¿Cómo demostrarles nuestro afecto?

 

¡Aceptémoslo! Los animales nos encantan. A la mayoría nos enloquecen los perros y gatos. ¿Será porque son tiernos, misteriosos y pícaros? Probablemente, y en definitiva, es lo que nos hace llevarnos a casa al primer callejerito que encontremos. Sin duda, es interesante observar que los primeros días en los que ingresa a nuestro hogar estará con la cola entre las patas y hasta con el cuerpo encorvado, pero unos días más tarde dormirá panza arriba justo con la cabeza apoyada en nuestra almohada.

 

¿Cómo podemos mostrar cariño a nuestro perro o gato, y cómo sabemos que ellos nos quieren?

Hay confianza

Siempre que un perro o gato entra en terreno nuevo, es apropiado darle su espacio: permítele olfatear y mirar, pero aprovecha para poner reglas (si dejarás o no que se suba al sillón o duerma en tu cama). Defínelas bien para no confundir al nuevo integrante; esto le dará confianza porque lo que le permitas hacer, sabrá que está aprobado por ti. Es importante que tu animal confíe en el medio que lo rodea, así que antes de ingresarlo a casa, dale un paseo por el vecindario para que se familiarice con tus vecinos y las áreas verdes.

Él confía en ti

Un perro o gato que confía en ti es aquel que muestra su pancita y permite lo acaricies. La panza de los animales es una parte muy susceptible y si te la muestra, siéntete afortunado. También te darás cuenta que confía en su hogar cuando toma siestas largas y profundas. Los ruidos quizá ya ni los escuche porque no llaman su atención, pues son parte de la vida cotidiana. Asimismo se acostumbrará a que salgas de casa sin importar el tiempo que tardes, no aullará ni se entristecerá cuando esté solo: sabe que siempre volverás.

 

 

Amor

Sin duda los humanos mostramos el cariño ofreciendo lo esencial a quien queremos. A tu perro o gato seguro no le faltará una camita, un juguete, alimento y atención veterinaria. Te aseguro que hasta tiene más de una cama, más de un suéter y muchos juguetes. No quiero decir que entre más cosas tenga, más lo quieres, sino que no le falta lo básico y, por lo tanto, es un animalito feliz porque no pasa la mayor parte del tiempo fuera del círculo familiar y tiene paseos diarios con correa. Tú eres feliz con su compañía y se lo demuestras con caricias o hasta breves masajes.

Él te ama a ti

Tu animal de compañía te ama si permite que lo acaricies, le gusta dormir contigo o hasta consiente que lo cargues. Sin embargo, hay compañeros peludos que no reaccionan como quisiéramos: no les gustan los besos o los abrazos, y eso hay que respetarlo porque es parte de su forma de ser. Pero quizá se siente intimidado: imagínate un pequeño ser que ve a un ser humano que lo mira a los ojos y le recarga una extremidad en su delicado cuerpo. Desde luego es atemorizante.

 

Respeto

Es vital respetar su descanso, hora de comida y de juego, es decir, debes dejarlo ser animal. He visto en reiteradas ocasiones a los que comen sentados en el comedor con su humano, que les festejan su cumpleaños con música e invitados, a los que pintan su pelaje o los acuestan en camitas individuales.

Yo considero que son bellísimos por el simple hecho de ser animales, así que es sano respetar sus cualidades. Claro, no hay nada de malo si te gusta disfrazarlo, siempre y cuando sea sólo por breves momentos.

Él te respeta a ti

Para saberlo, tiene que verte como el líder de la manada. Debe además ser equilibrado en sus emociones. Te permite salir a ti primero a la hora de un paseo, pues obedece tus indicaciones y conoce tu lenguaje corporal. No sólo te respeta, sino que respeta tu espacio y tus cosas; si no lo hace no es culpa suya ni lo hace por maldad; más bien es tu responsabilidad y quizá el mensaje que intentas enviarle no lo haces de manera correcta. No recurras a golpes o gritos, mejor pide ayuda a un experto (un etólogo).

 

 

Tolerancia

Un animal de compañía es una vivencia maravillosa, pero quizá no es una experiencia deseable para todos. Debes aceptar que adoptar un compañerito de cuatro patas conlleva a tolerar algunas acciones que consideres repulsivas. Recuerdo alguna vez cuando mi perrita se enfermó y vomitó en mi cama, o cuando rasguñó el colchón y llegó a romper mis sábanas.

O peor aún: una vez su veterinario me ordenó revisar sus heces fecales y tocarlas (obviamente con guantes) para saber si eran lo suficientemente duras o incluso he tenido que revisar si no se metió algo peligroso al hocico. Por lo tanto, vas a tener cercanía con sensaciones y experiencias digamos “repugnantes”.

Él te tolera a ti: tu animalito tolerará mucho de ti y no te abandonará si cometes errores en la forma de educarlo. He visto casos de perros que han sufrido a manos de sus dueños y aún así no los atacan. No quiero decir que no importa el daño que le hagas a tu perro o gato porque siempre te va a amar. ¡No! Al contrario, debes poner mucho interés y cuidado porque son seres vivos que viven 13 años o más, y lo mejor que puedes hacer por ellos es darles una vida plena.

Y no estaría de más que tomes un curso básico de etología canina para tener el conocimiento básico de educación y reglas para tu compañero.

 

Cuidados

Siendo dueño responsable es vitar lleves a tu animal de compañía a visitas periódicas al veterinario para que, en caso de malestar o enfermedad, las detecte a tiempo. También practica la empatía, por ejemplo, después de esterilizarlo es importantísimo lo dejes reposar y monitorea su estado de recuperación, ya que podría hacerse daño o estar mareado y caer al intentar caminar. Algunas personas creen que por ser animales se deben minimizar sus dolores, pero la verdad es que ellos sienten igual que nosotros y sus cuerpecitos son más delicados.

Él te cuida a ti: es un ser que tiene un gran corazón, es muy sensible y sabe si algo no anda bien en tu persona. Por ejemplo, cuando te sientes nostálgico, inseguro o enfermo, estará todavía más cercano a ti. Conozco personas que cuando se sienten mal del estómago, su perrito o gatito se recuesta delicadamente en esa zona. O cuando están sumamente tristes, su compañero peludo no se despega de su lado y los mira fijamente; es más, hasta acerca su lomo para dejarse acariciar. Y así estos humanos se sienten mejor, más tranquilos y más neutrales para tomar una decisión en el problema que los aqueja.

 

 

Socialización e individualidad

Es muy triste que haya dueños que no permiten que sus perros convivan con otros. Es más, si el pobre animal lo intenta, lo que recibe es un golpe. Son personas que lo humanizan, pues “¿cómo van a permitir que huela el ano de otro can? ¡Qué asco!” O están aquellos que se irritan cuando su animal ya ensució su suéter o botitas. Recuerda que son animales y el reconocer el olor de otro y no perder su aroma particular, es fundamental.

Por eso algunos se acuestan (o revuelcan) en la tierra después de ser aseados, pues únicamente quieren recuperar su perronalidad. Así que permite que se comporten como lo que son: animales. Ellos son felices socializando y conociendo a más perros. Por eso es importante que siempre los lleves con correa, pues en caso de algún malentendido, puedas intervenir.

Él te eligió a ti: este apartado me fascina, pues amerita una reflexión. ¿En verdad elegiste a tu gato o perro? Te invito a pensarlo detenidamente. Creo que algo te cautivó: su mirada, su necesidad de ser protegido, su carácter… Incluso algo te convenció: la situación en la que lo hallaste, porque sabías que quizá iba a morir si no lo llevabas contigo, o porque eras su única esperanza y decidiste cambiar su vida.

Hace unos años mi madre encontró un perrito callejero, lo llevó consigo y lo cuidó toda una noche, al amanecer lo llevaría al veterinario, pues se veía muy débil y casi no caminaba. Lamentablemente, no sobrevivió y murió en la madrugada. Creo que el cachorrito sabía que era su fin y sólo deseaba descansar en paz pasando sus últimas horas bajo un trato amable y digno. Y así fue. En casa lo esperé con mucha ilusión, pero ya no se concretó nada. Sin embargo, fue alentador saber que no murió olvidado en las calles.

 

Un animal de compañía es una gran responsabilidad, pero también una gran experiencia que te dejará conocimiento y ánimo para cuidar a otro que depende de ti. Con el tiempo te volverás más hábil en la forma en que lo educas, pero sobre todo aprenderás su modo de demostrar afecto, gratitud y emociones, como enojo o tristeza. Lo importante es ser observador y sensible ante sus necesidades; en ocasiones y aunque tengas años de conocerlo, siempre da sorpresas.

Si amas a los animales, opta por la adopción o rescate de un callejero. También te invito a denunciar un caso de maltrato o a convencer de no abandonar a quienes estén a punto de hacerlo. Con ello no solamente estarás mostrando tu cariño por ellos, sino por el presente y el futuro de la sociedad, pues sin duda, como decía el luchador social Gandhi “La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que se trata a sus animales”.