Richi: la historia de un perrito rescatado

“En México, siete de cada 10 perros que son ‘adquiridos’ en Navidad, Reyes o el 14 de febrero son echados a la calle en su primer año de vida.” Richi perrito llegó a la casa donde vivía más o menos el pasado diciembre o enero, fechas donde muchas familias regalan animales como si fueran juguetes, sin la mínima conciencia de lo mucho que significa. Así que seguramente Richi fue un regalo de Navidad o de Reyes.

 

El desencanto y el valor de la vida  

Richi fue llevado en las fechas decembrinas a un terreno baldío junto a una barranca donde una familia un día llegó y decidió vivir ahí. La vivienda se encontraba en medio de un río ahogado en basura, una construcción con láminas. Sin embargo, sí tenían lo suficiente como para pagar por el servicio de televisión de paga y un coche más o menos decente que llegaba ahí todas las noches.

Cohabitaban con ellos de tres a cuatro perros, incluso más si la hembra quedaba preñada. Ellos vivían ahí, en el baldío, entre la basura, vagando por las calles porque no los alimentan y mucho menos los cuidan, pero tampoco los corren, son “sus perros”. Ahí podían verse una Pitbull adulta, un perro lanudo mucho mayor, otro tipo Pitbull, quizás utilizado para peleas (lo dicen sus cicatrices). Durante el año, la perra queda embarazada al menos dos veces.

Varias ocasiones, voluntarios se acercaron a la familia a ofrecer ayuda, pero la ignorancia imperaba: siempre dijeron que no, y con recelo, desconfianza e incluso agresión, repitieron una y otra vez: “son nuestros perros”.

 

 

Y llegó Richi

Era un perrito chaparrito y muy simpático, tipo Cócker. Los primeros fue la novedad: lo cargaban de aquí para allá y no parecía padecer la misma suerte del resto, no estaba afuera, no buscaba comida, no se mojaba ni pasaba frío, pero la emoción de los primeros días siempre se disipa con el paso del tiempo.

Al mes ya estaba vagando, ya salía a buscar comida. Vivía y dormía afuera, mojándose bajo la lluvia y exponiendo su vida día con día esquivando a los coches. Había pasado a correr la misma suerte que el resto de sus compañeros. La emoción se había acabado.

El rescate

Un día, Richi siguió a una defensora animal, Daniela Guidarelli, antes de entrar a su casa, se agachó a saludarlo y sin pensarlo dos veces lo cargó para llevárselo. Pensó que al ser pequeño podría adoptarse rápidamente. Lo llevó al veterinario, el pobre estaba infestado de pulgas a tal grado que su cuerpecito estaba lleno de sangre. Por fortuna parecía ser su único problema, el cual era mínimo dadas las circunstancias en que vivía.

Tuvo que estar en cuarentena para estar en observación por un veterinario y no presentar signos de enfermedad. Lamentablemente Richi presentó signos de distemper moquillo, una enfermedad viral espantosa que ataca a cachorros pequeños que no han sido vacunados y sólo se salvan uno de tres.

Así, pasó más de cinco meses en tratamiento, aislado y medicado. Por fortuna empezó a responder positivamente y después de casi seis meses de haber sido rescatado, terminó su protocolo y fue puesto en adopción.

Un nuevo hogar

No tardó más de dos días en ser adoptado y su vida cambió. De ser un perro entre millones que son abandonados en la calle antes de su primer año de vida, hoy pertenece al porcentaje menor de aquellos que son parte de una familia. Que duermen calientitos en una cama adentro. Que comen dos o tres veces al día. Que son llevados al veterinario a que les apliquen sus vacunas o que les traten alguna dolencia… Que tienen una familia humana que los apapacha, ama y protege.

 

Desafortunadamente, en México no todos somos iguales y debemos luchar por hacer la diferencia para que perros y gatos dejen de ser las mayores víctimas de esta tremenda desigualdad que tanto nos caracteriza como sociedad.