Mi perro no deja de comer pasto

El consumo de plantas en carnívoros silvestres puede ser parte normal de un enriquecimiento de su dieta: incluso los canes que viven en el campo con frecuencia comen frutos maduros caídos de los árboles. Tener a nuestros queridos perros en casa los ha hecho incluso participar de la ingesta de algunos frutos y verduras, ya sea por imitación o por verdadero gusto (hay que ver la carita que ponen cuando les compartimos un dulce mango).

Cuando son cachorros, en su incansable ímpetu explorador, es común verlos masticar e incluso ingerir plantas del jardín, tal y como los bebés humanos se llevan todo a la boca.   

 

 

¿Se trata de pica?

El comer grandes cantidades de plantas (principalmente pasto) entra en el trastorno denominado “pica”, que es la ingesta de objetos y plantas no comestibles. Desde hace muchos años, se decía que cuando los perros se sentían indigestos o estaban “mal” del estómago comían pasto para provocarse el vómito y así aliviar su malestar.

Esto no ha sido totalmente comprobado o refutado a la fecha, ya que la mayoría que lo hace no necesariamente vomita, así como no todos los perros con problemas inflamatorios gástricos intentan consumir pasto.  

Este trastorno puede ser ocasionado por causas diversas que como denominador común producen un incremento desmedido del apetito: problemas hormonales, diabetes mellitus, en la administración de medicamentos (cortisona o el anticonvulsivo fenobarbital), que como efecto secundario pueden incrementar desmedidamente el apetito y ser la causa de esta situación.    

 

 

Otro motivo son las alteraciones de la conducta, como ansiedad por separación, donde al dejarlos solos pueden destruir objetos, orinar o defecar en lugares inadecuados, intentar huir, vocalizar o si están en el jardín, llegar a comer pasto de forma exagerada.

También se ha observado en perros a los que les hace falta enriquecer sus actividades; por ejemplo, si los llevamos al jardín y esperamos que por su cuenta sepan convivir en ese entorno y no interactuamos con ellos, esperando que se “diviertan solos”. Estos trastornos entran dentro del campo conductual llamado etológico.    

 

¿Tiene remedio?

Primero veamos si al enriquecer sus salidas al jardín con ejercicios y juegos que los hagan estar más entretenidos, se muestran menos deseosos de “pastar”. Si nuestro perro está medicado, preguntar al veterinario si el fármaco podría tener como efecto secundario un aumento del apetito, por lo que debemos estar atentos a cambios en su conducta como tomar agua y orinar en forma desmedida.

Las diarreas crónicas también harán que pierda nutrientes y trate de recuperarlos consumiendo todo lo que esté a su alcance, incluso pastos. Pero si su actitud es compulsiva, al grado que lo único que haga al llegar al jardín sea comer y comer pasto, posiblemente sea un trastorno obsesivo compulsivo.  

En todos estos casos es necesario solicitar la ayuda de un especialista de la salud.

 

 

Comer pasto puede tener además otros inconvenientes, sobre todo si es de jardines comunales, ya que puede haber agentes infecto-contagiosos como parásitos que, al ser ingeridos, infecten a nuestro can. Además, algunas plantas como el helecho macho, la nochebuena y el alcatraz son tóxicos cuando se ingieren, incluso podrían obstruir el tracto gastrointestinal y requerir cirugía de urgencia; o los pastos fumigados con pesticidas intoxicarán a nuestros perros.

Y son riesgos que no sólo se presentan en canes que comen pasto en forma desmedida, sino que basta con masticarlo para sufrir las consecuencias. Si bien este riesgo es pequeño, con las debidas precauciones vale la pena verlos correr con las orejas al viento, felices, y si sólo ocasionalmente mastican un poco de pasto… bueno, bon appetit.