El perro que salvó a la FIFA

El pasado domingo 15 de julio se celebró la clausura de la Copa Mundial de Fútbol de Rusia 2018, que terminó con la victoria del equipo francés sobre la cuadrilla de Croacia al anotar cuatro goles a dos. Y aunque los aficionados ya se encuentran pensando en la nueva entrega de este magno evento deportivo (Qatar 2022), aún se está hablando de las curiosidades de esta pasada entrega.

Y seguro usted se preguntará, ¿y esto qué tiene que ver con las mascotas?

Pues déjeme contarle que, aunque usted no lo crea, hace algunos años un perro logró salvar a la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) de perder uno de sus primeros trofeos a manos de un ladrón.

Antes de contar la historia, es importante comentarle que “la Copa del Mundo” no siempre fue como nosotros la conocemos actualmente, sino que esta tenía la forma de la diosa griega de la victoria Niké y estaba compuesta por plata y chapa de oro con una base de lapislázuli.

Pues bien, antes del mundial de Inglaterra en 1966, se realizó una exposición en Londres que mostraba el increíble trofeo en una vitrina de cristal y protegida por un guardia las 24 horas; y fue en este sitio que el 20 de marzo, y sin nadie que viera nada, desapareció “La Copa de la Vida”.

El robo fue tan descarado y sonado en su momento que la FIFA prometió una recompensa generosa para la persona que trajera sana y salva a la figurilla de plata. Sin embargo, no fue hasta una semana después del robo que la Federación fue contactada por un hombre llamado David Corbett, que aseguraba que su perro había encontrado el trofeo.

Y es que según el hombre, se encontraba paseando con su cachorro por un parque cercano cuando, de la nada, el can comenzó a rascar entre unos arbustos, revelando entre la maleza a la figurilla cubierta de papel periódico.

Pickles, el perro estrella de esta historia, fue recompensado con una dotación de por vida de alimento para perro, además de que David fue premiado con poco más de 180 mil euros.

Por desgracia para la FIFA, el trofeo fue robado de nuevo en Brasil en 1983, y en esta ocasión nunca fue recuperado… tal vez porque no había un perro con un olfato como el de Pickles.

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