Por otro lado, la morfología de los animales, en especial la del perro visto de perfil, también es digna de atención, ya que el ejemplar presenta un patrón atigrado pero con el pelaje extremadamente corto y a pesar de que tiene rasgos de mastín español, también recuerda un poco al mastín que desde la época romana fue criado en la región de Nápoles.

No hay que olvidar que esta región de Italia estuvo dominada por España desde 1443 hasta 1713, por lo que no sería raro que Goya pintara en esta obra a perros que de acuerdo a sus rasgos, probablemente eran descendientes de antiguas cruzas entre mastines españoles y napolitanos, cruces realizados con el objetivo de hacerlos más feroces y mejorar así la función de esos animales en la caza o en la guerra. Dicha bravura queda de manifiesto en el hecho de que ambos molosos están embozalados.