Comprar o adoptar. Esa es la cuestión

“Doctor, he decidido adquirir un perro y quiero que usted me ayude a elegir si compro uno de raza o adopto uno de un albergue, o mejor aún, busco uno en la calle y me lo llevo a casa”.

La situación anterior no sucede ni por mucho. Las personas que adquieren uno por lo general tienen ya una idea definida. Quizá desde que tienen memoria han convivido con perros y cuando se independizan de lo primero que quieren es hacerse de uno que no sea de la familia sino “suyo”, uno que decidieron por ser la raza que siempre quisieron tener cuando tuvieran su propio hogar. A veces tienen una idea clara (y otras no tanto), de las características genéricas del grupo al que pertenece el ejemplar y de las particularidades de la raza.

Por ejemplo, saben que quieren un Dogo de Burdeos u otro moloso para que le tengan respeto y los cuide, un irreverente Boston Terrier para que les revuelva la casa, o bien un Chihuahueño para traerlo en la bolsa. Otros quieren cierta raza por haberla visto en la última película, por estar de moda ya que esa estrella de cine o personaje de la nobleza tiene uno igual, y muy en el fondo o muy por encima dicen: “Ya me vi paseando a mi_______ (pongan la raza que quieran); seré la admiración e incluso la envidia de todos con los que me cruce en mi camino. Sí, ya me vi”.

Adquisición

Comprar un animal de raza es, sin lugar a dudas, una acción planeada, donde ya tenemos en mente uno en particular e incluso el sexo que ha de tener nuestro nuevo compañero. En este caso por lo general se adquiere cachorro, por lo que se recomienda tenga como mínimo dos meses de edad para que haya una madurez mental que le permita saber que es un perro y no impronte con su propietario; aquellos que son quitados muy pronto de la camada pueden no saber desenvolverse bien con su congéneres. 

Debemos de pensar en su bienestar. Por ello no es recomendable adquirir razas a las que no podamos brindar tiempo, espacio y cuidados adecuados; no podría recomendar un Bulldog inglés a un deportista de alto rendimiento que quiere salir a correr con su perro, o un Bull Terrier para el abuelito de 75 años que le sirva de compañía en sus largas caminatas por el parque. Al primero se le ahogará después de las primeras tres cuadras, y no quiero ni imaginarme los accidentes a los que se verá expuesto el segundo.

También podemos hablar de perros con mucho pelo para personas con muy poco tiempo libre y muchos más casos. No son leyes, pero sí son reglas generales que hay que observar antes de decidirnos por una en particular. 

Por otro lado, la historia de la gran mayoría de los ejemplares mestizos es el haber sido obtenidos de un pariente o amigo cuya perrita se cruzó y al no tener raza definida, los ofrecen en adopción; o bien pueden ser adquiridos de un albergue temporal y muchos más son levantados de la calle, porque nos llegaron directo al corazón, los vimos desvalidos bajo la lluvia, se nos acercaron agitando alegremente el rabo y con la cabecita agachada, venían con una cara de espanto por estar perdidos o los vimos en la orilla de la avenida recién atropellados.

Estos son los perrhijos no planeados, de los que no pudimos decidir ni el tamaño, ni el sexo, ni la edad o condición física, sólo sentimos que necesitaban una mano y se la dimos. Ellos no se han cotizado desde el principio, quiero decir, adquirirlos no nos ha costado un peso.

Pero entonces… ¿lo compro o lo adopto? 

Esta es una pregunta que no puede ser contestada sin parcialidades, esto es, sin influir con nuestro criterio en las demás personas. Cada uno sabrá, en el momento de adquirir un animal de compañía, cuáles son sus razones para ello. Pero veamos en forma general ventajas y desventajas de cada uno de estos puntos.

Comprar un cachorro de raza nos asegura una conformación definida cuando es adulto. Pero antes, cabe mencionar que es muy importante adquirirlo de un criador profesional, que demuestre tiene pedigrí y nos dé factura. Incluso existe una ley bajo la cual se exige al vendedor ofrezca un certificado de garantía avalado por la Profeco. Por otra parte, existe la posibilidad que los perros de raza tengan enfermedades congénitas debido a la endogamia (cruza muy estrecha entre parientes), así como de otro tipo: conducto arterioso persistente, hidrocefalia, luxación de rótula, las cuales pueden ser identificadas muy temprano y podamos hacer el reclamo adecuado. 

También hay enfermedades congénitas que se verán a más avanzada edad, como la displasia de cadera, en el caso del Cobrador de Labrador, Rottweiler, Pastor alemán, entre otras. Es importante aclarar esto con el criador antes de cerrar el trato.

Un punto importante es recordar que cuando adquirimos un cachorro implica el riesgo de que padezca enfermedades infecciosas como distemper y parvovirus, que pueden ser mortales. Ahora bien, el arriesgarse a comprar un animalito en lugares inadecuados como tianguis y con pseudo criadores, es arriesgar el dinero, además de fomentar que personas sin escrúpulos exploten a las perras con tal de ganar dinero, que vendan animales enfermos o parasitados y disfrazando a los cachorros para que parezcan de determinada raza con tal de vender.

Cuando nos damos cuenta del engaño, ya nos hemos encariñado y quedado con él, esto en el mejor de los casos, ya que no tiene ninguna culpa; sin embargo, esto propicia al mal vendedor a seguir con sus engaños.

Adopción

Un perro adoptado por lo general es un perro agradecido, nos ve con gratitud que sólo él sabe mostrar. Claro que algunos no se podrán adaptar pronto a nuestro estilo de vida, otros tardarán en aprender dónde ir al baño, a no destruir cosas en el hogar y a guardar la compostura, pero créanme, vale la pena. 

Uno adoptado de una protectora, además ya vendrá esterilizado y no gastaremos tampoco en ello (aunque pidan un donativo, no refleja en realidad el costo de su salud, albergue y manutención), incluso estará desparasitado y al ser por lo general adulto, no lidiaremos con las enfermedades de los cachorros. Si ya tenemos otro amiguito en casa debemos tener mucho cuidado, pues las agresiones del que llegó antes con el extraño y viceversa pueden ser desde molestas hasta catastróficas. 

Es cierto que algunos quizá vengan con enfermedades como secuelas de distemper, patologías cardiacas, insuficiencias hepáticas o renales; habrá que gastar y lidiar con ellas porque tal vez son demasiado viejos. No hay que desanimarse: en la calle no estará mejor y si vive tres meses o tres años, serán con los cuidados adecuados y el amor que quizá nunca tuvo. 

Si bien el adoptar es un signo de bondad por parte del ser humano, no debe de ser un acto impulsivo; si por alguna razón adquirimos un perro de la calle y un poco más adelante nos damos cuenta que no podemos tenerle, ese animal, aunque no esté en desamparo, sigue teniendo la misma problemática: no tiene un hogar permanente. Y sería igual o más cruel el regresarle a ese sitio, pues ya se sentía salvado. En el caso de que nos ocurriera esta situación, debemos buscarle un hogar permanente, pero nunca regresarlo a la calle.   

Para concluir, adquirir un perro es una responsabilidad.  Debemos de buscar el bienestar animal a la par del nuestro, esto implica una convivencia armónica entre humanos y perros. Nos han acompañado por más de 35 mil años y nos toca comenzar por ser más responsables para con ellos, nuestros amigos animales.

La única solución para terminar con la impunidad de los malos criadores, de la gente insensible y del perro en la calle, es la legislación. Países como Canadá lo han erradicado al aplicar leyes de tenencia, pagando impuestos por ello, poniendo vigilancia en el hogar y regulaciones para adquirir un perro; por ejemplo, no permiten tener ejemplares de talla grande en espacios reducidos. Por lo pronto, ante la ausencia de leyes debemos seguir sencillas normas:

  Antes de adquirir un perro:

– Pensar bien antes de tomar esa responsabilidad

– Decidir si adoptar o comprar

– De comprarse, que sea con un criador certificado

– Si se adopta (o compra), tener siempre un plan B: qué hacer si hay dificultades para cuidarlo

Si después de esto no he logrado desilusionarte de tener un perro y decides adquirir uno, te felicito: disfrutarás de una vida plena y feliz como nunca antes pudieras imaginarlo; te cambiará la vida, de eso estoy ciento por ciento seguro.