Héroe: el perro que recuperó joyas robadas

El inteligente can hostigó constantemente, de día y de noche, al desventurado ladrón, hasta que después de varios días los ciudadanos, extrañados por el comportamiento del animal, reconociendo al perro del templo y enterados del sacrílego robo, cayeron en la cuenta de lo sucedido y capturaron al malhechor, castigándolo de manera ejemplar.

Otra de estas historias acaeció en la Italia renacentista y dice que cierto día, un maleante entró a robar a la casa del magnífico escultor Benvenuto Cellini (1500-1571), hurtando todas sus valiosas alhajas. El botín tuvo que ser alucinante para aquel bandido, pues además de los materiales preciosos con los que habían sido elaboradas las joyas, Cellini también fue conocido como un excelso orfebre, nada menos que el mejor de su tiempo.

En ese entonces, el glorioso escultor tenía a un perro de raza Saluki (seguramente un regalo de Cosimo I de Medici, quien tuvo varios ejemplares), el cual cuidaba la residencia del maestro cuando éste salía. No obstante, a pesar del feroz celo de dicho guardián, el can no pudo evitar el terrible robo.

Cuando el indignado Cellini contó lo sucedido nadie le creyó, pues sus conciudadanos pensaban que se trataba de una más de sus muchas mentiras, de una nueva invención que, como tantas otras, adornaba su ajetreada vida (en verdad digna de una novela) y lo tacharon de mentiroso. Pero un día, andando el artista por la calle acompañado de su fiel amigo, el perro olfateó y reconoció al rufián, atacándolo con tal virulencia, que el ladrón confesó su crimen. El gran Cellini recuperó todas sus exquisitas y valiosas pertenencias, así como su reputación.

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