Fauna urbana

El crecimiento de la población hace que las ciudades se desarrollen rápidamente y, por desgracia, la mancha urbana se extienda y ocupe territorio rural, aglomerando a muchos en grandes urbes. Con la gente también conviven los animales de compañía, pero ¿qué pasa con aquellos que antes habitaban los lugares que ocupamos?, ¿se fueron o aún permanecen?

Efectivamente, muchos de los que habitaban esos territorios siguen ahí, otros llegaron acompañando a los humanos, y algunos más llegaron después; pero todos ellos componen lo que se denomina como fauna urbana.

 

 

Al hablar de este término es importante definir algunos conceptos que nos permitan entender a quiénes nos referimos. Según el Diccionario de la Lengua Española (auspiciado por la Real Academia de la Lengua Española) y la Ley General de Vida Silvestre (LGVS), entendemos por:

Fauna: al conjunto de animales de un país, región o medio determinados, en este caso, al conjunto que hay en una ciudad.

Fauna doméstica: son aquellos cuya reproducción y crianza se ha llevado a cabo bajo el control del ser humano por muchas generaciones, y que han sufrido cambios en su ciclo de vida, fisiología y comportamiento; se trata de especies que no tienen distribución histórica en México, por lo que se consideran exóticos para nuestro país.

Fauna silvestre: son aquellos que subsisten sujetos a los procesos de evolución natural y que se desarrollan libremente en su hábitat (se denominan nativos), incluyendo sus poblaciones menores e individuos que se encuentran bajo el control del hombre, así como los ferales, que son aquellos domésticos que por alguna razón quedaron libres del control del humano (son exóticos para nuestro país), como los perritos en situación de calle.

 

 

Fauna urbana

Nos referimos a los animales domésticos bajo control humano (mascotas o de granja), domésticos fuera de control humano (roedores como ratas y ratones, perros y gatos callejeros, algunas aves como canarios y periquitos), y animales silvestres propios de la región o introducidos. Ellos, junto con las personas, convivimos en una ciudad que nos sirve de hogar a todos.

La pérdida de espacio para las especies silvestres hace que en varias ciudades del mundo se reporten avistamientos cada vez más cercanos a la urbanización de aquellos que anteriormente no se veían. En la CDMX, particularmente en zonas de impacto ecológico como Cuemanco, el Pedregal de San Ángel, el bosque de Tlalpan, entre otras, es común ver tlacuaches y cacomixtles, inclusive serpientes de cascabel y cincuates, por mencionar algunos. Todos ellos en búsqueda de condiciones que favorezcan su viabilidad, como alimento fácil en los basureros o presas abundantes (ratas, ratones, moscas y cucarachas), en el caso de depredadores.

 

 

¿Cuál es la importancia del conocimiento de la fauna urbana?

Los animales domésticos que viven con el hombre pueden representar un riesgo al quedar libres de su custodia, ya que comienzan a tener interacciones con otros seres, ya sea de su misma especie generando poblaciones crecientes, o con individuos de otras especies porque comparten los nichos ecológicos y compiten por los recursos, o porque exista depredación entre ellos.

En otros casos, la invasión de los territorios al crecer las ciudades, aumenta la posibilidad de encuentros con algunos potencialmente peligrosos (serpientes de cascabel), lo que hace que los accidentes con ellos aumenten y que la población los considere como “nocivos”. Pero no todos son perjudiciales.

Los insectívoros, que consumen moscas, mosquitos y otros invertebrados, evitan se conviertan en plaga; golondrinas, lagartijas y geckos, e inclusive mamíferos como murciélagos, son algunos de los representantes de esta importante función. Muchos de ellos también realizan la polinización de las flores y la dispersión de semillas, por lo que numerosas plantas dependen de su existencia.

 

 

Fauna urbana en la Ciudad de México

Cuando hablamos de animales en esta urbe pensamos en perros, gatos, palomas y ratas. Nuestra mente podría recordar, en su imagen más salvaje, a las ardillas que ferozmente nos abordan en los viveros de Coyoacán, los bosques de Chapultepec y Tlalpan, o los jardines del campus de CU de la UNAM.

Aunque esta ciudad ha pasado por muchos cambios y su crecimiento ha sido exponencial en los últimos años, todavía alberga gran variedad de colibríes, tecolotes, el gorrión serrano, el conejo teporingo, la ranita del Pedregal, la tarántula del Pedregal, pelícanos y garzas, entre otros. Además de que muchos de ellos se encuentran aquí de manera exclusiva.

Existen mamíferos que se han logrado adaptar a algunas zonas de la capital, como la zorra gris, dos diferentes tipos de zorrillo, cuando menos 11 especies de murciélagos, el gato montés o lince, los cacomixtles y el tlacuache (el único marsupial que hay en la ciudad).

También están las aves, de las que existen al menos 330 especies, que van desde palomas hasta pelícanos, y que pasan el invierno en Xochimilco. Aves de rapiña como gavilanes, halcones y búhos pasan por encima de nosotros y utilizan los árboles urbanos para perchar y hacer sus nidos. Incluso, si se es observador y se mira hacia las copas de los árboles, se pueden distinguir tordos, zarzales, urracas, carpinteros, golondrinas o calandrias.

En el caso de herpetofauna, existen al menos 19 especies de lagartijas, tres especies de tortugas y 23 de serpientes. De anfibios se tienen identificadas 24 especies de ranas, sapos y salamandras, destacando el emblemático ajolote de Xochimilco.

Por último, de peces e invertebrados, los primeros en cuerpos de agua nativos con dos especies aún conservadas; los segundos los más diversos, pero a los que menos atención les ponemos, un sinnúmero de especies.

 

Si tantos animales se han visto obligados a vivir conviviendo entre ellos y con nosotros en las ciudades como fauna urbana, debemos tratarlos(nos) como vecinos, sin hacerles daño, y cuidando el medio ambiente que compartimos, sin contaminar o impactar el ecosistema más de lo que ya está.