Conociendo el mundo y afianzando su amistad

“Llamamos a esto ‘El tratamiento Casablanca’: “Esto podría ser el inicio de una bella amistad”. Doctor Ian Dunbar.

 

Thor es un Pastor alemán hermoso comprado en una tienda, pero con algunos problemas: no le gustan otros perros, le aterran los camiones, se abalanza sobre sus vecinos, ha mordido a algunos corredores, no acude cuando se le llama, no le agrada que lo toquen, odia que el veterinario lo inyecte, en fin.

Más adelante sobre la misma calle, Einstein, un mestizo vivaracho que solía vivir en las calles pero fue adoptado hace poco, es el perro que todos los niños quieren pasar a saludar al regresar de la escuela; los adora porque siempre le convidan una galleta o una caricia que él gentilmente acepta. A su humana le encanta llevarlo al parque donde Einstein gusta de conocer nuevos perros y personas, y lo ama, pues él no duda en seguirla cuando ella lo llama para regresar a casa. Incluso le recuerda que ya es hora de cenar cuando a ella se le pasa.

 

¿Por qué son tan diferentes estos perros?

Tal vez sus razas influyan, pero hay algo mucho más importante que marca esta diferencia: Einstein es un perro socializado desde pequeño con una amplia gama de cosas, seres y situaciones en las que lo positivo de sus experiencias construyeron su confianza; en contraparte, Thor pasó toda su infancia y adolescencia aislado de experimentar el mundo. Y las pocas experiencias que tuvo en el exterior fueron más bien negativas.

La evolución nos ha moldeado a todos los animales para una cosa: la sobrevivencia de nuestras especies, y ésta se logra evitando en primer lugar ser lastimados o muertos. Es por ello que durante nuestro desarrollo, al llegar a cierta edad, todo aquello con lo que no estamos familiarizados de manera positiva lo evitamos, y si decidimos experimentarlo, lo hacemos con mucho recelo.

La socialización es uno de los procesos más importantes por los que un cachorro necesita pasar; suele ser provisto y regulado por su madre. Pero si la crianza está en manos de un ser humano, es su responsabilidad proveerle de una variedad de experiencias en cantidad suficiente y con resultados positivos que cubran los principales entornos y situaciones que experimentará durante su vida (manejo que distingue a un criador profesional y ético de un vende-perros).

Es otra forma de vacunarlos, es una vacuna psicológica, tan obligada como las físicas. Y la mejor manera de decirle a un cachorro que el mundo es un lugar que vale la pena experimentar, es a través del juego.

 

 

Todo cachorro

Especialmente los de especies que manifiestan interacciones sociales más complejas, como los primates (los humanos) y los cánidos (los perros), aprenden a interactuar con el mundo y con sus congéneres a través del juego. Éste acondiciona sus cuerpos para llevar a cabo las actividades físicas que les ayudarán a sobrevivir en el futuro y prepara sus mentes para lidiar con los distintos resultados de sus propias acciones dentro de su entorno y con sus congéneres, y los predispone a repetir las conductas que generan un beneficio y evitar las que generan una consecuencia desagradable o neutra.

Las experiencias positivas construyen confianza y resiliencia; las negativas constantes, desconfianza, ansiedad, miedo, incluso agresión o indefensión aprendida.

Mientras tu cachorro está aún en su periodo de vacunación es riesgoso que explore el mundo sin restricciones, pues podría contraer una enfermedad mortal; pero por otro lado, el no permitirle explorar el mundo lo condena a una sensible reducción en su calidad de vida por el resto de su existencia.

Como ser vivo, una existencia carente de estímulos y con miedo a los que se llega a experimentar, es aún peor que morir a una edad temprana. Por eso lo obligado es iniciar el calendario de vacunación desde el primer momento: consulta con tu veterinario acerca las modernas vacunas que permiten un inicio más temprano.

Durante el proceso llévalo en brazos o en un morralito a conocer tantos lugares y personas como sea posible, cuidando no abrumarlo (o pasará de perro confiado a perro ansioso y tratará de evitar el estímulo al que quisiste exponerlo); ten premios sabrosos para ofrecerle durante cada experiencia. Llevarlo al veterinario para que asocie de manera positiva y progresiva el estar ahí y el tipo de manipulación que llevarán a cabo con él en el futuro (exploraciones físicas y procedimientos de estética como secadoras, cortaúñas, rasuradoras), te evitará muchos topes contra la pared.

Permítele convivir con perros estables que tengan sus vacunas completas, así como explorar en lugares libres de desechos de otros canes. Deja a su olfato ser libre para investigar. Muchas escuelas ofrecen el servicio de club de socialización donde puede interactuar con otros cachorros.

Invertir el tiempo que sea necesario en socializarlo te ahorrará mucho dinero y dolores de cabeza en tratamientos de modificación de conducta cuando sea adulto. Parafraseando a Frederick Douglass: “Es más fácil construir un cachorro fuerte que reparar a un perro roto”.

 

¿Y el juego?

 

El juego es crítico en el proceso de desarrollo. Socialmente nos dice mucho acerca de aquellos con los que interactuamos, y en consecuencia aprendemos a moderar nuestro comportamiento según con quien lo hacemos. Enseña autocontrol. Decidimos quién es de confiar y quién no. Se crean y se estrechan vínculos afectivos. Al existir confianza en tu compañero, el miedo a explorar y experimentar disminuye. El juego acerca espíritus, y uno que confía en su humano y se sabe escuchado y respetado por él, responde notablemente mejor a un entrenamiento.

Además genera una química cerebral que mejora el proceso del aprendizaje y su retención. Después de una sesión de entrenamiento lleno de recompensas, una sesión de juego con tu perro le permitirá en el futuro recordar con más facilidad lo aprendido.

El juego es atractivo sólo si es innovador. Hacer siempre a lo mismo o con el mismo juguete deja de ser estimulante tarde o temprano, por lo cual hay que contar con una gama de actividades y objetos para ir alternando. Jugar con tu perro requiere interacción física y mental de ambas partes, cuando es real cansa a los participantes, por tanto, lanzarle la pelota una y otra vez no es un juego, sólo es desgaste físico y rutina para tu can.

Usar el celular mientras “juegas” es como jugar “corre que te alcanzo” con una pared. Durante la actividad ambas partes se observan y se comunican. Algunos ejemplos: escondidillas, buscar premios de comida o personas, perseguirse uno al otro, morder y jalar un trapo (es importante establecer un equilibrio entre las veces que ganas tú y las que gana él; así no perderá interés en jugar contigo, ni tampoco se volverá un  tanto pendenciero), perseguir un señuelo de trapo, y hay uno genial, aprender nombres de objetos para cobrarlos; te comparto cómo lo hace Gwen Bailey:

Usa dos objetos distintos. Digamos un gato de peluche y un calcetín; arrójalos y él irá por ellos, fíjate cuál recoge (imagina que tomó el gato), y cuando lo haga felicítalo y jueguen con el peluche. Haz una pausa y recoge el otro objeto, lánzalos de nuevo y dile el nombre del artículo que recogió antes (“¡Busca el gato!”), si lo trae, felicítalo efusivamente, repite el nombre y jueguen; si te trae el calcetín, permanece neutral y vuelve a juntar ambos para iniciar de nuevo el juego. Luego de varias repeticiones aprenderá el nombre designado para el objeto en turno.

Céntrate en una sola cosa a la vez y cambia ambas cuando vayas a enseñarle una palabra nueva; una vez superado el gato, descarta también el calcetín y usa artículos nuevos para una nueva palabra, como un helado de goma y una pizza de goma. Cuando aprenda el nombre de más de uno, empieza a combinarlos (el gato y la pizza, por ejemplo) y nuevamente felicítalo por tomar el correcto y permanece neutral si se equivoca. Con el tiempo puedes enseñarle “llaves”, “remoto” (control remoto), “periódico”, e incluso los nombres de los integrantes de tu familia.

Una buena socialización reforzada con juego adecuado puede garantizarte que no necesitarás a un entrenador canino, a menos que sea para proveerle enriquecimiento ambiental a tu perro en vez de “corregir” problemas de comportamiento o enseñarle mera obediencia.

Un perro correctamente socializado es un perro que aprende a gestionar sus emociones y por tanto su conducta, que sabe lidiar con la frustración cuando se le presenta y, sobre todo, es un can propositivo que no se limitará a obedecer lo que tú digas, sino que estará dispuesto a comunicarte sus deseos, como invitarte a jugar, pues ama compartir su alegría contigo.

 

Si próximamente piensas recibir a un amigo canino en tu hogar o acabas de recibir uno, toma en cuenta la cantidad de responsabilidades que adquieres (la primera de ellas, si buscas un animal de raza, acude con un criador profesional y ético), y que éstas deberás cumplirlas por un plazo de entre 10 y 15 años, pues un perro no es una mascota, es un estilo de vida. Y por último mi recomendación: en vez de comprar, mejor adopta.