Papás que cuidan a sus crías

En este número dedicado a la maternidad no podemos dejar de abordar el tema de los machos que cuidan a sus crías. Si indagamos un poco en la naturaleza, encontraremos algunos buenos ejemplos de padres devotos de los cuales con seguridad destacan el hipocampo y el pingüino emperador, entre otros más, como veremos a continuación.

 

Caballito de mar (hipocampo)

 

Junto con sus 40 especies comparten el hecho de ser el macho quien queda embarazado una vez que la hembra deposita los casi 1500 huevecillos en una bolsa que tiene su pareja en su abdomen. Después de aproximadamente mes y medio nacen los diminutos hipocampos con una forma idéntica a sus progenitores (claro que mucho más pequeños).  En cuanto a la hembra, no es que deje toda la labor al macho, sino que regresa a visitarlo con frecuencia para asegurarse de que la gestación transcurra de forma adecuada.

 

Pingüino emperador

 

Es el de mayor tamaño de su especie (los ejemplares más grandes pueden pesar hasta 40 kg) y vive en la Antártida. Es a 80 km del mar donde se aparean porque es ahí donde las crías estarán a salvo de los depredadores, siendo el macho quien cuida y empolla un único huevo durante dos meses a temperaturas de -60 °C, haciendo verdaderos malabares para que el huevo no toque el suelo congelado, hasta que el polluelo eclosiona; en este proceso el padre no come, pudiendo perder hasta el 40 % de su peso.

La hembra, por su parte, una vez dejado el huevo al cuidado del padre, emprende un viaje de ida y vuelta que durará todo el tiempo de empolle de ese hermoso y preciado huevo. No es descuido, sino que regresa al mar con el fin de comer la mayor cantidad de peces posible y regresar a tiempo en que nazca su polluelo, para poder alimentarlo y cuidarlo al nacer. 

Hasta entonces el macho se libera de la extenuante tarea, pero ahora, agotado y casi sin reservas, tiene que emprender un largo viaje hasta el mar para poder alimentarse. Una parte hermosa de esta historia es que esta especie es monógama, lo que significa que hacen pareja para toda la vida.

 

Peces

 

Un caso muy interesante es el pez beta o “luchador de Siam”, uno de los más bellos peces de agua dulce caracterizado por sus hermosas y enormes aletas. Es el macho el encargado de producir una infinidad de burbujas en la superficie del agua, y una vez que ha fertilizado los huevecillos de la hembra, los toma delicadamente y coloca dentro de las burbujas, remplazando las que se revientan, regresando los huevecillos caídos e incluso a los pequeños alevines recién eclosionados.

Hay otros casos similares como los bagres, que se encargan de cuidar los huevecillos fértiles en su boca, hasta que los pequeños alevines eclosionan y alcanzan el tamaño suficiente para su vida en libertad. De igual manera lo realizan la rana toro y el sapito de Darwin, cuyos machos mantienen a los huevecillos en la boca, incluso hasta su metamorfosis de renacuajo a rana. Existen además ranas, sapos e incluso insectos (como la chinche de agua), cuyos machos llevan a cuestas los huevecillos hasta que nacen las crías.

 

Mamíferos muy hogareños

 

Encontramos aquí una buena dotación de machos muy hogareños. Entre los más destacados está el mono tití: el macho está presente en el parto de su cría, limpiándola al nacer y llevándola a cuestas, participando así en la crianza del pequeño y creando un lazo importante y necesario para la adhesión del grupo. La hembra, por su parte, amamanta a su bebé y comparte la labor de educación y cuidado de una o dos crías que son las que normalmente gesta por vez.

Y aunque no son realmente “maternales”, los lobos y zorros machos son sumamente protectores de sus cachorros, siendo ellos los que salen a cazar para traerles el alimento, brindándoles además protección. Así podríamos continuar con una infinidad de padres en la naturaleza que se toman muy a pecho su paternidad, compitiendo a veces con los cuidados que dan las madres, e incluso sustituyéndolas.

 

Emú

 

Dejamos al último al más particular de la naturaleza, el emú. Este pariente del avestruz obtiene el puesto principal en cuanto a las particularidades de cría. Una vez que llega la temporada el macho se encarga de crear un nido con ramas, y después de fecundar a la hembra, ésta pondrá hasta 20 huevos en el nido, y es aquí es donde empieza la rareza de esta forma de reproducción.

Es el macho el que se encarga de incubar a los huevos hasta que los polluelos eclosionan y la hembra lo deja a cargo para buscar una nueva pareja, con la que se cruzará, tendrá otro nido y así sucesivamente durante toda la temporada.

Una vez nacidos los pollos, el papá mantendrá a la nidada unida, protegiéndola y enseñándole a sobrevivir hasta por seis meses.

 

Finalmente, si bien en algunos de estos ejemplos incluso pareciera que las hembras no tienen mayor participación y podría dar la impresión de que se trata de madres “desnaturalizadas” (como las ranas toro, el pez bagre, la chinche de agua, entre otras) no es así, ya que es el rol que tienen en la naturaleza y llevan a cabo otras labores para la subsistencia de sus crías. Y no pasemos por alto que además es la manera en que cada especie ha logrado cumplir el único propósito que tenemos al nacer: el de reproducirnos para perpetuar la especie.