¿Cómo puedo elegir el alimento correcto?

Una vez que decidimos tener en nuestra vida a un animal de compañía, nos preguntamos: ¿qué le vamos a dar de comer? Si hemos decidido comenzar una gran aventura compartiendo nuestra vida con éste, la preocupación se dirigirá más hacia su salud física que lo que nos va a costar tenerle. 

Y por supuesto que todo lo iniciamos con gran entusiasmo y expectativas. Si es un cachorro de raza ya lo vemos como un ejemplar mucho más hermoso que los de las revistas. Si lo hemos adoptado, lo imaginamos completamente recuperado, con vitalidad, pelo sedoso y brillante. O al adquirirlo en una tienda, el vendedor o el veterinario nos recomendará un alimento que cubra sus necesidades nutricionales. El 54 % han recibido orientación del veterinario al respecto, pero esto no indica que tomemos la decisión basados sólo en su recomendación.

Cómo y qué le daremos de comer es muy variado, aunado a una enorme propuesta comercial. Pero esta babel alimentaria no está exenta de consecuencias incluso negativas y riesgosas. Un error es pensar que el perro es carnívoro (en realidad es omnívoro); otro es que lo que nos gusta a nosotros (pizza, pollo frito, hamburguesa) es bueno para él, y lo preferirá a sus croquetas, pero será debido a la palatabilidad (lo “sabroso”) y no por ello será una buena elección: ningún nutriólogo nos recomendará comer esos alimentos (un exceso de carbohidratos y grasas animales además le harán gordo y mal nutrido).

Breve historia de los alimentos caninos

En realidad hemos “humanizado” (antropomorfizado) al perro. Pero primero vayamos por el principio. En 1860, James Spratt, un electricista y vendedor de bombillas de Ohio, Estados Unidos, viviendo en Inglaterra se sorprendió al ver qué tan bien aceptaban los perros callejeros del puerto de Liverpool las galletas preparadas  con harina y sal para los marinos en altamar, las cuales le inspiraron a fabricar alimento seco llamado “pastelitos para perros”.

Así iniciaron las primeras croquetas. Un siglo y medio después, y con una extraordinaria historia de fabricantes y presentaciones, contamos con una variedad impresionante de alimentos: secos, semihúmedos, húmedos, premios, complementos y de grado médico. Los dividiremos en alimentos comerciales, Premium, Súper Premium, terapéuticos y otros.

Tipos de alimento

Alimentos comerciales: también conocidos como genéricos, son económicos (con gran demanda en el mercado) y sus materias primas cubren los requerimientos suficientes para ser registrados para su comercialización. Sin embargo, sus componentes no siempre tienen la digestibilidad adecuada, y para mantener su precio bajo se utilizan subproductos de harinas, así como un exceso de carbohidratos y proteínas no animales. Tienen baja digestibilidad y producen heces abundantes, mal olientes y sin forma.

Alimentos Premium: presentan materias primas de mejor calidad; su fuente proteica es pollo, res o salmón, entre otras, adicionados con vegetales que incluso evitan la fermentación (gases y mal olor). Son de alta digestibilidad, entonces las heces serán bien formadas, y se requiere una menor cantidad para cubrir sus necesidades nutricionales. También vienen suplementados con vitaminas, antioxidantes y ácidos grasos omega 3 y omega 6. Hay para perros de tallas y edades variadas, incluso algunos específicos por raza. 

Alimentos Súper Premium: se encuentran en la cumbre nutricional animal y ponen énfasis en la prevención y control de enfermedades (obesidad, enfermedades dentales, articulares, de piel, geriatras). Su costo es similar o ligeramente superior a los alimentos Premium, pero con indicaciones nutricionales y terapéuticas superiores aún.

Alimentos terapéuticos: aquí se agrupa a los especiales para pacientes alérgicos, insuficientes renales, hepáticos, cardiacos, con cálculos renales y de vejiga, lipidosis hepática y muchos más. Su historia se remonta a Morris Frank, un joven ciego considerado el primer entrenador de perros guía en Estados Unidos en la década de 1920.

Fue a finales de 1930 que su Pastor alemán Buddy enfermó; el veterinario Mark L. Morris estaba convencido de que podía mejorar la salud de los animales enfermos a través de la alimentación, así que después de diagnosticar en Buddy enfermedad renal, le elaboró una dieta especial, siendo el precursor de las dietas medicadas. Hay que señalar que éstas deben de ser suscritas por un Médico Veterinario, ya que es el indicado para diagnosticar la enfermedad y decidir la dieta correcta para el paciente.

Otros alimentos. Hay una tendencia a elaborar mezclas basadas en el principio de la alimentación de un carnívoro salvaje. La dieta BARF (biologically appropriate raw food o alimentos crudos biológicamente apropiados), tiene un número importante de seguidores y detractores. A favor existe más palatabilidad y menos problemas de digestibilidad. En contra, la dificultad de asegurar la misma calidad de nutrientes todo el tiempo y la posible contaminación con salmonella (bacteria) y triquina (parásito) entre otros. Pero es difícil seguirla si se requieren dietas para problemas articulares, dentales, obesidad, vejez, enfermedades de riñón, hígado, corazón, diabetes, entre otros. 

También existen los alimentos holísticos, que se anuncian con tener materias primas naturales y libres de conservadores, colorantes, saborizantes y aditivos artificiales.

Entonces ¿cuál le compro?

Para decidir la alimentación que le daremos a nuestro animal de compañía debemos asesorarnos con un Médico Veterinario, después escoger el que nos parezca la mejor opción para mantenerlo sano conforme a nuestras preferencias. Esta es una serie de consejos a considerar: 

  • Alimento particular para este amigo particular. Hay dietas para cachorro, para perros pequeños, activos, obesos, viejos, así como para cada especie, raza y características particulares.
  • Bolsa cerrada.  Jamás comprar un alimento que no se conozca su procedencia, esto es, que el empaque esté cerrado y con fecha de caducidad a la vista.  Al comprar “kileado”, existe el gran riesgo de que no sea el alimento que el vendedor dice que es, que esté rancio o contaminado, siendo probable le ocasione carencias nutricionales, enfermedad o infección.
  • Diferenciar entre barato y caro.  Escogerlo porque tiene menor costo por kilo es un error.  Por lo general los comerciales tienden a ser más baratos, pues son elaborados con productos de baja digestibilidad: tendrá que comer más para cubrir sus necesidades. Pero los alimentos Premium y Súper Premium se elaboran con materias primas de digestibilidad superior, necesitando menor cantidad para cubrir sus necesidades; no nos confundamos de que si come menos es porque le gusta menos. Más bien debemos calcular el costo de alimentación por día e incluso por año.

  • Más proteínas no significa mejor. Si buscamos un alimento basándonos en esto se hará que el organismo trabaje más en la digestión y eliminación de residuos afectando, por ejemplo, al riñón. Recordemos además que el organismo siempre que consuma más de sus necesidades, tenderá a almacenarlo en forma de grasa.
  • Si le gusta, es bueno. Basarse en la palatabilidad puede llevarnos a escoger alimentos húmedos sobre los secos, favoreciendo acúmulo de restos en los dientes, producción de sarro y pérdida prematura de las piezas dentales, además de mal aliento; o bien escoger aquellos ricos en grasa sobre los adecuadamente balanceados, llevando a la obesidad.
  • Todo con medida. Desde cachorro debemos calcular y medir las cantidades necesarias para cubrir sus necesidades; si no lo hacemos y le dejamos a libre acceso a su comida, es probable que consuma más de lo que requiere, no sólo incrementando el costo diario sino además el organismo lo almacenará como grasa. Cada fabricante indica en la bolsa la cantidad diaria que debe de consumir nuestra mascota.
  • Accesibilidad. Escoger un alimento que además pueda conseguirse siempre y con la mayor facilidad posible. Si hay que desplazarnos a gran distancia para conseguirlo y no somos previsores, no tendremos su alimento de costumbre y comenzaremos a comprar “por mientras”, casi siempre uno más barato en espera de tener acceso al que consume regularmente, alterando así la calidad de su nutrición.
  • “Hay que cambiar de marca con frecuencia para que no le aburra la comida. Este es otro error. A diferencia del humano, el perro y el gato no se “hartan” de lo que comen; su capacidad de diferenciar y degustar los alimentos es más reducido que el humano. Los fabricantes recomiendan que nos “casemos” con una marca para toda la vida, ya que el cambio frecuente puede producir diarreas al no poder digerir los nuevos ingredientes.
  • Necesidades reales. Por último, debemos ser sinceros con nosotros mismos cuando le compremos un alimento. Tal es el caso de adquirir una marca para perros de alta demanda de energía, sólo porque tenemos una raza de cacería, si lo único que hacemos es estar sentados juntos frente al televisor. 

Preocuparnos todos los días por la nutrición de nuestra mascota puede ser estresante. Para ello, las empresas fabricantes de alimentos para animales ya han hecho este trabajo de forma excelente.  Escoger un buen alimento, darlo con medida y a sus horas, mantener una adecuada salud bucal y darle mucho, pero mucho amor, se traduce en vivir y convivir intensamente todos los días con nuestro compañero de aventura.