Terapias con perros en cárceles y centros de readaptación

Al escuchar sobre perros de asistencia o de terapia, por lo general suponemos que forman parte de un proyecto para ayudar personas con alguna enfermedad, de edad avanzada o con alguna discapacidad. Sin embargo, estos perros pueden ir más allá de estos rubros. 

Muchas prisiones buscan nuevas fórmulas para mejorar su modelo y favorecer el proceso de reinserción de los reclusos. Una de ellas tiene que ver con la implementación de actividades con perros. Es por ello que en algunas cárceles de Europa, Estados Unidos y Sudamérica se han iniciado terapias para asistir a los reclusos. Por lo general los perros que forman parte de estas terapias han sido abandonados y con frecuencia también maltratados, pero a pesar de ello, tienen un perfil tranquilo y sociable.

En este caso, la cárcel se convierte en hogar temporal para ellos hasta que están listos para ser adoptados. Esta ha sido una maravillosa iniciativa que ayuda a la resocialización de los presos, a través de su trabajo con los canes y, al mismo tiempo, resuelve el gran problema de sobrepoblación de las perreras.

 

 

El cuidado de los perros, como parte de un programa supervisado, ha demostrado ser de gran utilidad como complemento en los proyectos destinados a internos con falta de afectividad y autoestima. Este cuidado que requiere el animal proporciona un mayor sentido de responsabilidad y atención del recluso. Y se ha observado que el interno consigue integrarse más fácilmente a la dinámica de la prisión, mejorando notablemente su cuidado personal y sus pertenencias.

Aquellos con mayores carencias afectivas y emocionales son los que tienen un mayor aprovechamiento del llamado programa TACA (Terapia Asistida con Animales). Esto pone de manifiesto que a veces es necesario el abordaje de las dificultades personales de los internos con enfoques innovadores y alternativos que permitan llegar hasta ellos.

Se busca entonces humanizar las prisiones, y de esta manera los internos se convierten en educadores y ayudan a los perros a tener más opciones de ser adoptados. La relación es recíproca, ya que ellos también aumentan la posibilidad de tener una vida mejor fuera de la cárcel a través de la formación adquirida. A continuación mencionaremos y describiremos algunos de los programas existentes en el mundo.

 

Fundación Affinity (España)

 

Europa, y en especial España, ha sido ejemplo de que estos programas se han llevado a cabo con mayor efectividad. Con el apoyo de la Fundación Affinity, desde 2008 casi 1000 reclusos de 14 prisiones españolas han podido cuidar y convivir con más de 50 perros gracias a un convenio con instituciones penitenciarias.

El propósito de estas terapias es que los reclusos tomen el papel de cuidadores del can, haciéndose responsables de él en todos los sentidos. Ellos deben ocuparse de sus cuidados, alimentación, ejercicio y paseos, siempre con el acompañamiento interprofesional de los educadores, psicólogos y funcionarios especializados de la cárcel.

En otros casos, el animal forma parte de un programa terapéutico dirigido por los educadores o psicólogos de los centros donde el ejemplar actúa como facilitador y ayuda a reducir los niveles de ansiedad y estrés de los reclusos. Crea rápidamente una conexión a nivel emocional con ellos, formando un vínculo que hace que se abran y expresen más fácilmente, facilitando la labor de los profesionales del centro, especialmente los psicólogos.

También ayuda a reducir los niveles de ansiedad, depresión, facilita las relaciones entre internos, favorece la creación de un ambiente más saludable y por lo tanto, a reducir conflictos entre la población carcelaria.

 

Prison Dog Program (Estados Unidos)

 

Es una de las iniciativas de reinserción de reclusos más exitosas de este país. El programa busca enseñar a los presos el adiestramiento canino con el propósito de convertir a perros abandonados o callejeros, en lazarillos de personas con discapacidades físicas y motrices; incluso en otros casos, a prepararlos para ser adoptados por una familia. 

La idea surgió en la década de los 80, gracias al interés de la religiosa Pauline Quinn, integrante de la comunidad dominica, quien pretendía encontrar los beneficios que otorga la relación del humano con el can, donde pudieran aprenderse valores como la protección, el amor, el respeto y la dignidad. De esta manera, se lograría brindar una nueva oportunidad de vida, tanto a los reclusos como a los animales. 

Al finalizar el proceso, que puede tardar entre 18 y 24 meses, los ejemplares están preparados para ejercer su nuevo rol y los reclusos logran calificarse como adiestradores profesionales, actividad que podrán ejercer una vez salgan de prisión y que contribuirá a su resocialización. En definitiva, ambas partes ganan. 

 

Huellas de Esperanza (Argentina)

Este programa es uno de los proyectos líderes en la resocialización de reclusos con caninos que se desarrolla en América Latina. Argentina es, a la fecha, el único país latinoamericano en implementar este tipo de programas. Ya son tres los centros penitenciarios donde se llevan a cabo los programas de adiestramiento: el Centro Federal de Detención de Mujeres, el Complejo Federal de Jóvenes Adultos en Marcos Paz, y la Unidad 19 de Ezeiza.

A través de esta iniciativa, el Servicio Penitenciario Federal trabaja para reducir los niveles de violencia entre los reclusos y mejorar su integración, entregando bajo su responsabilidad la protección y formación de los perros. 

El equipo está conformado por veterinarios, trabajadores sociales, médicos, encargados de logística, fotógrafos y adiestradores, todos ellos empleados del Servicio Penitenciario Federal. Entre todos coordinan el proceso completo que dura un año y medio e incluye el adiestramiento del can y el acoplamiento con el recluso. Dentro del Servicio Penitenciario, el programa trabaja con ejemplares de la raza Labrador, los cuales llegan desde los 45 días de edad.

Desde entonces los reclusos conviven con ellos, los cuidan y realizan tareas de adiestramiento supervisadas por los profesionales. Huellas de Esperanza tiene como principal finalidad el entrenamiento de perros para asistencia, los cuales son entregados una vez concluido su formación, a personas con alguna discapacidad o adultos mayores.

 

Programa Itínere (Fundación Érguete, España)

 

El objetivo de este programa es lograr la incorporación, tanto social como laboral, de personas que están privadas de su libertad o en su proceso final de condena para salir libres. Se trabaja en el Centro Penitenciario de A Lama con un grupo de jóvenes de menos de 25 años quienes, en su mayoría, fueron detenidos por delitos menores tales como pequeños robos, peleas, tráfico de drogas minorista, conducir en estado de ebriedad, por ejemplo. Por otra parte, son jóvenes que no han terminado los niveles básicos de educación y jamás han trabajado.

Este programa trabaja en conjunto con un refugio de animales, el cual aporta los perros abandonados. El propósito es formar y educar en valores a los muchachos encarcelados, apoyándose principalmente en la interacción que ellos logran con los animales. Los ejemplares elegidos son aquellos que fueron abandonados y, en muchos casos, maltratados.

Al trabajar con canes recogidos de la calle, se busca que los jóvenes vayan ganándose su confianza con base en el respeto por el perro, enseñándole sin gritos y sin violencia. Así se va logrando que los internos aprendan a ser pacientes, que vean que pueden dar y recibir afecto a partir de su interacción con estos animales. El objetivo es que consigan disminuir su impulsividad y evitar la reincidencia delictiva.

 

 

Objetivos de los programas de reinserción

  • Potenciar las habilidades de comunicación y de relación personal.
  • Mejorar la autoestima y la autonomía.
  • Mejorar las relaciones sociales.
  • Reducir los estados de ansiedad y depresión.
  • Fomentar el sentido de la responsabilidad.
  • Facilitar la reintegración de los reclusos en la sociedad.

 

Los programas deben realizarse por un equipo multidisciplinario integrado por psicólogos, entrenadores, guardias, veterinarios y cualquier otro profesional que tenga especial interés en la colaboración de este plan. El desarrollo de los programas debe constar de lo siguiente:

1. EVALUACIÓN INICIAL (para determinar si el perfil del interno seleccionado es acorde con las características del programa):

  • Formación a los internos: la realizará un experto (veterinario y entrenador), y se enfocará en la educación, higiene y en un momento dado, crianza de los animales que van a participar en el programa
  • Definición de tareas del interno: se establecerán horarios de trabajo con los reclusos. Los cuidadores se alternan de forma que todos dediquen unas dos horas diarias al animal. En ese horario llevan a cabo las tareas de cuidado, higiene, limpieza, alimentación, paseo y actividades lúdicas con los canes.

2. EVALUACIÓN PERIÓDICA (para analizar el desarrollo del programa y establecer las medidas correctoras oportunas):

  • Intervención psicológica: no hay que olvidar que este plan tiene una finalidad eminentemente terapéutica, y por ello tendrá una función primordial la enseñanza y entrenamiento de técnicas psicológicas realizadas por el psicólogo del centro penitenciario, acorde con el perfil carencial que presenta el interno: habilidades sociales, autoestima, relajación, motivación, entre otros.

3. EVALUACIÓN FINAL (para determinar si se han cumplido -y en qué medida- los objetivos establecidos inicialmente).

 

 

Perspectivas y alcance de los programas de reinserción

La prisión es un entorno duro y traumático para muchos internos, en donde el perro permite romper barreras y conectar con personas que muchas veces no se relacionan bien o se sienten aisladas. Debemos tener en cuenta que un can no juzga, no le importa el pasado de la persona, ni su ficha policial. Éste además, recibe la llegada del animal sin sentir nada negativo en el encuentro, incrementando así la empatía entre ambos.

Como ya hemos dicho, este tipo de contacto con el perro posibilita que las personas privadas de libertad expresen libremente sus emociones y den rienda suelta a la ternura y al afecto. Además, mejora su autoestima y puede ayudar a reducir la ansiedad que provoca el encierro.

En México, ésta es un área de oportunidad tanto para los reclusos como para los perros sin hogar. Aún hay un largo camino por recorrer, se requiere del apoyo del Gobierno e instituciones penitenciarias, un arduo trabajo de selección de prospectos para trabajar con los animales, ya que la selección debe siempre tomarse con todo cuidado, ya que el bienestar de aquellos debe garantizarse.

Esperamos que al paso de los años, estos proyectos puedan consumarse en nuestro país, tomando la experiencia de los programas ya existentes.