Animales famosos entre letras

A través del tiempo, el ser humano ha representado a los animales de compañía como sus fieles y leales seguidores en sus aventuras por medio de los libros. Las especies han ocupado un papel importante en la literatura, como los canes. Por ejemplo, en El coloquio de los perros, de Miguel Cervantes o Investigaciones de un perro de Franz Kafka.

Es por este papel preponderante del reino animal, que te presentamos esta lista de diez animales que seguramente te robaron el corazón cuando los conociste o los que aún te faltan por conocer:

Napoleón, en Rebelión en la granja, de George Orwell

Napoleón es el cedo que simboliza a Stalin en este clásico. No sólo es el mayor villano, sino, una de las metáforas más acertadas del siglo XX. Un verraco grande de aspecto feroz.

Bull’s Eye, en Oliver Twist, de Charles Dickens

Descrito por Dickens como un Bull Terrier inglés lanudo blanco y de rostro arañado, la mascota de Bill Sikes le es leal siempre, obedeciendo cualquiera de sus órdenes.

Argos, en La Odisea, de Homero

Con este gran personaje se puede afirmar que el perro es el mejor amigo del hombre, pues en este poema épico griego, Argos reconoce a Ulises en su regreso a Ítaca a pesar de su condición física.

Fang, en la saga Harry Potter, de J. K. Rowling

Cómo olvidar a la mascota del semi gigante Hagrid, el guardabosque del Colegio de Howarts de Magia y Hechicería. A pesar de que dentro de la saga, su autora lo describe como un imponente Gran Danés, decidieron representarlo como un adorable Mastín Napolitano.

Rocinante, en Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes

Uno de los equinos más carismáticos del mundo de las letras. Rocinante embistió los molinos de la Mancha y recorrió tierras españolas. Su nombre hace referencia a los alto, sonoro y significativo, toda una carga que supo llevar.

Platero, en Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez

Se posiciona como el burro más influyente de las letras. El mejor aliado de Juan Ramón Jiménez durante su regreso al pueblo de Moguer, en Huelva. Este animalito, se convierte en el principal vehículo para expresar la visión y reflexiones del escritor.

El Zorro, en El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry

Uno de los personajes más queridos y metafóricos de este cuento. Para él, ser domesticado es la mejor forma de sobresalir de su especie y El Principito, al llegar  a la Tierra lo acepta como tal. Uno de los mejores binomios que han existido.

Toto, en El maravilloso Mago de Oz, de Lyman Frank Baum

En el cuento infantil publicado en 1900 no se menciona la raza del leal amigo de Dorothy, éste era descrito como un perrito negro con el pelo largo y sedoso, de pequeños ojos negros que brillaban con alegría. Las ilustraciones, luego elaboradas por William Wallace Denslow, mostraron que se trataba de un Cairn Terrier, originario de Escocia.

Flush, en el libro del mismo nombre, de Virginia Woolf

Un Cocker Spaniel de orejas largas y unos “ojos atónitos color avellana” que se convierte en el medio por el cual entender la historia. Virginia Wolf, plasmó cómo es ver la vida a través de la mente de un perro.

El elefante, en El viaje del elefante, de José Saramago

Un elefante asiático, regalo del archiduque Maximiliano de Autria en el siglo XVI. Realiza un viaje por numerosos países como una burla a las flaquezas de la realeza.

Sin duda, los animales cargan con un gran significado en la vida de cualquier persona, no necesariamente deben ser de compañía. A veces nos dan lecciones que jamás imaginaríamos y todo esto a través de letras mágicas.