Los perros de Colima y los grandiosos tlalchichis

Al sur de la Ciudad de México se ubica el Anahuacalli, un impresionante proyecto del genial Diego Rivera, quien lo concibió para exhibir su impresionante colección de arte prehispánico. El arquitecto Juan O´Gorman fue el encargado de materializar el sueño del pintor. Sin embargo, lo concluyó hasta 1963, algunos años después de la muerte de Rivera.

En este recinto, que evoca la estética de las culturas prístinas de México, se muestran alrededor de dos mil piezas precolombinas, un número muy modesto si se toma en cuenta que el acervo del museo asciende a más de 45 000 objetos, todos ellos adquiridos por Diego Rivera, quien estaba enamorado del fascinante arte de las culturas precortesianas.

 

 

¿Qué son?

Entre todas las piezas expuestas se destacan algunas que representan a perros, pues son verdaderamente entrañables al retratar con gran exactitud y detalle al mejor amigo del hombre. Por otro lado, son figuras a las que, con total seguridad, el maestro Rivera apreciaba especialmente no sólo por su belleza, sino porque él y su esposa Frida Kahlo fueron grandes amantes de esta especie, de la cual tuvieron varios ejemplares a lo largo de sus vidas.

 

 

A estas obras maestras se les conoce genéricamente como “Perros de Colima” y sólo basta observarlas detenidamente para conocer el sentir de sus creadores, los enigmáticos habitantes de la antigua Colima (pertenecientes a la llamada Cultura de las Tumbas de Tiro), pues se puede concluir con total certeza que les encantaban los perros, ya que los retrataron perfecta e incansablemente a lo largo de nueve siglos (300 a.C.-600 d.C.), inmortalizándolos y colocándolos en un lugar privilegiado del arte universal.

Indudablemente las manifestaciones artísticas de un pueblo, así como sus utensilios cotidianos reflejan, entre muchas otras cosas, su estilo de vida, sus creencias, sus tradiciones, sus rasgos distintivos y sus muy particulares gustos. Es por ello que, a esta cultura que se desarrolló en el Occidente de México se le atribuye un gran amor por los animales y muy en especial por los perros y los pericos, ya que en sus tumbas se han encontrado un gran número de piezas de alfarería que retratan maravillosamente a estos animales y no sólo eso, sino que también se han descubierto cerámicas en las que se observa el buen trato y la consideración que se brindaba a estas especies que formaban parte de su vida cotidiana y que probablemente formaban parte de las familias.

 

Los perros y la escultura

El naturalismo con el que fueron realizadas estas soberbias esculturas replica fielmente las características de los perros que aquellas personas apreciaban tanto y los detalles plasmados por los antiguos artistas facilitan la identificación del tipo de can al que representan. Sus rasgos son tan precisos que se pueden reconocer cuatro diferentes tipos de perros.

 

En un primer grupo de cerámicas.

Es posible reconocer perros de elegante silueta, estilizados, gráciles y hermosos, con orejas erectas, cuello delgado y miembros largos, mismos que al compararlos con el cuerpo del animal dan la perfecta imagen de un perro de alzada, estructura y proporciones normales. En algunos ejemplares es posible ver la dentadura, la cual se aprecia completamente normal. Su superficie fue bruñida con esmero y por lo tanto su piel resulta muy pulida y con brillo. Sin duda se trata de animales con pelo (a pesar de su terso acabado). No se sabe cómo eran llamados estos canes en la antigua Cultura de las Tumbas de Tiro, pero los mexicas los identificaban como itzcuintlis.

 

En un segundo grupo de figuras.

Se representan a perros con una curiosa morfología, pues retratan animales de muy baja alzada, regordetes, con cuerpos largos, vientre penduloso y patas extremadamente cortas. Evidentemente se trata de canes acondroplásicos, un tipo de enanismo común en la especie. Sus pieles también están muy pulidas y brillantes. Estos animales se reconocían entre los aztecas como tlalchichis y al igual que los del primer grupo de piezas, tenían pelo.+

 

El tercer grupo de ejemplares.

Que se pueden identificar, son aquellas efigies que retratan a perros delgados, estilizados, de miembros largos, cuellos esbeltos y alzada normal, pero con muchas arrugas en el cuerpo y particularmente en la cabeza. En estos ejemplares son evidentes las apófisis dorsales de las vertebras lumbares y las crestas iliacas, y cuando se puede ver su dentadura, ésta puede apreciarse anormal o incompleta. Este tercer tipo de cerámicas son las menos abundantes y las más raras y definitivamente  representan a perros pelones, es decir al xoloitzcuintli, como lo conocían los mexicas.

 

El cuarto grupo de representaciones.

Está conformado por canes acondroplásicos, gordezuelos, con piel arrugada, crestas iliacas visibles y apófisis dorsales lumbares notorias. En aquellos ejemplares que tienen la boca abierta es manifiesta la falta de algunos dientes. Estas cerámicas retratan a perros enanos y además sin pelo.