Perros leales en la historia

Así llegan hasta el día de hoy, otros muchos relatos antiguos de perros fieles que acompañaron a sus amos hasta la muerte, como es el caso del can del rey Darío III, quien gobernaba el omnipotente Imperio persa cuando Alejandro Magno lo conquistó y que fue traicionado y asesinado en el año 330 a. de C. por el sátrapa Bessos. El devoto animal se echó junto a la tumba de su amo, el rey de reyes de Persia, y se dejó morir. También se cuenta que cuando el pastor y poeta Daphnides de Sicilia murió, cinco de los mastines que le ayudaban a proteger al ganado en contra de fieras y ladrones, cayeron al instante muertos de pesar y de desdicha.

Asimismo, se dice que cuando el cuerpo del músico Teodoro fue bajado a su sepulcro, su perro se tiró a la fosa de donde ya no quiso moverse más. Por otra parte, se menciona a un general romano llamado Galba, que fue ejecutado por sus enemigos, quienes al intentar cortarle la cabeza se enfrentaron a su implacable y leal perro, al que tuvieron que matar para lograr su
espeluznante objetivo.

En el antiguo México se recordaba con admiración a un fiel perro que perteneció a Cuauhtlatoa, rey de Tlatelolco; los viejos códices narran que este animal acompañaba siempre a su muy amado dueño, quien era además un magnífico guerrero y que 1460 llevó a su pueblo a una cruenta lucha contra la gran Tenochtitlan, que en ese momento era gobernada por el emperador Moctezuma Ilhuicamina (1398-1469). Se cuenta que en el fragor de la batalla, el monarca tlatelolca fue rodeado por sus enemigos y que su bravo y devoto perro lo defendió tan ferozmente que mató a algunos de sus oponentes. Al final, el soberano sucumbió y junto a él, su fiel y valiente perro.

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