Sus gases no paran, ¿qué hago? 

Estamos recostados en la cama, estudiando, en el Internet o simplemente viendo la televisión y de pronto, nuestro querido can suelta un gas que sería la envidia de una granada antimotines y que entre risas nos hace exclamar: “¡Algo podrido hay en el reino!”. Y bueno, además de ser simpática la escena no evita que pensemos en que es del todo normal el soltar de vez en cuando un gas. Pero cuando estas flatulencias se convierten en una pauta frecuente toda la jornada e incluso día tras día, deja de ser gracioso para comenzar a preocuparnos.

¿A qué se deben esos gases?

La producción de gas inicia desde el momento en que nuestro querido perro o gato se alimenta; la forma en que come (traga) sus croquetas, incluye una buena cantidad de aire que atravesará el tubo digestivo hasta salir en aproximadamente un par de horas. Hasta aquí todo está normal, pero gran parte de este gas no debería venir acompañado de olores demasiado desagradables.

Cuando esto sucede es debido al sobrecrecimiento de bacterias en el intestino que al desdoblar los alimentos producen sulfuro de hidrógeno, el compuesto principal productor del mal olor de los gases (el principal gas en cuanto a cantidad es el metano, pero es inodoro), y dependiendo de que en la dieta estén presentes sustancias que favorezcan el crecimiento de estas bacterias, será la producción de gas maloliente. 

Sustancias como fibras vegetales, grasas y granos pobremente digeribles ocasionan este problema.  Las empresas fabricantes de alimentos tienen cada vez mayor cuidado en este punto y es ahí donde los amantes de las dietas BARF (que incluye una variedad de dietas caseras con compuestos crudos) deben tomar nota de esto.

Pero hay mascotas que aun con dietas bien elaboradas continúan con este problema y que en muchos casos incluyen borborigmos (lo que coloquialmente sería “tronar sus tripitas”). Aquí es donde debemos comenzar a preocuparnos, pues existe una serie de enfermedades productoras de gases y borborigmos. 

Enfermedades hepáticas, renales, del páncreas, hormonales, inflamatorias intestinales, mala digestión, malabsorción y algunas más tienen como signo gases malolientes, así que no es algo que debemos tomar a la ligera, ya que de una u otra forma comprometen la salud e incluso la vida de nuestros chaparritos. Incluso hay estudios que muestran predisposición a producir dilatación y torsión del estómago en las razas grandes y gigantes. (No dejemos de buscar al especialista en la salud). 

Algunos pequeños consejos

  • Dietas altamente digestibles y con poca grasa son las ideales (todos los granos en vaina como frijoles y lentejas, col, coliflor y brócoli producirán gases).
  • Si nuestro perro come demasiado aprisa tragará más aire; hay que dividir en dos o tres raciones al día y tratar que lo haga lo más lento posible. Existen platos especiales que nos ayudarán para este propósito.
  • Mascotas de hocico “chato” (el Bulldog es el mejor ejemplo en perros, en gatos están los Persas), tienden a tragar más aire al comer e incluso al respirar si padecen del síndrome braquiocefálico.
  • El ejercicio moderado (y no en horas cercanas a su alimentación) mejoran el tránsito gastrointestinal y disminuyen los gases.

Finalmente, debemos preocuparnos cuando las flatulencias estén acompañadas de mal olor, dolor abdominal, estreñimiento, vómito o diarrea, incluso hay una baja de peso: es momento de visitar al veterinario.