Perros de asistencia emocional

Los perros han evolucionado a nuestro lado a lo largo de miles de años. Antes de iniciar, es importante aclarar que no debemos confundir a un perro de terapia con uno de asistencia: las diferencias pueden parecer sutiles, pero son significativas.

Perros de asistencia (o de servicio)

Son aquellos cuyo entrenamiento específico tiene el objetivo de que cumplan funciones independientes, las cuales se unan a las condiciones de un ser humano, ya sea para potenciarse o para solventar una capacidad disminuida que tenga la persona.

Es por eso que los perros de asistencia o de servicio pueden ser aquellos dedicados a la vigilancia y escrutinio de gente en las fronteras y aeropuertos, o los dedicados al rescate y salvamento en desastres, también pueden incluir a los perros guía o a los de asistencia física.

Perros de terapia

En ellos, parte de su “entrenamiento” muchas veces ya está incluido en su genética, además de una buena selección u observación de sus humanos selectores, de forma que se aprovechan estas características para llevarlos a participar en la integración o rehabilitación de otras personas que lo necesiten.

Contrastes y puntos en común

La principal diferencia es que mientras la mayoría de los perros de asistencia o de servicio pasan su vida “laboral” con una distancia emocional prudente (para su manejador o para el resto de las personas, pues es importante que no se distraigan de su objetivo e ignoren estímulos que otra gente pueda darles), los perros de terapia tienen un margen mayor de vida “normal”, tanto fuera de sus horarios de trabajo como dentro en ellos.

Por ejemplo, si su terapia consistiera en la integración social, el acercarse y dejarse tratar por otras personas desconocidas podría ser el vehículo para ello. Es por eso que debemos respetar el espacio y la labor de un perro guía evitando acariciarlo o llamarlo, pues está “trabajando”, mientras que un perro de terapia puede tener un contacto más constante y menos vigilado (sin embargo, esto no significa que podamos tocarlo en cualquier momento). Como siempre, debemos preguntar a su manejador si nos permite hacerlo y cómo hay que acercarnos e interactuar.

¿Y por qué hablamos de estos dos rubros con tanto énfasis? Porque justamente en medio, en un espacio compartido y como puente entre ambos, hallamos a los perros de asistencia emocional, así que la mejor forma de conocerlos, es comprender un poco del universo de los otros dos.

Labor del perro de asistencia emocional (AE)

Se le empezó a catalogar así alrededor de los años noventa, por lo que no es muy antigua su denominación, aunque quizá simplemente comenzamos a nombrarlos de esta forma, pues el que un perro sea el soporte emocional de una persona, debe haber sido una de las primeras labores que desempeñó en su existencia.

De hecho, aunque es sólo una representación imaginativa y fílmica, la película Alpha (Studio 8 y Sony Pictures, 2018), muestra la proto-labor de asistencia emocional. En una secuencia, cuando Keda, el protagonista, se encuentra muy cansado para seguir debido al esfuerzo y las bajas temperaturas, el impulso de ayudarse mutuamente con el lobo que ayudó al inicio y que lo ha ido acompañando en su travesía, lo hace reponerse a un sentimiento mortal de los seres humanos: la desesperanza, el momento en donde soltamos toda ilusión de vivir y nos rendimos a las condiciones del entorno, aceptando una inevitable muerte.

Esa es justo la labor de un perro de AE: mantener su energía en la mejor condición posible cuando su persona de apego sufre emociones que lo puedan llevar a una crisis, como ansiedad, miedo, frustración, ira o cualquiera de sus exacerbaciones. Podríamos decir que los perros de AE no requieren un entrenamiento específico. Es decir, no es necesario que vayan a algún lugar o traigan cierto elemento cuando comienza una crisis, pero si puede hacerlo, es mucho mejor.

Su labor más importante con una persona ansiosa, por ejemplo, es mantenerse a su lado con buena energía y tranquilidad, quizá hasta distrayendo la ansiedad con juegos, mimos o ruidos amables; si dicho paciente toma un medicamento para la ansiedad y su can está entrenado para ir a buscarlo a una mochila o un gabinete al comenzar una crisis, servirá enormemente.

En el caso de algunas personas con autismo o con crisis emocionales severas, no requieren de la asistencia de un perro entrenado, pero sí que sea físicamente fuerte ante posibles manotazos involuntarios, y resista apoyando su cuerpo contra el del paciente, aunque no sea la situación más amorosa del mundo.

Cualidades de un perro de asistencia emocional

Aunque su “entrenamiento” no necesita provenir de una escuela especializada, sí es importante que cuando se busca de facto un ejemplar para desempeñar este apoyo emocional para alguien específico, se seleccione a uno que posea determinadas características, por ejemplo, que no se ponga nervioso con facilidad, que no se altere ante los movimientos bruscos, y de preferencia que no sea frágil físicamente si la persona llega a perder el control de su fuerza y emociones.

  • Debe tener un entrenamiento de reacción, pero debe poder vincularse estrecha y cariñosamente con las personas.
  • Debe poner siempre en primer lugar a la persona que asiste, pero sin aislarla del resto del mundo con una protección agresiva.
  • Debe saber qué hacer, también de improvisar con su alegría y sociabilidad cuando el paciente no se encuentra en situación de alerta.

Avances en el tema

La importancia de estos perros ha cambiado tanto, que en algunos lugares se ha ampliado el espectro de visión, donde la AE la pueden proveer otras especies, pues depende del apego que la persona desarrolle con algún animal en particular. Sin embargo, las mismas condiciones de evolución, domesticidad e integración de nuestros perros, los hace a ellos (y a los gatos) los únicos con las condiciones necesarias para serlo.

La legislación más avanzada al respecto, en la que se basa el estándar de comportamiento y aceptación, es la norteamericana, impulsada por las sociedades de psicología, psicoterapia y psiquiatría, sobre todo para la modificación de su aceptación en transporte aéreo. Especifica que, por ejemplo, cualquier especie puede ser animal de AE, pero sólo los perros y los caballos pueden serlo de servicio. De hecho, para viajar en avión a Estados Unidos, se puede hacer con un animal de AE, casi de cualquier tipo, siempre y cuando su tamaño o condiciones de especie (toxicidad, agresividad natural, letalidad) no pongan en riesgo a otros pasajeros.

Aunque en México aún no se acepta cualquier especie en esta categoría, sí se puede recibir el aval de un psicólogo clínico para que nuestro perro sea un factor emocional indispensable, y cumpliendo con ciertos requisitos, le permitan viajar a nuestro lado en la cabina del avión.