Alzheimer canino, ¿se puede evitar?

Ya en ediciones anteriores de Animales de Compañía hemos tocado el tema de los problemas de comportamiento en perros viejos. En esta ocasión, además de recordar las situaciones más comunes durante esta etapa, platicaremos un poco de las actualidades y acciones que pueden ayudar a reducir el impacto de un problema cada vez más frecuente: la disfunción cognitiva, más conocida como Alzheimer canino.

¿Cuándo se hace viejito un perro?

La vejez o ancianidad es parte del último ciclo de la vida, y por lo general implica que todos los órganos, tejidos y sistemas que comprenden a un ser vivo se deterioran paulatinamente y van perdiendo la capacidad y funciones que llevan a cabo.

En el caso de los perros la vejez varía ligeramente, la etapa que podríamos denominar como crítica, en el sentido en el que el declive de las capacidades físicas del animal se encuentran claramente mermadas (disminución de la audición, movimiento, cataratas, pérdida de piezas dentales y disfunción cognitiva, por mencionar algunas).

Las razas y perros pequeños tienden a envejecer de manera más tardía (10-12 años) que las razas de mayor tamaño; las razas grandes y gigantes viven menos y su etapa de vejez se presenta de manera más temprana (unos 7-10 años); entonces de manera general podemos decir que los perros comienzan el proceso de vejez a los ocho años. Existen casos muy raros de disfunción cognitiva precoz (antes de los seis años), cuyo origen al parecer está más asociado a un tema genético.

La disfunción cognitiva (y otras enfermedades) tanto en perros como otros mamíferos (humanos incluidos) se asocia con un deterioro del sistema nervioso central (SNC), constituido por el conjunto que forma el cerebro con el cerebelo y el bulbo raquídeo, la glándula pituitaria y la médula espinal, de la cual parten una serie de ramificaciones, además de los nervios sensoriales y motores.

Este deterioro o degeneración, de acuerdo con muchas posiciones científicas y estudios, tiene factores de predisposición genética y factores asociados a la alimentación, la calidad de vida y al estrés oxidativo, estableciendo que: “El origen de algunas enfermedades neurodegenerativas se relacionaría con el exceso de producción de sustancias prooxidantes (radicales libres, metales de transición), el déficit de mecanismos de defensa contra la oxidación, o ambos factores” (F. J. Jiménez-Jiménez, H. Alonso-Navarro).

¿Qué síntomas se presentan en la disfunción cognitiva?

Es importante decir que los signos no siguen un patrón en cada caso, ni que la vejez necesariamente atraviesa por esta situación, pero es frecuente y vale la pena identificarlos para mejorar la calidad de vida de nuestros compañeros.

Desorientación: vemos que los perros que ya comienzan con un desconocimiento de su entorno, incluyendo a su familia, a veces no reconocen a la persona y se muestran temerosos cuando se les llama, desconocen el lugar, se desplazan con claras señales de miedo (cola metida entre las patas, por ejemplo), se desorientan sin saber a dónde moverse, se quedan quietos como pensando, incluso hay casos en los que intentan huir sin causa aparente.

Pérdida de memoria: además de la desorientación se les olvidan algunas órdenes y palabras que antes asociaban (por ejemplo, con un paseo), o lo que antes les motivaba sobremanera ahora parece no importarles; la realidad es que simplemente ya no asocian la palabra con nada y las experiencias que antes eran placenteras carecen de sentido ahora.

Esta situación puede verse de manera aislada o poco frecuente al principio; al ser una condición que empeora con el tiempo esta frecuencia e intensidad de los signos se verán incrementadas.

Ansiedad: al encontrarse desorientados y con fallos de memoria intermitentes, es probable que se genere un estado de ansiedad; irritabilidad, signos de miedo, agresividad, pueden ser señales de ansiedad, quizás comiencen a orinarse y defecar en lugares donde ya no lo hacían, lloriquean sin causa aparente, se esconden, destruyen cosas, pareciera que “tienen una regresión y se portan mal”;  la ansiedad y su intensidad generan una serie de conductas que normalmente no observábamos.

¿Tiene cura?

Desafortunadamente una vez presentados los síntomas es difícil revertirlos. Se considera una enfermedad incurable como tal; es sabido que las células súper especializadas -como es el caso de las neuronas (células cerebrales)- son las que menos capacidad de recuperación y reproducción tienen. Sin embargo y al igual que con los humanos, existen acciones preventivas que muy probablemente ayuden a evitar o retrasar los signos de la disfunción cognitiva:

  • Alimentación sana: alimentos balanceados deben considerar las diferentes etapas de desarrollo y vida: no es lo mismo alimentar a un cachorro o a un adulto que a un perro en etapa de vejez; hoy en día contamos con alimentos balanceados especializados por etapa, y algunos consideran la parte preventiva, incluyendo cantidades importantes de antioxidantes en su fórmula.

Incluso antes de considerar a un ejemplar como “viejo”, la intención es evitar de forma oportuna el daño neuronal ocasionado por los famosos radicales libres (son moléculas inestables que buscan estabilizarse al “conectarse” con otras moléculas cediendo o ganando electrones) derivados del estrés oxidativo.

Los antioxidantes o ingredientes con alta capacidad antioxidante que se incluyen en fórmulas balanceadas buscan bloquear dichos radicales libres, y de esta manera evitar daños en las diferentes células (incluidas las neuronas).

  • Vida sana: el ejercicio moderado, combinado con una alimentación sana, al parecer tienen un efecto benéfico contra la disfunción cognitiva; gran cantidad de investigaciones concluyen que el ejercicio es una actividad beneficiosa en aquellas enfermedades en las que está involucrado el estrés oxidativo debido a su capacidad antioxidante.
  • Mente ocupada: constantes retos y aprendizaje colaboran en el mantenimiento de la capacidad cerebral de mantenerse activa, la llamada gimnasia cerebral; es sacarlo de su usual funcionamiento, de activar las partes que se encuentran dormidas y estimular el lado del cerebro que no se usa.

El mito de “perro viejo no aprende trucos nuevos” es falso: las técnicas de enseñanza con refuerzo positivo tienen aplicación durante toda su vida. Y si bien la capacidad de aprendizaje está más dispuesta en sus primeros meses y años, no desaparece en etapas de adultez e incluso vejez. Hay que darle juegos y retos nuevos, que busque golosinas en juguetes ocultos en algún lugar: es mantener su mente ocupada.

  • Enriquecimiento ambiental: hacerlo no solamente en donde más tiempo pase (patio, jardín, algún cuarto), sino evitar la monotonía, darle paseos variados, rutas nuevas; la intención es proveerle de  estímulos que le generen bienestar y reducir la ansiedad. Hay que dosificar los juguetes (para que no se acostumbre y pierda interés), que tenga espacios con plantas, pasillos y muebles de diferentes niveles a los que tenga acceso; en suma, es tomarse el tiempo de diseñar el espacio en el que va a pasar más tiempo.

Todas estas acciones y recomendaciones tienen como objetivo, por un lado, reducir el riesgo de que se presente esta disfunción; por otro, prepararnos para que, en su caso, proveamos a nuestro perro de un ambiente seguro, mejorando su calidad de vida en su última etapa. Sobra decir que nos regaló lo mejor de sí durante muchos años, incondicionalmente, así que asegurémonos de que ahora viva de la mejor manera, más en su vejez (se lo merece).