“Haz lo que yo hago”

En su afán por poseer la exclusiva en cuanto a la compleja capacidad cognitiva de su cerebro, el ser humano ha realizado experimentos a lo largo de la historia, con la idea de que los chimpancés, por ser la especie más cercana a nosotros, pudieran replicar acciones llevadas a cabo previamente por un modelo humano.

Los experimentos han arrojado resultados poco satisfactorios y así la ilusión de la exclusividad de esta capacidad se mantuvo hasta que en la década del 2000, la doctora en ciencias Claudia Fugazza recuperó aquel protocolo bajo el nombre de Do as I Do (Haz lo que yo hago), con la curiosidad de aplicarlo a la especie que más íntimamente se ha vinculado a nosotros: el perro. 

Aprendizaje social

Para definirlo de manera breve, el aprendizaje social es la habilidad de aprender a través de la observación de las acciones de un tercero y las consecuencias que esto le produce. Evolutivamente, esto representa una ventaja para las especies sociales, por ejemplo, en situaciones potencialmente peligrosas la experiencia de un solo miembro del grupo comiendo un alimento nuevo, puede evitar un daño a un número mayor de individuos en caso de que sea tóxico, ya que los demás miembros evitarán dicho alimento habiendo atestiguado las consecuencias de su consumo.

Al compartir humanos y perros el mismo ambiente, y al representar para estos últimos una relación tan benéfica, donde desarrollaron la capacidad de observarnos y generar estrategias de comunicación con nosotros, como el establecimiento del contacto visual (es importante destacar que ningún otro animal lo lleva a cabo con el candor con el que lo hace un perro), así como el contacto físico y el señalar; se trata de estrategias de comunicación comparables a las que usan los niños pequeños con los adultos y que en los segundos preceden al uso del lenguaje verbal.

La novedad que presenta el método Do as I Do, o DIAD, con respecto a métodos de entrenamiento más tradicionales basados en el condicionamiento, es que aquellos se basan en un proceso deductivo en el que a través de prueba y error el perro llega a realizar una asociación entre una señal, una acción y una consecuencia.

Por ejemplo, para imitar, quien lo hace necesita generar una imagen mental de la acción que se le solicita, y esto requiere una libertad cognitiva que el condicionamiento –clásico u operante- no proporciona, incluso si éste se obtiene por métodos libres de fuerza.

Esto no quiere decir, en lo absoluto, que el DIAD sea una panacea y venga a reemplazar todo lo antes conocido, sino que es un método que llega a ampliar nuestro abanico de herramientas libres de fuerza y que además nos enseña cuánto respeto más le debemos al perro y sus capacidades.

La ciencia no se duerme en sus laureles

Uno de los primeros estudios sobre la capacidad del perro para imitar las acciones de un modelo humano se llevó a cabo en el año 2006 en la Universidad de Budapest, actual centro de trabajo de la Dra. Fugazza, donde actualmente el DIAD es parte de un proyecto de investigación que sigue en curso y en el que se busca y acepta colaboración de gente de todo el mundo.

Por fortuna, en México tenemos dos entrenadores certificados en DIAD: Jena Marie Olio y Marco Ojeda, a los cuales se les puede contactar a través de la página clickerpets.com.mx, si estamos interesados en contribuir al estudio de la investigadora o sencillamente para aprender el protocolo e incluso certificarnos junto con nuestro can.

Increíblemente esto no demanda mucho tiempo diario, pues uno de los aspectos que más se cuida es no llevar al perro a un estado de cansancio mental o fastidio para así mantener su entusiasmo en cada sesión. Para esto cada una de ellas es muy corta y con no más de cinco repeticiones, seguidas de largos periodos de descanso. Es importante que el can siempre esté dispuesto a participar y no se vea obligado en ningún momento.

Uno de los nuevos focos de atención dentro de la mencionada investigación son los cachorros, los cuales a los dos meses ya muestran aptitudes para ser introducidos a los principios del DIAD. Un dato muy emocionante es que con la guía adecuada, no es necesario entrenar a un cachorro a base de premios de comida, sino aún mejor: se desarrollará de forma óptima al ser reforzado socialmente, y esto lo predispone para ser entrenado con DIAD.

El refuerzo social no sólo genera curiosidad en el perrito para intentar realizar las acciones que observa, sino que al ser festejado por su familia, le genera entusiasmo y aviva su curiosidad, así como confianza y apego, un sentido de pertenencia que brinda certidumbre y salud mental, y estos beneficios pueden impactar incluso en animales tímidos o con problemas para relacionarse con sus humanos.

La ciencia crea nuevos senderos

Gracias al conocimiento científico acumulado en los últimos 28 años, el entrenamiento canino actual se encuentra en un punto de inflexión en el que el uso de herramientas aversivas y filosofías anacrónicas debe ser reemplazado por el cuerpo de conocimiento en la materia provisto y respaldado por la ciencia.

Nuestras especies entraron en un camino evolutivo cognitivamente convergente que generó en ellos la predisposición de aprender socialmente de los humanos y que nosotros hemos pasado por alto durante los aproximadamente 15.000 años de relación entre ambos. No hay otro animal que muestre esta predisposición hacia nosotros. No conocemos ni hemos experimentado a cabalidad el potencial cognitivo del perro.

 

Lo que se espera, es que en pocos años el entrenamiento canino sea distinto a lo que hasta hoy conocemos, y que al fin liberemos a nuestros milenarios compañeros de todos los métodos que les causen dolor en nombre del entrenamiento y la pseudo-etología.