Tanatología canina: ¿cómo enfrentar la pérdida de nuestro perro?

Hay una etapa que muchos quisiéramos evitar, pero que lamentablemente es la que todos tenemos asegurada, la muerte. Las despedidas siempre serán difíciles y dolorosas, ya que significa la pérdida y la ruptura de un lazo, de una relación e incluso de planes; expresar esta tristeza y este dolor no siempre es fácil para el propietario.

Cuando una persona tiene un animal de compañía, también inicia una relación de afecto que le llena de alegría, placer y compromiso. La fuerza de estos lazos varía entre cada individuo y se fortalecen durante la vida del perro, que puede durar alrededor de 12 años, tiempo suficiente para volverse un integrante más de la familia.

Pero cuando llega el momento de su muerte, nos enfrentamos a un sentimiento de dolor. Hay quien se sorprende de lo que puede llegar a sentir tras esta pérdida, pero está demostrado que este acontecimiento puede doler tanto como la muerte de un familiar. Por ello es totalmente normal sentir apatía, pocas ganas de ver a otros, no tener ánimos de nada, ni de comer… A esto se le conoce como duelo.

 

 

¿Qué es el duelo?

El duelo se refiere al proceso doloroso mediante el cual enfrentamos una pérdida, implica una etapa de reajuste y de cambios que nos transforman psicológicamente. Alrededor de un 10 % de las personas que pierden a su animal de compañía necesitan apoyo psicológico para superar su muerte.

La esperanza de vida de las mascotas es relativamente corta comparada con la nuestra, lo cual tiene implicaciones importantes, ya que muchos experimentarán esta pérdida antes de siquiera sufrir la de otro ser humano. Es decir, que su primera vivencia de pérdida y duelo puede ser la de una mascota. Para ello conoceremos las diferentes etapas que conforman el duelo:

 

  1. Negación: en esta etapa hay un choque emocional donde no se logra creer lo que ha ocurrido, la persona no escucha y no piensa de forma adecuada. El tiempo pasa lentamente. Esta es una respuesta temporal que lleva a través de la primera oleada de dolor.
  2. Enojo: a medida que los efectos de la negación comienzan a desgastarse, la realidad y el dolor afloran. La intensa emoción de dolor se desvía y se expresa en forma de enojo, el cual puede estar dirigido a quienes hayan estado cerca del perro en sus últimos momentos. Se buscan razones causales y culpables por lo ocurrido. 
  3. Negociación: se intenta buscar una solución a la pérdida a pesar de saber que esto no es posible, es a menudo una necesidad de recuperar el control. Esta etapa puede suceder antes de la pérdida, en caso de tener a un perro con enfermedad terminal, o bien después de la muerte para intentar posponer el dolor que produce el abandono. En realidad, surge la esperanza de que se puede de algún modo retrasar el dolor.
  4. Depresión: se experimenta dolor emocional, tristeza por la pérdida y hasta llanto. Se tiene una sensación de vacío y puede existir un sentimiento de angustia. En muchas ocasiones, en las familias puede haber integrantes que traten de hacerse fuertes para dar ánimo a los demás, sin embargo, es recomendable externar las emociones para desahogarse. Durante esta etapa son comunes los sentimientos de fatiga, la persona es más sensible e incluso irritable, y se genera ansiedad, miedo e inseguridad (esto es más común en los niños pequeños). Esta fase puede aliviarse con el acompañamiento de los demás, palabras amables y abrazos.
  5. Aceptación: finalmente, pasado el tiempo, llega el momento de dejar de sufrir y seguir adelante. Es común recordar buenos momentos con el animalito, sus travesuras, aventuras y todos aquellos instantes felices que se vivieron a su lado. Es un periodo de paz porque se acepta la pérdida y el dueño se da la oportunidad de seguir adelante.

 

El nivel y tipo de duelo que una persona experimenta ante la pérdida de su mascota depende de diversos factores, entre ellos la edad, personalidad, apoyo familiar/social, edad de la mascota, grado de apego y circunstancias de la pérdida.

 

¿Cómo enfrentar y sobrellevar la pérdida de nuestro perro?

Para lograrlo, puede ser útil llevar a cabo las siguientes recomendaciones:

Ritual de despedida: Es importante estar acompañados de amigos y familia. Se puede optar por enterrarlo o cremarlo. Es el momento final para que agradecezcamos su compañía, su cariño e incluso pedirle perdón por aquellos regaños injustos que pudo haber recibido

Escribirle una carta: ahí expresaremos todo el cariño hacia él, lo cual ayudará a desahogar lo que quizás verbalmente no podemos decir en ese momento, servirá de consuelo al paso del tiempo. En el caso de los niños, pueden hacer dibujos dedicados a su perro.

Desahogarse: Llorar libera la angustia interior y ayudan a relajarnos.

La vida sigue: es muy importante no perder la rutina de nuestras actividades. A pesar de sonar complicado, como salir a caminar con él a ciertas horas del día, debemos tratar de continuar esta rutina, seguir en contacto con las personas con las que interactuaba durante estos paseos puede ayudar a reducir el sentimiento de soledad.

Nunca sustituir con otro perro: si bien no hay una regla para el tiempo de tener otro can en casa después de la pérdida del nuestro, sí es de suma importancia que la nueva mascota no sea considerada un sustituto de la anterior. Cada perro es único, una vez que aceptemos la muerte del nuestro, entonces estaremos preparados para tener otro y darle todo el cariño.

No descuidar a las otras mascotas en casa: en caso de tenerlas, hay que tomar en cuenta que ellas también van a pasar por un duelo y requerirán atención para poder sobrellevar su pérdida. No obstante es primordial no caer en la sobreprotección.

Los duelos muchas veces tienen recaídas: debemos estar preparados para esto y darnos “permiso” de recaer, los sentimientos y sensaciones dolorosas terminarán tarde o temprano.

No descartar la ayuda profesional para superar la pérdida: es importante no sintamos vergüenza ni descartar pedir apoyo psicológico para ayudar a sobrellevarlo. 

Ser positivo: hay que intentar serlo y recordar los momentos más felices a su lado, quedarnos con el mejor recuerdo que podamos de él y tratar de sonreír cuando lo recordemos.

 

 

Finalmente, consideremos que el duelo es un proceso que tiene un inicio, un desarrollo y un fin, y una vez superado este proceso, la vida seguirá con más fluidez y tranquilidad, donde el lugar del amigo que se fue, siempre permanecerá en nuestros corazones.