¿Cómo funciona el olfato?

Todo comienza en la mucosa nasal, una superficie en la que se captan los olores y que varía de acuerdo con la especie; por ejemplo, en el ser humano es de 5 cm 2 , mientras que en el gato es de 25 cm 2 . En este sitio, los pequeños receptores captan las sustancias odoríferas, que son muy pequeñas (nanométricas) y tienen la capacidad de unirse a esta mucosa, la cual debe estar húmeda para que las sustancias puedan adherirse.

Aquí se inicia el primer “milagro”: esta información química se convierte en un impulso eléctrico, y el axón o fibra que conduce esta información pasa de la nariz (por diminutos orificios localizados en el hueso nasal denominado etmoidal), hacia el cerebro. Por otra parte, existe un concepto interesante llamado fatiga olfativa (que ocurre a los seres humanos), la cual consiste en que, tras cierto tiempo en presencia de un tipo de olor, dejamos de percibirlo y ocurre al saturarse los receptores en la mucosa nasal. Esta fatiga es temporal y desaparece cuando el olor que la estimuló deja de estar presente.

El rhinencéfalo (del griego rhis, nariz; y enkephalos, cerebro) puede traducirse como “el cerebro olfatorio”, una porción muy primitiva en la evolución de la corteza cerebral, que en el perro es mayor que en el humano, donde por medio de un sistema de “relevo”, recibe la información de la neurona captadora del olor o primera neurona hacia una segunda neurona. Todos los cuerpos celulares de esta segunda neurona se encuentran en una gran protuberancia
llamada bulbo olfatorio, y sus filamentos (axones), viajan en dos grandes porciones que tienen forma de fibras llamados pedúnculos olfatorios y al final de los cuales, en el llamado tubérculo olfatorio, hacen el último relevo o sinapsis con la tercera neurona, la cual termina la función receptora en el lóbulo piriforme.