El juego como método de entrenamiento⚾

Es importante comenzar recordando que la rudeza no es la opción correcta para educar a nuestros compañeros, si eres lector asiduo de esta revista, sabrás sobre la educación en positivo y si no, ¡bienvenido!, este es un excelente artículo para empezar. 

Adiestramiento y juego

El beneficio de entrenarlo mediante el juego se refleja en la facilidad y ánimo con que aprende. Aquí es donde radica la magia de entrenar jugando: él decidirá que quiere aprender con nosotros. No correrá, no lo hará forzado, simplemente se creará un vínculo entre especies que nos unirá de una forma maravillosa.

¿Qué es el condicionamiento?

Clásico: es el aprendizaje que se adquiere “sin querer” ante un estímulo; por ejemplo, el timbre de la casa por sí sólo no tendría significado alguno para nuestro perro (estímulo incondicionado), pero si cada que se escucha sucede un montón de movimientos en el hogar que concluyen con la llegada de alguien, entonces asociará el timbrazo con una visita (estímulo condicionado).

Operante: es cuando lo guiamos para que repita un comportamiento y se basa en agregar o retirar estímulos para reforzarlo; por ejemplo, si cada que se sienta lo premiamos con un trozo de salchicha, reforzamos positivamente para generar reincidencia en la conducta.

¿Por qué el juego fija mejor el aprendizaje?

Es muy sencillo: porque viene integrado en su naturaleza y desde cachorro descubre su entorno por medio de esta actividad; incluso en la socialización es vital el juego entre hermanos y mamá, es decir, lo único que se hace al momento de entrenar con juegos, es poner a la naturaleza de nuestro lado y él siempre querrá repetir aquello que aumente su posibilidad de sobrevivencia y placer.

Si nuestro can acaba de llegar a casa (no importa su edad), muy probablemente utilice el juego como parámetro para aprender lo correcto y lo incorrecto, observará nuestras reacciones y a partir de ahí decidirá si es bueno o no repetir una cierta conducta. Sin embargo, en algunos canes el juego despierta su instinto de caza, por ejemplo al agitar un pedazo de tela delante de sus ojos lo incita a perseguir y atrapar a su “presa”; así de sencillo se puede comenzar con un entrenamiento de mordida (como guardia y protección), sin necesidad de someterlos a un nivel de estrés exagerado que a la larga podría dañarlos.

Entrenarlo mediante el juego refuerza el vínculo entre ambos, ¿por qué? Por la confianza. Él sabrá que puede confiar en nosotros y lo que decidamos hacer es bueno para él. Supongamos ahora que estamos con él en el parque y de pronto le gritamos con voz gruesa y enojada: “¡ven acá!”. Entenderemos que nadie en su sano juicio se acercaría a donde probablemente no le vaya del todo bien. En cambio si con voz divertida y moviendo las manos lo llamamos por su nombre, es muy seguro que regrese de inmediato.

¿Qué sucede si engañamos a nuestro perro?

Si abusamos de la confianza que ha depositado en nosotros, las conductas que queremos reforzar desaparecerán y por lo tanto dudará en hacernos caso. Un ejemplo típico es cuando lo llamamos (“Mira ven, mira lo que tengo, toma, toma”), se acerca, lo atrapamos y le decimos: “¡Ja, ahora quédate ahí!”… lo dejamos encerrado y nos vamos. ¿Acaso la siguiente vez volverá a acudir a nuestro llamado? Claro que no, sino todo lo contrario.

Cero excesos

Es importante no llevarlo a la sobreexcitación, es decir, emocionarlo de más, ya que eso podría también generar problemas de actividad exacerbada. Lo mejor es hacerlo de modo natural con sus respectivos espacios de descanso, siempre mostrando una señal que lo libere del juego como un sencillo “se acabó”, al mismo tiempo en que movemos las manos para apoyar la frase.