Hurones, amor que mata

Muchos de nosotros somos capaces de amar incondicionalmente a nuestros animales de compañía, pero, ¿dónde termina ese gran afecto y comienza a serles dañino? Tristemente existe el amor mal entendido que se convierte en consentimiento dañino o inconsciente que termina por afectar su vida. Aquí presento unos ejemplos:

Vivir libremente en casa

El deseo de ofrecer a nuestro hurón el mayor espacio posible puede hacer que abramos la puerta a incontables peligros. Es incapaz de levantar una lámpara si la llega a tirar, y su curiosidad suele meterlo en muchos problemas, como atorarse dentro de grandes electrodomésticos o encontrar aquel registro de agua roto que jamás habíamos cambiado o sabíamos que existía.

Terrazas, inodoros, clósets altos, el interior de los sillones, son lugares perfectos para generar horas de incontables travesuras y problemas reales cuando se encuentra sin supervisión. Por otro lado, los zapatos, el control remoto, los aparatos de ejercicio, juguetes de niños, botes de basura… en fin. ¡Hay tantos objetos que no tendría forma de señalar por qué todos ellos son susceptibles de ser “probados” por el curioso paladar de este peludo!

Así que, como podremos observar, contar con una casa “a prueba de hurones” es muy difícil, desgastante, y en ocasiones imposible. Por lo anterior, es recomendable contar con un espacio controlado, como lo es una jaula, para así ir a trabajar o al colegio sin riesgo para ese miembro de la familia; así a nuestro regreso podremos dejarlo andar libremente unas horas… pero bajo supervisión constante.

Comida destructiva

Hay tantos alimentos de consumo humano que pueden enfermar a nuestro hurón y que solemos dárselos como muestra de nuestro “gran amor”. Dulces, chocolates, galletas, refrescos, bebidas alcohólicas, fruta, comida casera, y mil más, sólo por el (dañino) pretexto de que “le gusta” o “es que me lo pide”.

A los diabéticos no les deja de gustar lo dulce, sin embargo, el manejo de su enfermedad les ha permitido comprender que deben evitar el azúcar; y de la misma forma, como propietarios debemos ser conscientes de evitarles aquellos alimentos y golosinas que no son saludables, y sin importar cuanto rueguen o exijan, no se les deben dar, porque sabemos que no son buenos para su salud.

Amigos que no los son

Los hurones son carnívoros, así que pese a los cientos de años que han sido seleccionados para convivir con el humano como animales de compañía, muchos de ellos aún conservan su instinto cazador. Así que insistir en que se lleve bien con su “hermanito” cuyo, hámster, jerbo, conejo, canario, loro o tortuguita, no será lo más conveniente. El instinto arraigado que tienen por cazar, puede recordarles su excelente técnica para matar y sorprendernos por su rapidez y habilidad.

Por tanto, evitemos accidentes, enfermedades y daños a ellos y a otros. Ante alguna duda, consultemos con expertos y con un veterinario especialista en exóticos.