¿Felinos silvestres como mascotas?

La familia Felidae surgió hace más de 25 millones de años y a lo largo de este extenso periodo de tiempo, han aparecido diferentes especies de felinos que han tenido como denominador común el ser extraordinarios cazadores. De hecho, para la opinión de la inmensa mayoría de los expertos, estos animales se han constituido como los máximos depredadores terrestres.

Ya desde el momento mismo de su aparición en la Tierra, los felinos contaban con una excepcional estructura, una insuperable biomecánica e impresionantes patrones de pelaje que facilitaban su actividad predatoria. Así, no sólo se convirtieron en letales maquinas de matanza, sino también en animales de asombrosa belleza. Bestias magnificas, estilizadas, elegantes, hermosas, feroces y mortíferas.

 

 

Atracción felina

A los seres humanos les asombra su capacidad y eficiencia predatoria, por lo que les temen en extremo, al mismo tiempo, están fascinados por su imponente y peligrosa belleza. Por tanto, el hombre ha intentado, constantemente, someter al ámbito doméstico a estos maravillosos animales, deseando que se conviertan en sus mascotas.

En la Prehistoria, el hombre representaba enormes leones cavernarios en las paredes de las cuevas que le servían de refugio, pues indudablemente se sentía inexorablemente atraído por estás impresionantes fieras y es muy probable que las relacionara con incomprensibles fuerzas de la naturaleza, así como con entes invisibles y poderosos que creía lo rodeaban en todo momento. Como resultado de esto, en las mitologías de muchísimos pueblos, los felinos están vinculados de una u otra forma a los héroes y a los dioses.

 

 

Felinos domesticados

Cuando el hombre domesticó a algunas especies, no le bastó el gato como animal de compañía y ambicionó tener bajo esta misma condición a otro tipo de felinos. Como ejemplo están los faraones del antiguo Egipto (cuna del gato doméstico), quienes acostumbraban tener leones como mascotas, los cuales también eran utilizados para cazar toros salvajes o como guerreros en contra de los enemigos del monarca.

A partir de entonces, emperadores, reyes, príncipes y miembros de la nobleza, tanto en África, como en Asia y Europa, han tenido como compañía a leones, tigres, chitas, leopardos y panteras (leopardos melánicos). Todos ellos felinos de considerable tamaño, de gran bravura y de desmedida hermosura, y, en consecuencia, dignas mascotas (aunque nunca adecuadas) de estos elevados personajes. En América, en particular entre los mexicas, que se ubicaban en México, jaguares y pumas, junto con otros carnívoros, eran ofrendas preciosas, perfectas e insuperables para las deidades.

 

 

¿Puedo tener uno en casa?

Ya en tiempos modernos, muchas otras personas también han intentado poseer a estos grandes depredadores, así como a varias de las más de treinta especies de felinos de menor tamaño, pero de exquisita belleza, que habitan en distintas partes del planeta, por lo que ha sido común amansar y mantener cautivos a animales como el lince, el caracal, el gato dorado de Temminck, el ocelote, el tigrillo, el gato de la jungla, el gato de las arenas, el kodkod y el serval. El resultado de esta absurda pretensión es por completo desastroso en muchos aspectos, tanto para el ambiente como para los felinos y a veces, para los mismos seres humanos.

Condiciones adecuadas: para mantener en cautiverio a cualquier felino silvestre que se requieren son muy difíciles de implementar. Se precisa de instalaciones apropiadas y de un enriquecimiento ambiental oportuno para que el animal permanezca en absoluto bienestar. La nutrición y el suministro de los alimentos adecuados deben ser una prioridad. Y lo anterior, junto con la medicina preventiva y la constante vigilancia del estado de salud del ejemplar, debe ser llevado a cabo por verdaderos especialistas en este tipo de fauna.

Por desgracia, estás condiciones elementales pocas veces son cubiertas y las consecuencias casi siempre se manifiestan en padecimientos muy graves (algunos pueden ser transmitidos a los seres humanos) o en la muerte del animal.

Son muy peligrosos: los grandes felinos, al igual que los de menores dimensiones tienen una sorprendente agilidad (un tigre puede saltar más de 5 metros en vertical y alrededor de 10 metros horizontalmente), mientras que los felinos pequeños tienen una fortaleza mucho mayor de la que se piensa equivalente a su tamaño. Esta agilidad y fortaleza, junto con su afilada dentición y sus uñas retráctiles (excepto el chita que las tiene expuestas), hacen de estas bestias un serio peligro, tanto para sus dueños como para otras personas.

Albergues son inadecuados: este es un problema frecuente, ya que por un lado son demasiado pequeños y por otro no cuentan con áreas de contención, por lo que los accidentes fatales (para los humanos) se dan con cierta regularidad. Por otra parte a muchos felinos en cautiverio se les somete a innecesarias y crueles cirugías para retirarles los colmillos y las garras, con la creencia de que con ello ya no son un riesgo para los seres humanos, lo que constituye un craso error. Además, la recuperación de dichas intervenciones quirúrgicas es muy dolorosa.

 

 

La falta de actividad física y mental: de estas hermosas bestias cuando están confinadas, desemboca en un estrés constante que las predispone a padecer enfermedades y muy serios problemas de comportamiento. Por otra parte, en muchas ocasiones estas especies también sufren maltrato, lo que las mantiene constantemente alteradas incrementando considerablemente el peligro que representan.

Preservación: al menos la mitad de las especies de felinos de la Tierra están amenazadas o en serio peligro de extinción y al sustraer ejemplares de sus nichos naturales (como muchas veces sucede), se está contribuyendo a la disminución de sus poblaciones, así como a aumentar la vulnerabilidad de dichas especies. Al mismo tiempo, hay que tomar muy en cuenta el tráfico ilegal de estos animales, así como el hecho de que muchos de ellos mueren debido a las infames condiciones en las que son trasladados desde su lugar de procedencia al sitio en el que serán comercializados.

Y no sólo se afecta directamente a los felinos, sino que al sustraerlos de sus hábitats, su ecosistema se ve seriamente dañado al alterar la cadena alimenticia de esos lugares. No hay que olvidar que estos depredadores regulan el tamaño de las poblaciones de sus presas naturales.

 

 

Después de 25 millones de años de evolución, de alcanzar la perfección como cazadores y de ser libres e indomables, resulta demasiado triste ver a estos hermosos animales detrás de una reja y sometidos a una vida para la cual no fueron creados. Por el contrario, se debe luchar tenazmente para proteger sus respectivos nichos ecológicos y permitir, respetuosamente, que los felinos silvestres continúen desarrollándose de forma independiente. Es hora de detener la tenencia de estas bellísimas bestias y de ninguna forma denigrarlas por nuestra excesiva soberbia.