¿Cuándo entrenar a mi cachorro?

Desde el nacimiento, el cerebro de nuestro perro está en constante procesamiento de información del medio ambiente externo e interno, es decir, continuamente se aprenden cosas.

Aquellos cachorros que desde el tercer día de nacidos reciben contacto físico humano, se les coloca en diferentes posiciones, son expuestos a cambios de temperatura (de manera controlada), son animales más tolerantes, más sociables, reaccionan más activamente hacia lo que se presente en la vida. Así como a los que se les permite convivir con su madre y camada aprenden las conductas propias de perros que les serán vitales para su vida adolescente y adulta.

Todo esto beneficia su bienestar y ser emocionalmente más estables. Sin embargo, lo antes mencionado debe hacerse bajo el cuidado de Médicos Veterinarios con experiencia; incluso un buen criador que sea consciente de su importancia, también va a llevar a cabo estas buenas prácticas.

Conforme un perro se desarrolla va a pasar por diferentes etapas, y en cada una hay un diferente grado de desarrollo físico, locomotor, sensorial, mental, pues se van produciendo cambios emocionales, sociales y psicológicos; entonces puede aprender a resolver situaciones y tareas cada vez más complejas.

Hay que considerar que la capacidad de atención de un cachorro es menor; se distrae con mayor facilidad ante sonidos, olores, movimientos, niños, juguetes, otros perros, en fin. Por tanto, puede cansarse más rápido ante retos que le parezcan difíciles o aburridos, o le tome más tiempo comprender lo que se le pide, incluso sus movimientos sean más lentos o ligeramente descoordinados para nuestras expectativas.

Pero si el aprendizaje se hace de forma gradual conforme a su desarrollo, se puede transformar en resolución de tareas y situaciones más elaboradas, así como en acciones corporales más precisas, donde su capacidad de concentración y atención se incrementa.

Se cree que se debe comenzar el adiestramiento en la etapa juvenil, la cual ya es tardía porque durante los meses previos ya se habrán establecido conductas no deseadas, por ejemplo, cuando salta para saludar o jala de la correa, que además ya están reforzadas de manera inadvertida y habrá que enseñarle nuevas conductas o a controlar las adquiridas.

Entre la 7ª y 8ª semana de vida, se le puede educar sobre cómo comportarse; un animal con buena salud física y mental, puede aprender a realizar conductas bajo comandos de obediencia visuales y verbales de menor grado de dificultad como “sentado”, “echado”, o dar la pata, y disfrutará más de aquellos ejercicios donde haya cercanía y contacto físico con la persona que está intercambiando información, ya sea un adiestrador profesional o el propietario.

En cambio, en un animalito cuyo su estado de salud se encuentra alterado, su proceso de aprendizaje también lo estará, ya sea porque es miedoso, porque ha sido maltratado, es agresivo, presente tenga alguna discapacidad física o sensorial, por mencionar algunos problemas; esto no quiere decir que no pueda aprender, pero es importante tenerlo en cuenta.