Comunicación entre perros y humanos

El perro es prácticamente la única especie que ha llegado a formar parte de la familia, conllevando y fortaleciendo la parte afectiva a tal grado que es un integrante de la dinámica de la misma. Es bien sabido que la relación entre el ser humano y los perros es tan estrecha y tan antigua que ha sido resultado de una convivencia con beneficios mutuos.

Según análisis genéticos de expertos europeos, dicha relación nació en Europa hace unos 19.000 y 32.000 años, y fueron los cazadores recolectores los que amaestraron y domaron a las especies de lobos salvajes de las que descienden los canes actuales.

 

 

Adaptación interespecífica

El fenómeno de la domesticación en el caso del lobo/perro es muy especial. El hombre aprovechó la docilidad de algunos ejemplares para ir seleccionándolos y sacar provecho de sus cualidades físicas y de comportamiento para su beneficio. Durante el proceso se dio cuenta de manera empírica que podía modificar tanto su tamaño como su forma, así como tendencias de conducta, fortaleciendo aquellas características deseables como los impulsos de protección y cacería, por ejemplo.

Un punto clave es la gran capacidad del perro de aprender y sobre todo para “decodificar” el lenguaje verbal y corporal del ser humano, asociándolo con acciones a tal punto que se logra una comunicación efectiva entre ambos, en donde el perro con el tiempo hará lo que se le pida. Esto, sin duda, es un ejemplo de adaptación entre dos especies muy distintas con características casi únicas.

Hoy en día, esta capacidad se ha explotado a tal punto que existen razas sumamente especializadas en actividades de toda índole, funcionando como herramientas en diferentes trabajos del hombre.

 

 

Comunicación    

El envío de mensajes y su comprensión siempre es en dos vías y de manera recíproca, todo el tiempo nos comunicamos entre nosotros y con nuestros perros a través de mensajes verbales y no verbales. Es importante entender que gran parte de la comunicación que ejercemos hacia nuestros canes es no verbal, es decir, nuestras acciones están asociadas a los sonidos o ruidos que emitimos al hablar.

Es claro que esta especie no va a entender lo que le decimos tal como si entendiera nuestro lenguaje, no obstante su gran acierto es la capacidad de decodificar el lenguaje corporal asociándolo con las acciones simultáneas y subsecuentes, de esta manera aprende y actúa en consecuencia. Un ejemplo típico es cuando llegamos a casa y vemos que nuestro animal de compañía hizo sus necesidades dentro del hogar, entonces va optar por huir o agacharse de manera sumisa en cuanto crucemos la puerta; ante cualquiera de estas actitudes, nuestra interpretación será que “sabe que se portó mal” o “sabe que hizo mal”.

 

 

Pero la realidad es que está anticipando los gritos o castigo que nosotros llevaremos a cabo gracias a que ya aprendió a “decodificar” nuestro lenguaje corporal y lo asoció con las acciones subsecuentes, además de los elementos ambientales presentes en el momento, tras varias veces de haber atravesado por lo mismo. 

Lo interesante aquí es que sucede lo mismo, pero de manera contraria. Esta especie asocia sus propias acciones con la respuesta de los miembros de su grupo, en este caso las personas, por lo que aprende que, tomando ciertas posturas, por ejemplo, ladrar para llamar la atención, conseguirá recompensas y acciones por parte de sus dueños. Es por ello que vamos a notar que nuestro can aprende a rascar la puerta para que le abramos, a ladrar para que le demos de comer, o para tomar cosas y salir corriendo o jugando para que lo persigamos; en suma, nos condiciona de la misma manera básica en la que nosotros hacemos con él.

Es interesante notar que es un proceso que se va reforzando conforme pasa el tiempo, así que podemos afirmar que nosotros enseñamos a los perros a que hagan cosas que queremos de ellos, pero a la vez y sin darnos cuenta, ellos también hacen algo similar con nosotros.