A favor del esteticista

En nuestro país comienza a cobrar más importancia el oficio y la profesión del esteticista canino, así que son más las personas que toman cursos especiales y se compran un equipo profesional para ejercer, y son menos aquellas que, producto de la necesidad o del empirismo (que no es malo si se trata de mejorar cada día, pero sí lo es cuando se hace sin darle la mínima importancia al producto final), se dedican a “pelar perros”.

Toma en cuenta que es una actividad agotadora y demandante, que requiere que el esteticista esté de pie mucho tiempo, ponga especial cuidado en los detalles, tenga paciencia (toneladas) al momento de tratar con cada animal (si está nervioso, inquieto, asustado, tímido, incluso agresivo    , o ¡todo a la vez!). Y también ayúdale un poco: no esperes a que tu perro parezca un trapeador viejo para decidirte llevarlo a la estética y pretendas que el peluquero haga milagros (muchas veces cobran extra cuando hay muchos nudos y enredos, o problemas de parásitos).

Si tu perrita está en celo, no la lleves, por favor. No olvides tampoco llevarlo al baño antes de ir a la estética (evita desastres) y sé puntual. Además, debe estar sano y con todas sus vacunas. Y al despedirte, no hagas dramas: retírate sin aspavientos.

Cuando regreses, te encontrarás con una agradable sorpresa: tu adorable perrito desaliñado y feucho, se ha convertido en un primoroso y lindo can.