultado a un veterinario!

Yo no soy veterinaria ni experta, y sólo respondo lo que deberíamos hacer, por sentido común, y porque si nosotros tuviéramos un accidente, desde luego que lo primero que esperamos recibir es atención médica inmediata para calmar el dolor y evitar una herida más profunda. Así que siempre se deben tener a la mano los teléfonos y direcciones de dos veterinarios de confianza (y de un etólogo).

 

Los gatos ferales y el TNR

Son aquellos animales que se han adaptado más al ambiente que a las personas, por lo tanto destaca un comportamiento más salvaje porque no han convivido con humanos. Conservan sus instintos de caza y reproducción. Normalmente están en sitios abandonados como edificios o construcciones, o en bosques o callejones. Por ello es difícil acariciarlos, atraparlos y esterilizarlos.

Sin embargo, la asociación Gatos Pingos hace un trabajo fabuloso con sus famosos TNR (siglas en inglés de trap-neutering-return, que en español es: atrapar, esterilizar, soltar). Este grupo de activistas es muy noble, amoroso y paciente con los mininos, porque pueden esperar semanas o meses para capturar a toda una comunidad de ferales.

Ellos han esterilizado a poblaciones numerosas porque corren riesgo de ser envenenados, o ser aplastados porque viven en escombros o edificios a punto de colapsar, torturados por gente y también por reproducirse sin control y, tristemente, muchas veces las crías no sobreviven por las inclemencias del tiempo, por peleas entre machos o por falta de alimento.

Puedes seguir en Facebook el trabajo de este grupo que si bien sabe que no puede quedárselos o buscar familia para todos los que rescata, esterilizarlos es una manera de disminuir la población felina, ya que no hay suficientes hogares responsables y amorosos para todos los animales que nacen.

Imagina: de una pareja de gatos, en sólo seis años nacen más de 70 mil animales, pues se multiplican de forma exponencial. También estas asociaciones saben que es peligroso dar en adopción gatos ferales a familias que no cuentan con los conocimientos o experiencia necesaria.

 

Medidas de seguridad: la transportadora

 

Muchos animales son víctimas de desastres naturales por falta de seguridad de sus dueños. Algunos huyeron despavoridos al no traer correa durante un paseo, otros fueron olvidados porque sus dueños los abandonaron, y unos más quedaron atrapados porque estaban atados en una azotea o presos en una jaula (y sin agua ni alimento).

Una de las medidas más importantes y que dan una mayor probabilidad para que un animal pueda ser devuelto a su hogar, es la placa de identificación con datos actualizados: nombre, domicilio y teléfono. También aconsejo que cuando el gatito tenga cita con el veterinario se lleve en una transportadora para evitar que escape y se pierda (además su comodidad estará garantizada). Es importante acostumbrarlo a su uso y acudir a lugares más amigables transportándolo en ella porque si no la asociará  con el veterinario y cada vez será más tormentoso meterlo.

Este aditamento garantiza la presencia cercana a nosotros de quien más queremos. En caso de un temblor o inundación, podremos dirigirnos a un refugio con nuestro felino. Sobre todo recordemos que son seres vivos muy curiosos y pueden meterse en problemas en lugares desconocidos; en casa sabemos qué riesgos puede haber, pero en un lugar ajeno pueden caerse, resbalar o quedar atorados. Las transportadoras son muy útiles porque los diseños cada vez se acoplan más a los animales: hay algunas con recipientes en los que el contenido no se derrama, cuentan con suficiente ventilación y espacio para meter una camita o una manta.

 

¿Cómo rehabilitar a un gato?

No sólo bastará la paciencia, el cariño y las atenciones veterinarias. También hay que ser muy respetuosos, porque no es agradable obligarlo a convivir con otros animales o personas, pues puede desprenderse irritabilidad y un miedo insoportable. Desde luego, es importante la presencia de un experto.

Algunos dirán que es importante que el gato nos relacione con experiencias gustosas como la hora del juego y de la comida, así que se pide que poco a poco mostremos un juguete muy atractivo y le dediquemos unos minutos, o bien le demos un premio muy apetitoso. Recordemos que la rehabilitación es todo un proceso y los cambios son graduales. Incluso pueden regresar aquellas acciones que pensábamos que el minino ya había  superado.

En cuanto a rehabilitación física, según el sitio web Ortocanis, hay muchos casos para aplicarla en gatos: para “eliminar dolor e inflamación, disminuir la cojera, mantener o mejorar la amplitud de movimiento, mantener tono, masa y fuerza muscular, minimizar o hacer más lentos los efectos de la degeneración articular (artrosis), para dar las máximas capacidades para que el animal sea funcional y pueda tener una buena calidad de vida”.

Es un tema muy complejo porque hay expertos que incluyen, durante una o varias sesiones, material como barras, pelotas, terapia con agua, con tal de que el gatito recupere su marcha y movimientos normales para garantizarle agilidad y una vida plena. Se invita al dueño a que lo alimente antes de acudir a su sesión, porque así disfrutará más los ejercicios y estará más tranquilo porque su pancita estará satisfecha.

 

 

Gatos de terapia

Es maravilloso que los animales, después de ser ayudados, puedan auxiliar a los demás. Hay múltiples estudios científicos que asumen que ayuda a bajar el nivel del estrés y aumentar la autoestima, a reinsertarse en la sociedad, a mejorar su capacidad para socializar, se desarrolla la empatía y el manejo de emociones.

En algunos casos, después de ser rehabilitados y certificados como animales de terapia, pueden integrarse a asilos, orfanatos y hasta prisiones. Es obligatorio que cuenten con todas sus vacunas, les guste dejarse mimar y tener contacto cercano con las personas, además deben ser tolerantes a ruidos fuertes o situaciones imprevisibles.

También su responsable debe tener amplio conocimiento del ejemplar y recibir capacitación sobre el uso de animales terapéuticos. En el caso de gatos con adultos mayores, éstos se sienten útiles al cuidar de una vida y estar al tanto de sus necesidades diarias: comer, aseo y descanso. Así que la adopción también es una opción en estas situaciones.

 

Como hemos visto, la readaptación y la rehabilitación son situaciones diferentes y una es más compleja que la otra, sin embargo, sí son posibles y en la mayoría de los casos, se pueden prevenir.

Elena Díaz