¿Debo bañar a mi gato?

No necesariamente, salvo por razones médicas o alguna circunstancia especial, no es necesario hacerlo, además no debe hacerse con tanta frecuencia, porque podríamos dañar la salud de la piel de nuestro gato. Si es nuestra intención darle un baño de manera periódica a nuestros mininos, es crucial que los habituemos desde pequeñitos, esperando a que tengan varias semanas de vida antes de iniciarlo (debemos consultarlo con el veterinario). Es de nuestro interés que hagan una asociación positiva con el baño, por lo que debemos procurar reunir las condiciones propicias para minimizar su estrés: hacerlo en un lugar tranquilo y seguro (donde no pueda huir o esconderse), usar agua tibia y un champú especialmente formulado para gatos, cuyo aroma sea ligero.

Antes de mojarlo, se debe realizar un cepillado previo (para retirar todo el pelo suelto) y también es conveniente recortar la uñas (por si hubiera rasguños; en este caso debe tenerse muchísimo cuidado de no tocar la vena que poseen cerca de la punta de la uña, o puede producirse sangrado y dolor).

El baño se puede realizar en un lavabo o tina, teniendo a la mano recipiente para agua, esponja, champú o jabón, y un par de toallas. Comenzaremos por mojarlo poco a poco de la cola al cuello; hay que evitar mojar y enjabonar la
cabeza y la cara. Posteriormente añadiremos suficiente champú sobre el pelo para extenderlo a lo largo de toda la capa, dando un suave masaje con la esponja o con las yemas de los dedos.

Finalmente enjuagaremos con agua abundante, de tal manera que no quede rastro de jabón, ya que podría provocar comezón o que el pelo se apelmace. Después lo colocaremos sobre una toalla seca que lo aisle de la superficie fría, además de que le ayudará a no resbalarse. Con otra toalla, secaremos cuidadosamente su cuerpo, procurando retirar la mayor cantidad de agua. Si lo deseamos y nuestro gato está habituado, podemos utilizar una
secadora de pelo a temperatura media o baja para terminar con el secado.