Maternidad interespecie

A través del tiempo, desde que el hombre inventó la escritura y seguramente desde épocas aún más remotas, se han narrado casos extraordinarios de niños adoptados y criados por animales. Cabras, ovejas, yeguas, vacas, cerdas, gorilas, osas, lobas y perras han sido las madres sustitutas de un buen número de personajes, y no sólo imaginarios, sino también de personas de carne y hueso. Mientras que Mowgli fue criado por lobos, un oso y una pantera en el maravilloso Libro de las Tierras Vírgenes de Rudyard Kipling, a Tarzán, lo criaron monos en la novela de Edgar Rice Burroughs.

Por otro lado, se afirma que un niño llamado Marcos Rodríguez Pantoja (n. 1946) vivió durante 11 años bajo el resguardo de una manada de lobos en la Sierra Morena, en España, siendo uno de los casos más estudiados de este tipo de fenómenos. Y también está el caso de Oxana Malaya (n. 1983), la niña ucraniana criada por los perros de la granja donde nació, convirtiéndose en otro suceso interesantísimo, real y muy reciente.

Sin embargo, también entre los animales se dan casos de bestias que protegen y alimentan a animales de una especie diferente. Aunque los casos son enormemente variados, estos eventos tan singulares casi siempre se dan entre mamíferos, pues esta clase de vertebrados tienen respuestas maternales parecidas, las cuales están mediadas por reacciones neuroendocrinológicas similares. Y aunque lo más común es que estén involucradas hembras que perdieron a sus crías o que padecieron una pseudogestación, también es posible que hembras en un estado fisiológico no relacionado a la maternidad e incluso algunos machos, puedan adoptar y criar algún animalillo huérfano.

Papiones y perros

El papión o babuino es un mono de la familia Cercopithecidae cuyas cinco especies se distribuyen en la mayor parte de África. Son gremiales, es decir, viven en manada, por lo que son animales muy sociables, aunque los machos pueden desplegar un comportamiento muy agresivo. Pueden formar grupos compuestos por cientos de individuos y en estos casos sus sociedades responden a una compleja jerarquización.

Los investigadores que los estudian han observado un extraño comportamiento que ha llamado poderosamente su atención y es el hecho de que con cierta frecuencia los papiones se apoderan de cachorros de perro y los crían como si fueran miembros de su propia especie.

Esta extraña conducta se da con mayor frecuencia en aquellas manadas de babuinos que han descubierto un nicho abundante en alimentos en los basureros de la periferia de algunas ciudades. En esos lugares, algunos ejemplares (curiosamente casi siempre machos), roban algún perrillo solitario y se lo llevan a la fuerza con el resto de su grupo, impidiendo por todos los medios que el cachorro escape. Con el tiempo, si el animalillo sobrevive a la brusquedad con la que regularmente es manejado por su raptor, se adapta perfectamente a la manada de simios, buscando alimento juntos e incluso desplazándose con los primates en caso de que ellos migren a otras regiones. Los perros son acicalados por los papiones, tal como lo hacen entre ellos, duermen con los monos y también están alertas a la presencia de intrusos indeseables como leopardos, leones, hienas y serpientes que representan un serio peligro para los babuinos.

Se ha propuesto que este extraño comportamiento puede tener su origen en que entre los papiones el hecho de tener crías otorga una jerarquía más alta en el grupo, por lo que son comunes los intentos de robo de pequeños babuinos y a falta de ellos, un perrillo puede suplirlos sin problema. Hay que tomar en cuenta que estos simios son omnívoros y que podrían matar y devorar a un cachorro muy fácilmente.

El siniestro caso del cuco

En la naturaleza a veces se dan maternidades verdaderamente siniestras y este es el caso del cuco (Cuculus canorus), un ave solitaria que se reproduce en amplias zonas de Eurasia, migrando en el otoño a regiones más meridionales.

Una vez que se aparean, las hembras de cuco buscan cuidadosamente el nido de pájaros de otras especies para depositar en ellos un huevo, aprovechando la ausencia temporal de los dueños del nido. A veces, eliminan uno o dos huevos de los residentes y en otras ocasiones simplemente dejan ahí su propio huevo. Una vez que los padres engañados incuban el huevo y nace el polluelo de cuco, éste empuja fuera del nido los huevos de sus padres adoptivos y en caso de que los pajarillos ya hayan nacido, también los expulsan para que mueran y así recibir todas las atenciones de las aves engañadas, las cuales realizan un colosal esfuerzo para alimentar al voraz polluelo de cuco que muy pronto, puede ser varias veces más grande que ellos mismos. Esta perversa artimaña puede durar meses, hasta que el cuco casi adulto abandona a sus abnegados padres sustitutos.

El fenómeno es digno de estudio, pues más de cien especies de aves pueden ser parasitadas por el cuco y se han identificado líneas de hembras de esta especie que se especializan en invadir los nidos de ciertos pájaros en particular pues se han especializado en el mimetismo de sus huevos con el de las aves invadidas, pues los patrones del cascarón del cuco pueden ser variadísimos. Algo en verdad aterrador y al mismo tiempo de enorme interés para biólogos y genetistas

Maternidad interespecie fomentada por el ser humano

En la naturaleza se dan innumerables y fascinantes casos de maternidad interespecie, pero también en muchas ocasiones son los seres humanos quienes inducen a que un animal crie a otro de diferente especie, ya sea por la muerte o incapacidad de la madre de la cría, o bien, para garantizar la sobrevivencia de las crías.

En el campo mexicano, es común hacer que las guajolotas empollen huevos de gallina. Se afirma que estas hembras son mucho mejores para incubar y para criar a los polluelos, sin importar si son suyos o de otra especie. Además, al ser más grande, la pava puede empollar un mayor número de huevos de gallina, ya que son más pequeños que los suyos. Por otra parte se aumenta la producción de pollitos, ya que las gallinas siguen poniendo huevos sin echarse a empollarlos, mientras las guajolotas los incuban. Esto es particularmente útil cuando se crían razas de gallinas raras o muy valiosas.

No cabe duda que la maternidad puede tener muchas y alucinantes facetas.