¿Se puede entrenar a un gato?😬

Es común escuchar que los gatos son tan independientes e inteligentes que resulta muy difícil adiestrarlos. Sin embargo, esa extraordinaria inteligencia es la que precisamente facilita su entrenamiento, el cual se logra sin dificultad siempre y cuando se utilice el método adecuado y la motivación apropiada. 

Se puede hablar de distintos tipos de enseñanza. Por un lado, está todo el asesoramiento para que la convivencia con su familia humana sea apacible y placentera. Por otra parte, es muy factible que un gato aprenda trucos y que disfrute mucho el llevarlos a cabo. E incluso se puede entrenar a un ejemplar para que se deje tomar muestras en caso de que padezca alguna enfermedad crónica o para que permita que lo mediquen periódicamente. Todo es posible con amor y paciencia.

¿Se puede entrenar a un gato?

Al adiestrar a un minino resulta imperativo comprender que el animal jamás va a responder al miedo o al castigo, por lo que nunca deberán utilizarse este tipo de estímulos en su entrenamiento. Por desgracia, otras especies todavía son adiestradas por personas sin escrúpulos que utilizan estos terribles e inadecuados incentivos, pero en el caso del gato de ningún modo podrá ser instruido de tal forma. Por el contrario, los alicientes deberán ser muy atractivos y gratificantes para que de esa forma el felino siempre esté dispuesto a aprender y a responder convenientemente a las órdenes que se le den.

El tomar en cuenta el comportamiento natural del gato, podrá facilitar enormemente su adiestramiento. Si se coloca su arenero en un rincón tranquilo y alejado de sus platos de comida, sólo bastará mostrarle unas pocas veces en donde se ubica, meterlo amablemente y hacer que sienta el sustrato con sus patas, para que lo empiece a usar casi de inmediato, tal y como lo haría en vida libre.

Por otro lado, hay que proporcionarle y enseñarle a usar uno o varios rascaderos que le resulten atractivos por su ubicación, textura y olor, evitando así que opte por marcar con sus garras los muebles, tapetes o cortinas de la casa. De la misma forma, se le puede indicar y adiestrar para que acuda a los lugares donde debe alimentarse, dormir, jugar, asolearse y demás actividades, siempre tomando en cuenta su instinto nato, sus preferencias y su seguridad. Gracias a que esta especie es muy sensible a ciertos olores, estos se pueden utilizar para hacerlo sentir bien y así facilitar su aprendizaje.

¿Le puedo dar premios?

La recompensa que se proporcione al gato al reaccionar favorablemente a una indicación, puede consistir en apetitosos bocadillos, en permitirle jugar un instante con su juguete favorito o, mejor aún, en agradables caricias acompañadas de cariñosas palabras de aliento y felicitación. La utilización del clicker podría ser muy conveniente, ya que los mininos aprenden muy rápidamente a relacionar su sonido con la gratificación placentera que viene después de responder de forma aceptable.

Antes de pedir al gato que ejecute alguna orden, hay que llamar su atención y qué mejor que hacerlo llamándolo por su nombre. Para ello, el ejemplar debe familiarizarse con su mote desde pequeño para que al nombrarlo, de inmediato se muestre alerta e interesado en lo que sucederá a continuación. Mientras el gatito crece, se le puede premiar cada vez que acuda prontamente al llamado y de esa forma también relacionará algo positivo con su nombre.

¿Cómo le enseño algunos trucos?

Para el entrenamiento de un minino al cual se pretenda enseñar algunas suertes, deberá buscarse en casa un lugar tranquilo y que sea visitado frecuentemente por el gato, de tal manera que dicho espacio no le sea ajeno o desconocido, lo que podría distraerlo o incomodarlo mucho. De esa forma, se sentirá seguro y relajado, así como mejor dispuesto a interactuar con su adiestrador. Las sesiones no deberán durar más de 10 minutos y si algún día el gato tiene una muy buena disposición y se está divirtiendo, nunca se excederán 15 minutos de ejercicios, ya que puede aburrirse y perder el interés para siempre.

Resulta sorprendente todo lo que puede aprender a hacer un minino, desde simplemente dar la pata y cobrar pequeños objetos, hasta saltar a través de aros, superar obstáculos, caminar por la cuerda floja o hacer malabares.

Es primordial…

La socialización con personas, animales, ambientes, estímulos, alimentos y objetos, durante las primeras semanas de vida del gatito repercutirá en un aprendizaje más sencillo y exitoso del individuo. Un gato al que se quiera enseñar a portar una correa, primero tiene que ver, oler, tocar y aceptar el arnés (collar o de preferencia pechera); después tendrá que tolerar llevarlo puesto durante periodos (al principio muy breves) cuya duración aumente paulatinamente; una vez que se logra que el gato se sienta a gusto con el aditamento, hay que incluir la correa, la cual se dejara sin ningún tipo de tensión para que el animal la arrastre a voluntad; y una vez que se adapte a ella, se podrá deambular con él dentro de casa.

Si todo se desarrolla sin contratiempos, se podrá salir del hogar durante breves segundos y a no más de un metro de distancia de la puerta; el tiempo y la distancia serán mayores conforme el gato se sienta cómodo. Por supuesto, es imprescindible prestar atención a todo lo que pudiera representar peligro, desde ruidos fuertes hasta agresiones de perros u otros animales. Lo recomendable es que si van a salir de su hogar, sólo sea a ambientes totalmente controlados.

Para que un gato no continúe con un comportamiento inadecuado o indeseable para el resto de la familia, habrá que distraerlo con algún estímulo que le parezca interesante y digno de ser investigado y en el caso de utilizar algún distractor desagradable para el minino, como podría ser el aire comprimido, un chorro de agua o arrojar cerca de él una lata con pidrecillas, es sumamente importante que no lo relacione con alguna persona, pues entonces temerá a ese ser humano del cual provienen experiencias molestas e irritantes.

Esto resulta especialmente difícil dadas la sensibilidad e inteligencia, así como los agudísimos sentidos de este pequeño carnívoro, por lo que la recomendación más plausible es acudir con un especialista en el comportamiento felino, quien además de instituir una dinámica conductual (en la que el adiestramiento puede ser de fundamental importancia), puede prescribir, en caso de ser necesario, una terapia con feromonas o un tratamiento farmacológico que contribuirán a la solución de la problemática.

Un gato puede proporcionar grandes sorpresas y encantadoras experiencias si se le respeta, se le ama y se persevera en su conocimiento.