¿Cómo prevenir la obesidad después de la esterilización?

La obesidad es el trastorno nutricional más común en perros y gatos. Alrededor del 40 % de las mascotas en todo el mundo padecen de obesidad y sobrepeso, lo cual parece ir en incremento. Perros y gatos se consideran obesos cuando su peso corporal es mayor al 15 % de su peso corporal ideal; existe una calificación de la condición corporal que va del 1 (muy delgado), 2 (delgado), 3 (peso ideal), 4 (sobrepeso) y 5 (marcadamente obeso).

 

¿Qué es la obesidad?

Es la acumulación de cantidades excesivas de tejido adiposo y es un factor de riesgo importante; las condiciones relacionadas con la obesidad en ambas especies incluyen intolerancia a la glucosa, alteraciones en el metabolismo de lípidos, diabetes mellitus, problemas articulares y locomotores (osteoartritis), trastornos del aparato reproductor, problemas respiratorios, problemas cardiovasculares, lipidosis hepática (gatos), pancreatitis, reducción en la longevidad, intolerancia al ejercicio o al calor, además de problemas durante un procedimiento anestésico, entre otros.

Los gatos esterilizados tienen de 2.8 a 3.4 veces más probabilidades de ser obesos que los intactos, mientras las hembras esterilizadas tienen dos veces más probabilidades de ser obesas que aquellas que no. Muchos estudios han demostrado aumento de peso después de la esterilización.

 

 

Esterilización y sobrepeso

La esterilización conlleva una serie de beneficios para la salud, incluso se recomienda realizarla antes de los seis meses de edad. Se sabe que los estrógenos regulan la saciedad a nivel del sistema nervioso central, de modo que después de la cirugía hay aumento del apetito, disminución del índice metabólico y de las necesidades energéticas.

Pero existe una relación entre la alimentación ad libitum después de la esterilización y la obesidad, con un aumento de casi el 30 % en comparación con aquellos animales alimentados a base de comidas individuales.

 

Prevención

El tratamiento durante la fase inicial o dinámica del aumento de peso, es más fácil y efectiva que si la mascota ha entrado a la fase estática del aumento de peso y sufre de sus efectos metabólicos nocivos.

La prevención se centra en la educación de los dueños; primero deben saber determinar el peso corporal sano y la condición corporal, además de educar en cuanto a los regímenes alimenticios adecuados para el primer año de vida de su mascota (cómo alimentarla en la fase de crecimiento) y cuándo cambiar a una dieta para adultos. Es importante no dejarse llevar por lo que dice el reverso de la bolsa de alimento sobre la cantidad a dar; cada individuo necesita un plan dietético adaptado a sus necesidades.  

 

 

Ayudando a nuestra mascota a bajar de peso

Cuando se presenta la obesidad no basta con cambiar la dieta, se necesita de varias acciones para lograr un cambio:

  1. Realizar una evaluación del grado de obesidad con base en la tabla de condición corporal.
  2. Calcular la ingestión energética diaria y evitar los alimentos “extra”, como premios o comida de mesa. Es importante establecer la ingestión energética del animal antes de administrar una dieta de restricción calórica.  
  3. Una vez establecido el aporte energético diario, se elegirá cuál es el alimento más adecuado en cada caso y además hacer que éste sea su único aporte energético. Reducir la cantidad de alimento habitual no suele ser una buena estrategia, ya que puede exponer a un riesgo de carencia grave de nutrientes esenciales.
  4. El ejercicio físico es otro factor que puede ayudar en el manejo y el tratamiento de la obesidad en los animales de compañía, ya que aumenta el consumo de calorías y favorece la pérdida de peso al combinarlo con una dieta adecuada. Los juegos, las caminatas diarias y una mayor interacción, resultan en una herramienta útil a la hora de combatir la obesidad.

 

 

Finalmente, la pérdida de peso no podrá tener éxito si los propietarios no se comprometen y entienden los riesgos y consecuencias que derivan en un sobrepeso u obesidad de perros o gatos, por eso deben estar conscientes que es un tratamiento a largo plazo (esto es, que implica varios meses). Resulta muy útil cambiar las recompensas en forma de alimento por caricias y juegos; otros cambios en el manejo que pueden ayudar son la administración de la ración en varias tomas a lo largo del día para favorecer la sensación de saciedad.

Para evitar que pidan alimento de la mesa cuando estamos comiendo se recomienda ofrecer su ración al mismo tiempo que sea nuestra hora de comer, o se debe corregir la conducta de pedirnos bocados. Es imprescindible el seguimiento por lo menos una vez al mes del peso y de la condición corporal.