Conociendo la adolescencia canina

Cuando hablamos del desarrollo canino, siempre nos referimos a las distintas fases y periodos de tiempo que abarcan los diferentes procesos fisiológicos y psicológicos que atraviesan los perros. En esta ocasión nos centraremos en la adolescencia, la cual tiene características propias que conviene conocer para evitar y enfrentar situaciones que definirán la manera en que se comporte en el futuro nuestro amigo perruno.

 

 

¿Un perro atraviesa por la adolescencia?

La palabra adolescente no tiene nada que ver con “adolecer” un mito preservado en la cultura popular dada la similitud de los vocablos. Más bien se deriva del verbo latino adolescere, que significa “crecer, desarrollarse”.

Hablamos del proceso de crecimiento de un ejemplar en su camino a la adultez, donde está la pubertad, que se inicia a una edad específica a partir de las modificaciones hormonales que atraviese, y que por lo general termina entre los 15 y 18 meses de edad. Podemos vincular la pubertad a los procesos fisiológicos que preparan al organismo para poder reproducirse.

Se sabe que el inicio de la pubertad y la adolescencia canina varía dependiendo de la raza. Las razas chicas maduran primero, por lo que su adolescencia iniciará antes (más o menos a los cinco meses); en cambio, en las grandes puede iniciar incluso hasta los nueve o 10 meses.

Se trata de un proceso de autoafirmación que suele aparecer rodeado de conflictos y resistencias, en donde la capacidad de aprendizaje dará habilidades o limitaciones para la vida adulta.

 

 

¿Cómo es la adolescencia en los perros?

Los canes durante esta fase no se hacen rebeldes ni retan a la autoridad paterna o social como ocurre en los humanos. Pero sí sucede lo siguiente:

  • Los cambios hormonales influyen directamente sobre su comportamiento. Durante esta etapa se verá un posible incremento de conductas agresivas, donde gruñirán y amenazarán con más frecuencia, estarán más al tanto de la competencia que otros individuos dentro del grupo pueden representar. Además, las hormonas tienen un efecto sobre su desarrollo muscular, por lo que serán más difíciles de manejar.
  • Incrementan la necesidad de marcar territorio, avisar que “están listos” para reproducirse, por lo que invertirán mucho tiempo y energía en esta actividad y su capacidad de atención disminuirá. Al entrar en una etapa más “competitiva”, la tolerancia a otros individuos se reducirá (principalmente del mismo sexo) y las peleas se harán presentes. La desobediencia como resultado: no escuchan lo que se les pide.
  • En estas fases es común ver incrementadas las conductas de monta, donde muñecos de peluche, colchones y cojines sufren los embates de su actitud púbera; es más frecuente en machos, por supuesto, pero las hembras llegan a manifestarlo.

 

 

¿Qué hacer?

Las etapas críticas de los perros son muy cortas. Entre los tres y los seis meses de edad tenemos tiempo de oro para sembrar las bases de educación y adiestramiento fundamentales que nos servirán como herramientas para atravesar el desastre de la adolescencia y la pubertad.

Los cachorros deben empezar su adiestramiento desde edades muy tempranas. Es sorprendente lo fácil que aprenden utilizando técnicas de recompensas y refuerzos positivos.

¿Y si ya se pasó este periodo? No hay problema, nunca es tarde para empezar, aunque costará un poco más de tiempo, paciencia y esfuerzo. Hay que comenzar a educar de manera suave, pero firme; si se sabe por lo está atravesando el perro y su excitabilidad, proveer un ambiente calmo y manejable, por eso al mantener el control se puede reaccionar oportunamente: hay que tratar de atraer su atención con premios.

  • Tiempo de calidad: dedicar un lapso corto a enseñarle alguna instrucción (sesiones de 20 minutos); recordar que durante la adolescencia su grado de concentración es bajo, por lo que la posibilidad de frustración que pueden experimentar ambos es alta. Extender gradualmente el tiempo de las sesiones.
  • Permitirle: oler, marcar y tener contacto con otros perros, estando siempre al alcance para actuar de manera rápida en caso de algún conflicto; es normal que se presenten fricciones, porque si no se les da la oportunidad de desplegar sus instintos se alimentará una ansiedad que, como olla de presión, explotará en algún momento y será muy complicado de controlar. Hay que estar calmados y aprender a detectar las señales que pueden desencadenar una pelea.
  • Socialización, juego constante, educación y adiestramiento: son las principales herramientas, el contacto con otros perros y juegos para quemar energía son moduladores de la adolescencia. Si se mantiene su mente ocupada en juegos y al mismo tiempo se permite el contacto social, el nivel de ansiedad disminuye. No se debe dejar de lado el adiestramiento; el secreto para mantener una relación exitosa con nuestros perros es la constancia.

Al condicionar todo lo que disfruta a la ejecución de una orden, rápidamente se notará que capta nuestras intenciones y reaccionará a las órdenes que se le den. Se debe consultar a un experto en educación canina para asesoría.

  • Paciencia: es una fase transitoria, por lo que se debe tener en mente que lo que se haga marcará de por vida al perro y quizás a nosotros mismos; la frustración es mala consejera y una mala decisión puede echar por la borda el esfuerzo de varios días.
  • Importante dosificar premios y recompensas: se deben de dar de acuerdo con lo que se le enseña y se desea ejecute. No se deben “malbaratar” las recompensas, sino medir la frecuencia y la cantidad de premios (incluidas las caricias), así como también las capacidades del perro; no es lo mismo manejar a un Chihuahueño que a un Bullmastiff, ni tampoco es lo mismo un macho que una hembra, ni nuestro perro que el del vecino. 

 

¿Por qué no hacer algo diferente?

El ejercicio siempre será una herramienta valiosísima para quemar esa energía extra que tienen los perros durante esta etapa, sin contar los beneficios implícitos en la salud, ¿por qué no buscar otra actividad en conjunto con nuestros compañeros caninos? Estas son algunas propuestas:

Agility: actividad competitiva donde un guía dirige al perro sobre una serie de obstáculos que tiene que librar de manera limpia y lo más exacta posible, compitiendo contrarreloj.

Canicross: consiste en correr con el can atado a la cintura con un cinturón especial y una línea de tiro que va hasta el arnés.

Paseos en bicicleta: se debe empezar por enseñar a correr al perro junto a la bicicleta; si está bien entrenado y puede correr sin correa al lado, es posible ir en bici tranquilamente en zonas seguras donde no pasen coches. Pero si se emociona mucho al salir de casa y no se le puede controlar fácilmente, serán necesarios accesorios de ayuda o una bicicleta especial.

La adolescencia es también una fase crítica para el desarrollo sano de nuestros perros, porque durante ella el grado de frustración puede crecer si no estamos preparados para enfrentarla, y ese cachorrito adorable se puede convertir en una maquina incontrolable, que no para, destruye, se pelea, en fin. Saber que no es más que una fase transitoria y que podemos intervenir para que se atraviese si ningún problema nos dará mucha tranquilidad. Buscar ayuda y asesoría de expertos siempre es recomendable.