Vikingo: un perro muy especial Pt. 1

De casualidades afortunadas, de eso están aderezadas algunas historias. Hace un par de años, Claudia Aguilar e Israel Molina conducían por la colonia Santa Teresa, al sur de la Ciudad de México con rumbo a las instalaciones de Bocalán. Una escena se dibujó frente a sus ojos: un grupo de niños jugaba fútbol y un Labrador color negro, corría detrás de la pelota. No los dejaba jugar y trataban de ahuyentarlo.

La camioneta detuvo su paso. Claudia abrió la puerta, sonrió y le dijo a Israel: “Si se sube, lo adoptamos”. Le hablaron y con toda familiaridad, se subió al vehículo. Todavía no se llamaba Vikingo, ni tampoco imaginaban su potencial: eso ocurriría después.

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